Rufino Criado, memoria viva de la Semana Santa de Aranda de Duero: “Llevo procesionando desde los cuatro años”
Recorremos la vida de alguien comprometido con su tierra, y parte vital en el desarrollo urbano de la ciudad

Viaje por la Memoria - Rufino Criado
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Aranda de Duero
Los vecinos y los visitantes se han congregado a la hora señalada ante las puertas del templo del pueblo abiertas de par en par. La expectación es máxima aun en quienes han vivido el mismo momento, con las mismas ganas y con la misma devoción durante muchos años. Se escuchan los sonidos del ritual tradicional: la esquila de quien conducen el orden, los tambores rítmicos y uniformes, las cornetas anunciadoras y lastimeras. Afuera los vecinos sienten que se aproxima el momento deseado y se apartan dejando un pasillo de silencio. La emoción lo envuelve todo, es contagiosa, se adentra en las almas y asoma en la piel erizada, en las lágrimas de unos cuantos y en los corazones que se aceleran y palpitan con el mismo ritmo cadencioso de los tambores. Ha llegado la Semana Santa.
En Aranda hay hasta cinco Hermandades y cuatro Cofradías y es necesaria una Coordinadora para la mejor organización de los numerosos actos que se programan. Para recorrer la memoria de las semanas santas y sus tradiciones y costumbres viajamos por los recuerdos devotos y apasionados del portavoz de la Coordinadora de Cofradías y Hermandades de Aranda de Duero RUFINO CRIADO MAMBRILLA.
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Los inicios
Tras esta introducción de Ausen Frutos, saludamos a quien es memoria viva de nuestra ciudad. Un conocido apasionado de la Semana Santa arandina, un estudioso de las cofradías, y un niño que creció entre calles de tierra, huertos y tradiciones. Rufino nació en la calle de los Pozos, aunque sus primeros recuerdos están ligados a la calle Hospicio, donde pasó su infancia y adolescencia. “Aquella calle era de tierra, era paso de carros y galeras. Había cuatro casas y todo lo demás eran huertos”, recuerda.
La vida se hacía en la calle. Juegos, recados y convivencia formaban parte del día a día de un barrio donde las puertas estaban siempre abiertas. “Entrábamos en cualquier casa como Pedro por su casa. Nos conocíamos todos”, cuenta con nostalgia. Entre escondites improvisados en obras y partidos interminables, la infancia transcurría sin apenas límites. “Después del colegio, merendábamos y a la calle hasta que anochecía”, rememora.

Rufino, de pequeño junto a su familia / imagen facilitada

Rufino, de pequeño junto a su familia / imagen facilitada
El origen de una pasión
Si hay algo que define a Rufino es su vínculo con la Semana Santa, una pasión que le viene de familia. “Mi abuelo paterno era de la cofradía, pero no apuntó a ninguno de sus hijos. Fue mi madre la que dijo que alguien tení que seguir la tradición”, explica. Y así empezó todo. “Me apuntaron con cuatro o cinco años, y desde entonces no he dejado de procesionar nunca”, afirma. Una constancia que resume toda una vida ligada a las procesiones. Lejos de las dudas actuales de algunos jóvenes, en su infancia la participación era incuestionable. “Mi madre no me preguntaba, me decía: ‘tienes que bajar a la procesión’, y se bajaba”, detalla.

Rufino, de joven / imagen facilitada

Rufino, de joven / imagen facilitada
La evolución de una ciudad… y de sus tradiciones
Este recorrido, valga la redundancia, también nos ha permitido recorrer la transformación de Aranda. Rufino, delineante de profesión, fue parte activa en ese cambio. Participó en la elaboración de los primeros planos urbanos de la ciudad en los años 70. “Me pateé Aranda midiendo calles durante meses. Esos planos han servido de base para todo lo que hay hoy”, explica con orgullo.
También dejó su huella en proyectos emblemáticos. “He dibujado la iglesia del Claret, ampliaciones del Hospital de los Santos Reyes… han pasado muchas cosas por mis manos”, detalla, en un crecimiento urbano que también ha tenido su afección en la Semana Santa, adaptando recorridos y formas de organizar procesiones. “Muchas veces los cambios han venido impuestos por el urbanismo”, señala.
Oficios que desaparecen, problemas que llegan
Durante la charla, Criado lamenta una realidad: la desaparición de oficios tradicionales. Su abuelo materno era sastre, y Rufino aún recuerda el taller con detalle. “La mesa de nogal, las planchas de carbón, los cartabones… lo tengo grabado", expresa, ante una realidad cambiante que se ha convertido en problema y se evidencia en Semana Santa. "Si alguien se hace cofrade dice: ‘¿quién me hace el hábito?’ y no hay modistas”, lamenta. Y no solo han desaparecido sastres, también lecherías, zapateros...

Rufino, en los estudios de la SER / imagen facilitada

Rufino, en los estudios de la SER / imagen facilitada
Tradición y devoción, un equilibrio que perdura
A lo largo de la entrevista, Rufino reflexiona sobre el sentido actual de la Semana Santa. Para él, la clave está en el equilibrio. “Tradición hay mucha. Devoción… cada uno la lleva dentro y la exterioriza más o menos”. Pese a los cambios generacionales, sigue viendo compromiso. “Si alguien se pone el hábito y sale a procesionar, algo de devoción tiene que haber", revela, recordando, eso sí, una época en la que el recogimiento era casi obligatorio. “Se cerraban los bares al paso de las procesiones, no había cine, todo era mucho más solemne”, asevera.
Un guardián de la memoria
Lejos del papel de experto, la entrevista dibuja a un hombre profundamente ligado a su ciudad y a sus raíces. Alguien que ha vivido la Semana Santa desde dentro, pero también la evolución de toda una comunidad. Rufino no solo conoce la historia: la ha vivido, la ha construido y la sigue transmitiendo. Y por ello sigue más viva que nunca.
Este Viaje por la Memoria, junto a Ausen Frutos y Valentín García, puede reproducirse al completo en el audio superior.

Jorge Alvarado
Periodista. Responsable Digital de la SER en Aranda. Presentador de Hoy por Hoy Peñafiel y El Banquillo...




