¡No todo vale!
Las Claves de Pedro Brouilhet, párroco solidario de San Antonio y Grijota
¡No todo vale!
Palencia
La sensación de que “todo vale” se ha instalado peligrosamente en nuestra forma de entender el conflicto. Cada vez con más frecuencia, vemos cómo se justifican enfrentamientos, guerras, odios, violencia e incluso insultos bajo el paraguas de una supuesta causa mayor. Como si el fin, cualquier fin, tuviera la capacidad de limpiar los medios, por cuestionables que estos sean.
Se recurre a la historia, a la identidad, a la seguridad o a la justicia para legitimar acciones que, en otro contexto, serían claramente inaceptables. El lenguaje se endurece, se deshumaniza al adversario y se simplifica la realidad en bandos irreconciliables. En ese escenario, el diálogo se percibe como debilidad y la empatía como traición. Todo queda reducido a una lógica de vencedores y vencidos.
Lo preocupante no es solo que esto ocurra en grandes conflictos internacionales, sino que se reproduce a pequeña escala: en la política, en los medios, en las redes sociales. El insulto sustituye al argumento, la agresividad al razonamiento. Y lo más grave es que se normaliza. Se aplaude, se comparte, se celebra.
Aceptar que “todo vale” es renunciar a cualquier límite ético. Es abrir la puerta a que la violencia, en cualquiera de sus formas, se convierta en una herramienta legítima. Pero una sociedad que justifica constantemente el odio acaba construyéndose sobre él. Y desde ahí, es muy difícil volver atrás.
Quizá ha llegado el momento de cuestionar esa lógica. De recordar que no todo vale, aunque lo parezca. Porque cuando todo se justifica, nada se aprende y todo se repite.