El Análisis de la Semana: “Sentir Aranda lo niega todo… incluso la verdad”
Antonio Miguel Niño repasa la actualidad más cercana en la SER

El Análisis de la Semana - 27/03
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Aranda de Duero
Si hubiera que poner banda sonora al último pleno del Ayuntamiento de Aranda, sonaría “Lo niego todo” de Joaquín Sabina. Porque lo que se vivió encaja demasiado bien con esa idea: negar incluso lo evidente. Y no es una metáfora exagerada. Lo decía el propio Antonio Miguel Niño tras seguir el pleno: “Yo estaba perplejo… es que negaban hasta la verdad, pero sin ruborizarse.”
El pleno dejó imágenes poco habituales: vecinos tomando la palabra, especialmente desde Santa Catalina, trasladando problemas muy concretos. Falta de información, sobrecostes, obras mal ejecutadas… y una sensación clara de abandono institucional.
Niño lo resumía así: “La gente está muy quemada… y se ve en los plenos.”. Uno de los aspectos más duros del análisis fue la falta de control en la gestión municipal.Servicios externalizados sin supervisión suficiente, responsabilidades diluidas y un Ayuntamiento que parece mirar hacia otro lado: “¿Quién controla al controlador? Eso no es cosa nuestra… hemos delegado… hemos contratado… la respuesta fue la de siempre.”. Y todo ello pese a que, como recuerda Niño, ya no hay margen para excusas: “Ya son tres años de la herencia recibida… ya han tenido tiempo de cambiar las cosas.”
Antonio Miguel Niño pone el foco en el origen del problema respecto al Plan de Regeneración Urbana: “Ha faltado muchísima información… los vecinos no han tenido la información que tenían que tener. La oficina de información no ha funcionado como tenía que funcionar”. Un proyecto que debía ser ejemplo de regeneración urbana se convierte así en foco de conflicto social.
Urbanismo: “Una auténtica aberración”
Especialmente contundente fue al analizar la operación urbanística debatida en el pleno: “Es una auténtica aberración urbanística. Y los mismos que aprobaron la RPT nueva ahora votan una modificación que vulnera el espíritu de la misma”. Niño desmonta además el argumento de Ana María Hervás como concejala del área cuando dijo que el urbanismo es solo técnico: “Claro que es política… hacer una ciudad vivible o una ciudad especulativa es política. Porque detrás de cada decisión urbanística hay un modelo de ciudad”. Y advierte de las consecuencias de decisiones tomadas a corto plazo: “El urbanismo no es de hoy para mañana, es el futuro.”
La modificación del Plan General fue el punto estelar del Pleno. Y aquí el análisis es especialmente duro. Niño no se queda en matices: “Eso es un pelotazo”. La crítica no es solo política, es técnica y estructural. Porque lo que se plantea, explica, rompe la lógica del planeamiento: “Se cargan todo el planeamiento general, que está para algo. El cambio de clasificación del suelo de urbanizable a urbano consolidado, no es un detalle menor. No es suelo urbano consolidado… quien quiera que se lea el reglamento, está clarísimo”. Y además introduce un desequilibrio: “Se aumentan los aprovechamientos en unas parcelas… y el resto de propietarios tiene que asumir más cargas.”
Antonio Miguel Niño acabó con un una declaración de intenciones: “Yo voy a presentar alegaciones… porque creo que es una auténtica aberración”.
Museos cerrados… y la negación de la evidencia
Otro momento de gran intensidad fue el análisis del cierre de los museos. Horarios mínimos, cierres durante la semana y una realidad comprobada. Y aun así, negación pública: “Se dijo con todo el desparpajo del mundo que los museos no estaban cerrados. Y los hechos son claros. Solamente han estado abiertos viernes y sábado y un par de horas por la mañana. Y lo más grave no es solo la gestión, sino el discurso. Lo niego todo, incluso la verdad… es a lo que nos tienen acostumbrados.”
Niño también quiso dejar claro dónde está la responsabilidad: “Aquí nadie se mete con el personal municipal como dice Sentir Aranda. El problema es otro. Si queremos museos abiertos, tienen que estar abiertos… con personal suficiente y en condiciones.”
Conclusión: un baño de realidad
El pleno dejó una sensación clara: “Fue un baño de realidad”. Una ciudadanía que empieza a alzar la voz frente a un gobierno que, según el análisis, se refugia en el relato. Y una advertencia final que resume el tono del espacio: “Voy a seguir diciendo lo que pienso… porque lo único que quiero es tener la conciencia tranquila”.




