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Javier Cobo, memoria viva de la calle Isilla y del cine que hizo latir a Aranda: “En mi casa, todo lo arandino es sagrado”

Conocemos y recorremos la memoria de una voz clave en la vida cultural arandina

Viaje por la Memoria - Javier Cobo

Viaje por la Memoria - Javier Cobo

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Aranda de Duero

Como si de una película se tratase, la memoria es un conjunto seguido de fotogramas en los que aparecen retratados con más o menos nitidez, con más o menos luz y con más o menos definición los recuerdos. Y en ella también se juega con los planos: unas escenas aparecen en planos generales en los que el detalle importa menos que el ambiente, otros son representados en planos medios siendo la proximidad mayor y algunos, que se ven en primer plano, muestran los rostros de los seres queridos y recordados. Hay a quienes les gustan especialmente los planos detalle en los que se fija la atención en el gesto, la palabra, la mirada o el instante.

Hoy viaja con nosotros y con ustedes visualizando los fotogramas de la película de su memoria quien sabe mucho, también, de cine y de gestión. Una persona que sigue siendo después de muchos años imagen inseparable del concepto de cine en Aranda. Hoy iremos descubriendo con la palabra evocadora las imágenes de cada fotograma que se proyectarían en el film de la vida y la memoria de JAVIER COBO.

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El cine como pasión

Tras esta introducción de Ausen Frutos, proyectamos el relato de toda una vida. Como si fueran escenas de una película antigua, con su luz imperfecta, su sonido reconocible y ese temblor del celuloide que los hace aún más reales. Así transcurre la vida de Javier Cobo, protagonista de un Viaje por la Memoria en el que ha quedado claro que el cine no es solo una afición, sino una forma de entender el mundo.

Javier, de niño

Javier, de niño / imagen facilitada

Javier, de niño

Javier, de niño / imagen facilitada

“En mi casa el cine era uno más de la familia”, resume con naturalidad Cobo. Y no es una metáfora. Su padre se dedicó durante años a las proyecciones cinematográficas, tanto en el cine de abajo como en el de arriba, e incluso cuando tocaba ponerla en algún colegio. Por eso él, desde niño, creció entre bobinas, proyectores y sesiones interminables. “Allá donde había cine estaba mi padre… y donde estaba mi padre, estaba yo”, expresa. Aquella infancia, entre la cabina de proyección y las butacas, marcó para siempre su mirada. Porque el cine, en aquellos años 60, era mucho más que entretenimiento: era una ventana al mundo. “Veías un león, una jirafa… cosas que solo conocías por los cromos, y decías: estoy conociendo mundo”.

La calle Isilla: donde todo pasaba

Pero si el cine fue su escuela emocional, la calle Isilla fue su escenario vital. Allí nació -en el número 12- y creció junto a sus seis hermanos. “Era nuestro patio de recreo”, recuerda. Una calle viva, llena de comercios, voces, oficios y escenas cotidianas que hoy día son muy diferentes. No olvida la inquietud de su padre, que montó la primera empresa de limpieza en Aranda, o la funeraria que después regentó su tío. Y entre esos recuerdos, hay uno que permanece especialmente presente: el de su hermano gemelo, Fernando, fallecido con apenas 18 años. “Hay fotos en las que no sé cuál de los dos soy”, confiesa. Una ausencia que, lejos de borrarse con el tiempo, se ha convertido en una presencia constante en su memoria.

Javier forma parte de cuatro cofradías

Javier forma parte de cuatro cofradías / imagen facilitada

Javier forma parte de cuatro cofradías

Javier forma parte de cuatro cofradías / imagen facilitada

El cine como juego, como vida

De niño, Javier no solo veía películas: las vivía. Después de cada sesión infantil, la calle se llenaba de vaqueros, piratas o aventureros improvisados. “Si la película era del oeste, salíamos todos a jugar a vaqueros”. Incluso dentro del cine, la emoción se desbordaba: pistolas de juguete, disparos al villano, olor a pólvora… “Tenían que abrir las puertas para ventilar”, recuerda entre risas.

Aquella relación casi mágica con el cine se extendía también a su parte más técnica. Aprendió desde pequeño cómo funcionaban los proyectores, ayudó en cabinas cuando hacía falta y conoció desde dentro un oficio que hoy prácticamente ha desaparecido. También fue testigo de la rivalidad -más simbólica que real- entre los dos grandes cines de Aranda. “Había competencia, pero también compañerismo”, explica. Y recuerda momentos únicos, como el estreno simultáneo de El Padrino en ambas salas, un acontecimiento casi irrepetible.

Imagen de archivo, con José Sacristán

Imagen de archivo, con José Sacristán / imagen facilitada

Imagen de archivo, con José Sacristán

Imagen de archivo, con José Sacristán / imagen facilitada

Cultura, tradición y pertenencia

Pero Javier Cobo es mucho más que cine. Su vida está profundamente ligada a las tradiciones de Aranda, especialmente a sus cofradías. Forma parte de cuatro, entre ellas la del Santo Entierro o la de la Virgen de las Viñas, y habla de ellas con un respeto que va más allá de lo religioso. “En mi casa, todo lo arandino es sagrado”, afirma. Para él, las tradiciones son una forma de identidad colectiva, un vínculo que une generaciones. Aunque reconoce que han cambiado con el tiempo, defiende la necesidad de mantenerlas vivas. “Antes estábamos más concienciados”, reflexiona. También participó en el nacimiento y evolución de las peñas, otro de los pilares festivos de la capital ribereña.

Del cine a los seguros, sin perder la esencia

Aunque su vida parecía encaminada a seguir los pasos familiares, Javier tomó otro rumbo profesional. Tras su paso por la mili y sus primeros contactos laborales, acabó en el mundo de los seguros, donde encontró su camino. En 1992 fundó su propia correduría, Integral Aranda, que sigue en marcha hoy en día. “Te desvías y vas por otro lado”, dice, sin dramatismo. Pero lo cierto es que nunca se ha alejado del todo del cine ni de la cultura. Ha estado vinculado al Cine Club Duero, una iniciativa nacida en los años 60 para acercar a Aranda un cine diferente, más allá de los circuitos comerciales. “Era una inquietud cultural”, explica, recordando a aquellos médicos que impulsaron el proyecto casi contracorriente.

Javier, junto a su familia

Javier, junto a su familia / imagen facilitada

Javier, junto a su familia

Javier, junto a su familia / imagen facilitada

Hoy, Javier Cobo sigue mirando la vida con esa mezcla de curiosidad y nostalgia que solo da el tiempo. Disfruta viendo cómo su hijo ha heredado esa vena creativa -cine, música, literatura- y cómo su hija continúa el camino de la enseñanza. “Estoy muy orgulloso, pero tampoco se lo digo mucho”, bromea. Y mientras habla, deja la sensación de estar viendo una película en la que cada escena está llena de verdad: la infancia en la calle, el cine como refugio, la familia, las tradiciones, o la evolución de una ciudad.

Este Viaje por la Memoria, junto a Ausen Frutos y Valentín García, puede reproducirse en el audio superior.

Jorge Alvarado

Jorge Alvarado

Periodista. Responsable Digital de la SER en Aranda. Presentador de Hoy por Hoy Peñafiel y El Banquillo...

 

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