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José Luis Almudí, el médico que echó raíces en la memoria de Peñafiel y su comarca

El sanitario, recientemente jubilado, inaugura el Viaje por la Memoria, una nueva y especial sección en la que cada mes conoceremos a una personalidad de la comarca

Viaje por la Memoria 1: José Luis Almudí

Viaje por la Memoria 1: José Luis Almudí

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Peñafiel

Hay profesiones que se ejercen. Y hay otras que se viven. La medicina, especialmente en el medio rural, pertenece sin duda a este segundo grupo. Así lo demuestra la trayectoria de José Luis Almudí, protagonista del primer episodio de Viaje por la Memoria, el nuevo espacio de la SER de Peñafiel que nace con la vocación de detenerse en las vidas de quienes han dejado -y siguen dejando- huella en la comarca. Durante más de 45 años, Almudí ha sido mucho más que un médico: ha sido presencia, escucha, compañía. Un “faro que siempre ilumina”, como describe Almudena Ojosnegros en la introducción del programa. Y ahora, en sus primeros meses de jubilación, comienza a mirar atrás con la serenidad de quien sabe que ha cumplido mucho más allá de su deber.

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“Sí que se me hace raro no levantarme y prepararme para ese viaje que he hecho durante muchísimos años”, reconoce en su nueva etapa. Y es que la rutina, esa que durante décadas marcó su vida, es también la que ahora más echa de menos. Pero no cualquier rutina: la de revisar pacientes la tarde anterior, la de anticiparse a sus necesidades, la de cuidar desde el conocimiento… y desde la cercanía. Porque si algo define la carrera de José Luis Almudí es precisamente esa relación médico-paciente que él mismo señala como “el eje fundamental” de su trabajo. Una relación que, en el medio rural, adquiere una dimensión especial. “He tratado a familias enteras, incluso hasta cinco generaciones”, recuerda con orgullo. No es solo una cifra: es la prueba de una vida compartida con la comunidad.

Almudí, de niño

Almudí, de niño / imagen facilitada

Almudí, de niño

Almudí, de niño / imagen facilitada

Un camino que empezó casi por casualidad

Nacido en Valladolid en 1956, en una familia sin tradición médica, su vocación surgió casi por intuición. Fue un tío, médico en Bilbao, quien despertó en él la curiosidad por una profesión que terminaría marcando su vida. Su infancia, ligada al Campo Grande y a una vida al aire libre, y su paso por la universidad en un contexto político convulso, moldearon no solo al profesional, sino también a la persona. “Nos formábamos como médicos, pero también como ciudadanos”, recuerda de aquellos años en los que las clases convivían con manifestaciones y cierres de facultades.

De Curiel a Peñafiel: una vida al servicio de los demás

Su llegada a la comarca en diciembre de 1980, casi como algo provisional, terminó convirtiéndose en una historia de arraigo. “Pensaba que iba a ser cosa de unos meses… y han sido más de 45 años”, dice con una sonrisa que se intuye al otro lado. Curiel de Duero fue su primer destino. Allí comenzó a ejercer en una época en la que la medicina rural implicaba disponibilidad absoluta: 24 horas al día, 365 días al año. “Vivíamos en el pueblo y la relación con los pacientes era muy intensa”, recuerda. Aquellos primeros años marcaron el inicio de un vínculo profundo con la comarca, que se consolidó con su traslado a Peñafiel en ese centro de salud que se convirtió en su segunda casa.

Almudí fue testigo -y protagonista- de la transformación del sistema sanitario: desde la ausencia de infraestructuras organizadas, hasta la implantación de la atención primaria moderna. “Fue una época muy ilusionante”, explica. “Dimos un salto cualitativo importante en la atención a los pacientes”.

Almudí, en su etapa formativa

Almudí, en su etapa formativa / Imagen de archivo

Almudí, en su etapa formativa

Almudí, en su etapa formativa / Imagen de archivo

La medicina que no deja de aprender

Si hay algo que Almudí subraya es la necesidad constante de formación. “Estamos en permanente periodo de aprendizaje”, afirma. Nuevas tecnologías, tratamientos, diagnósticos… La medicina evoluciona, y con ella, quienes la ejercen. Pero más allá de los avances científicos, insiste en algo que no cambia: la importancia de la confianza. “El éxito de una pauta terapéutica se basa en la relación médico-paciente”, asegura. “Podrás aplicar la mejor tecnología, pero el resultado siempre será mejor cuando hay confianza”.

La pandemia: miedo, incertidumbre y solidaridad

Entre los muchos momentos vividos, la pandemia de la COVID-19 ocupa un lugar especial en su memoria. Una experiencia que define como “extraña” y que puso a prueba tanto al sistema sanitario como a los profesionales. “No estábamos preparados”, reconoce. Faltaban medios, información, protección. “Teníamos miedo, sobre todo de contagiar a nuestras familias”. Y, sin embargo, también hubo espacio para la entrega: para reorganizar equipos, para informar a la población, para acompañar en la incertidumbre. De aquellos meses, se queda con una lección clara: la importancia del trabajo en equipo y la solidaridad.

José Luis Almudí, en una foto reciente

José Luis Almudí, en una foto reciente / imagen facilitada

José Luis Almudí, en una foto reciente

José Luis Almudí, en una foto reciente / imagen facilitada

Una saga médica y un incansable profesional

Detrás de una vocación tan absorbente, hay siempre renuncias. Almudí lo reconoce sin rodeos: “Les he robado tiempo”. Pero también destaca el apoyo incondicional de su familia, que le ha permitido desarrollarse tanto profesional como personalmente. Y ha creado escuela: uno de sus hijos ha seguido sus pasos en la medicina. “Es un orgullo”, reconoce.

Y entre tanto, aunque haya dejado la consulta, José Luis Almudí sigue activo. Preside el Colegio de Médicos y participa en proyectos de cooperación internacional. Porque hay vocaciones que no entienden de retiradas. Y de hecho mantiene vivo el vínculo con quienes han sido sus pacientes. Muchos de ellos, ahora amigos. Personas que siguen recurriendo a él, no solo por su conocimiento, sino por la confianza construida durante décadas.

Un legado que permanece

Como cierre, Almudí deja un mensaje que resume toda una vida al servicio de sus convecinos, a quienes agradece “todo lo que me han aportado. "Me han ayudado a ser mejor profesional y mejor persona”, reconoce, con el deseo de que "me recuerden como un buen médico y una buena persona”. Y quizá no haga falta pedirlo. Porque en la memoria de Peñafiel, José Luis Almudí ya ocupa ese lugar: el de quienes no solo ejercen una profesión, sino que la convierten en una forma de ser y estar en el mundo, dejando una huella y un poso imborrable.

El Viaje por la Memoria al completo puede reproducirse en el audio superior.

 

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