Joaquín Navarro, ‘Pecho Lobo’: “He aprendido más escuchando a la gente en un bar que en muchos libros”
Realizamos un recorrido por su infancia, su familia, el fútbol, la música, el trabajo y también por los momentos difíciles que le cambiaron la vida a un arandino ilustre

Viaje por la Memoria - Joaquín Navarro
El código iframe se ha copiado en el portapapeles
Aranda de Duero
Es una buena costumbre, y más cuando se dispone de tiempo, dedicarse al ejercicio de la conversación. Hablar con los vecinos, con los compañeros, con los amigos o con aquellos con quienes están dispuestos a compartir la palabra, el gesto y la compañía es gratificante y edificante. Charlar es un ejercicio sencillo que no necesita de espacios preparados ni normas establecidas más allá de las que se refieren al respeto a las personas y al paralelo ejercicio de la escucha.
Todos tenemos en nuestro imaginario los rostros, los gestos y las posturas de personas a las que relacionamos con la práctica del diálogo y la escucha activa. Hoy está invitado a viajar por la memoria, conversando sobre una vida de presencia permanente en la actividad social arandina, quien ha invertido tiempo para aprender y conocer las características de nuestra Aranda a base de dialogar mucho y prestar atención a lo que se oye. Nos asomamos ahora a la ventana de los recuerdos de alguien que ha participado en el devenir del deporte, la política, el asociacionismo, el emprendimiento e incluso las cofradías de la villa. Damos los buenos días a JOAQUÍN NAVARRO.
Más información
Tras esta introducción de Ausen Frutos saludamos a un hostelero, banquero, deportista, músico, ex presidente de la Arandina, y, entre muchas otras ocupaciones, gran conversador. Porque hablar de Joaquín es hablar de alguien a quien siempre le ha gustado "estar con la gente y aprender de mi pueblo al que quiero mucho".

Con sus padres / imagen facilitada

Con sus padres / imagen facilitada
Un bar, una familia y una infancia entre conversaciones
La historia de Navarro está profundamente ligada a la hostelería. Su padre, aragonés, llegó a Aranda vendiendo rosarios y postales de santos y acabó abriendo un bar junto a Santa María, un lugar pequeño pero muy conocido, donde se reunía todo tipo de gente. Joaquín recuerda aquel bar casi como una escuela de vida. “En el bar se aprende mucho a escuchar y aprender de la gente, de las cosas que te van contando”, refleja. Por aquel local pasaron toreros, artistas, músicos y personajes conocidos. Incluso recordó una anécdota con Camilo José Cela, que al ver las paredes llenas de frases con faltas de ortografía le dijo a su padre que podía denunciarle por inducir al analfabetismo. La respuesta se le quedó grabada para siempre: “Y usted que es tan listo, ¿no sabe que para saber escribir mal primero hace falta saber escribir bien?”
Detrás del bar estaba también su madre, a la que define como una gran cocinera y una mujer muy querida en Aranda. De hecho, reconoce que muchas veces la fama se la llevaba su padre, pero quien realmente cocinaba era ella.

Los Tasman, grupo musical en el que participaba Joaquín / imagen facilitada

Los Tasman, grupo musical en el que participaba Joaquín / imagen facilitada
Un niño travieso que acabó siendo director de banco
Su infancia la recuerda entre bares, primos y travesuras. Él mismo reconoce entre risas que era un niño inquieto. “He sido un poco malo, un poco travieso. Me llevaban a un sitio a que me cuidaran y si no me gustaba preparaba una pifia y me deportaban”, asevera. Con solo 15 años entró a trabajar en banca como botones. Encendía la calefacción de carbón por las mañanas, llevaba el correo, hacía recados y poco a poco fue aprendiendo el oficio. La curiosidad fue su mejor herramienta. “Siempre he sido muy curioso, siempre era el del por qué y por qué y por qué. Siempre me ha gustado escuchar", añade.
Precisamente, esa curiosidad y esas ganas de aprender le llevaron a ir ascendiendo hasta convertirse en uno de los directores más jóvenes de su entidad, después de más de veinte años de carrera bancaria. Una de las experiencias que más recuerda de aquella etapa era cuando iba por los pueblos pagando las pensiones casa por casa. “He visto pasar cochinos por la puerta al corral, pueblos que todavía no tenían ni el agua metida… Eso te enseña mucho de la vida”.

Como jugador de la Arandina / imagen facilitada

Como jugador de la Arandina / imagen facilitada
El deporte y el infarto que le cambió la vida
Si hay otra constante en su vida, además de la gente y las conversaciones, es el deporte. Jugó al fútbol muchos años, llegando a jugar en Segunda División B con la extinta Gimnástica Arandina. “He jugado en todos los equipos que ha habido y de casi todas las posiciones”, contaba entre risas, aunque destacando por su faceta de portero. No olvida los goles que le metió el Logroñés con Lotina al frente. Y cuando dejó el fútbol empezó con el balonmano, compitiendo también en varios equipos. Siempre ha sido una persona muy activa, incapaz de quedarse quieto. Algo que cambió radicalmente hace años, cuando sufrió un infarto.
Lo recuerda aseverando que tuvo mucha suerte. Justo llegó en la puerta del hospital. “Las pasé mal al principio porque yo no podía estarme quieto. Pero me mentalicé. Es otra vida totalmente distinta, pero ¿sabes lo bueno que tengo? Que siempre tengo alegría", define. Y sí es cierto que tuvo que cambiar, dejando el deporte, e incluso actividades como hacer el Camino de Santiago, que había completado varias veces y donde llegó a ser hospitalero. Pero no perdió su forma de ser ni su optimismo. Ahora camina todos los días varios kilómetros, compra, pasea y, sobre todo, sigue hablando con la gente.

Con los veteranos de la Selección Española de Balonmano / imagen facilitada

Con los veteranos de la Selección Española de Balonmano / imagen facilitada
Su nueva vida
Hoy su rutina es mucho más tranquila, pero mantiene lo que siempre ha sido su esencia: conversar. “La gente ya tiene la referencia de dónde estoy y a qué hora, y se paran a charlar. Y yo agradecido de escuchar y de poder conversar", comenta, reflexionando sobre cómo ha cambiado la sociedad. "Ahora vas a cualquier bar y la gente está con los móviles y no dialoga. Antes se hablaba más, se preguntaba más", refleja.
Al final de la entrevista habla de lo más importante de su vida, lo que él llama sus tres amores. “Mis tres amores son mi madre, mi mujer y mi nieta. Mi nieta es la que me da la vida", sentencia, con una frase que resume toda su historia. La de un hombre que ha trabajado mucho, que ha hecho deporte, que ha sido hostelero, banquero, músico, presidente de un club, y hasta hospitalero del Camino… pero que al final mide la vida en conversaciones, en recuerdos y en personas.
Este Viaje por la Memoria, junto a Valentín García y Ausen Frutos, puede reproducirse en el audio superior.

Jorge Alvarado
Periodista. Responsable Digital de la SER en Aranda. Presentador de Hoy por Hoy Peñafiel y El Banquillo...




