El cierre del bar Bahía evidencia la falta de camareros en Segovia
Lejos de deberse a la falta de rentabilidad, el establecimiento cierra por la imposibilidad de mantener una plantilla estable

Bahía Bar en la Plaza Mayor de Segovia

Segovia
El cierre del bar Bahía, situado en la Plaza Mayor de Segovia, tras once años de actividad, ha puesto el foco en una problemática que preocupa cada vez más al sector hostelero: la escasez de personal cualificado.
Lejos de deberse a la falta de rentabilidad, uno de sus propietarios, Gabriel Cobos, explica que el negocio funcionaba económicamente. Sin embargo, la imposibilidad de mantener una plantilla estable ha hecho inviable continuar con la actividad. “Llevábamos alrededor de año y medio en el que el personal no se fijaba y no había equilibrio en el servicio a la clientela”, señala.
Cobos describe una situación insostenible en la gestión del equipo: trabajadores que no acudían a su puesto, especialmente en fines de semana, o que abandonaban sin previo aviso. “No había responsabilidad ni implicación por parte de los empleados”, lamenta.
El caso del bar Bahía no es aislado. Según advierte el propio empresario, numerosos establecimientos en Segovia están atravesando dificultades similares, viéndose obligados a reducir horarios o limitar el número de mesas por la falta de camareros. “Toda la hostelería está sufriendo este mismo problema y muchos negocios se lo están planteando”, afirma.
El sector, clave en la economía de una ciudad como Segovia, se enfrenta además a un problema estructural: el envejecimiento de la plantilla. “Si hablamos de camareros locales, muchos tienen entre 50 y 60 años. ¿Qué va a pasar en 10 o 15 años?”, se pregunta Cobos, quien advierte de la falta de relevo generacional.
En este contexto, la población inmigrante está cubriendo parte de la demanda laboral, aunque no es suficiente para compensar la falta de profesionales. El desinterés de los jóvenes por trabajar en hostelería es, según los empresarios, uno de los principales retos del sector.
Cobos también insiste en la necesidad de cambiar la percepción social de la profesión: “La hostelería ya no es lo que era. Los camareros tienen horarios que se cumplen, descansos y vacaciones”. A su juicio, persiste un estigma que aleja a posibles trabajadores.
El cierre de un negocio rentable como el bar Bahía se interpreta así como una señal de alarma. En una ciudad que depende en gran medida del turismo y la restauración, la falta de personal amenaza la viabilidad de muchos establecimientos y plantea un desafío urgente para el futuro del sector.




