Los vecinos de Santa Catalina dan por perdida la ayuda europea del ARU y anuncian acciones legales contra el Ayuntamiento
Denuncian una gestión “nefasta de Sentir Aranda”, retrasos irreversibles y un trato “clasista y humillante”, mientras se preparan para exigir responsabilidades ante la más que probable pérdida de los fondos
Estado actualizado de las obras del ARU / SEO Cadena SER
Los vecinos del barrio de Santa Catalina, en Aranda de Duero, han decidido dar un paso al frente ante la situación que atraviesa el Área de Rehabilitación Urbana (ARU), un proyecto llamado a transformar sus edificios y mejorar la calidad de vida del entorno que, a día de hoy, consideran abocado al fracaso. Tras meses de incertidumbre, retrasos y decisiones que califican de erráticas, los residentes, a través de su portavoz Alberto Cermeño, han trasladado públicamente una conclusión clara: los plazos comprometidos con Europa no se van a cumplir y la subvención está, en la práctica, perdida. Solo les queda que “la falta de empatía con las personas de este equipo de gobierno ayude a que Europa prorrogue plazos para que no paguemos nosotros su incompetencia y contrasta con la Red de Calor que ha sido receptiva, sensible y en todo momento ejemplar en su talante y decisiones ante nuestras reivindicaciones”.
El detonante de esta posición ha sido la reunión mantenida el pasado 9 de abril entre todas las partes implicadas en el proyecto, un encuentro que los vecinos llevaban solicitando desde hacía un mes y que, según denuncian, llegó tarde. “Mi conclusión de esta reunión es que la subvención se ha perdido hace mucho tiempo; es técnicamente y materialmente imposible cumplir con los plazos de ejecución marcados por los fondos europeos”, afirma Cermeño, quien reconoce que hace apenas unas semanas aún existía una mínima esperanza. “Hace un mes, cuando solicité la reunión, había una mínima posibilidad de poder llegar en plazo, pero hoy es imposible. Siento decirlo, pero es la realidad”.
El calendario es, a su juicio, incontestable. La fecha límite para finalizar las obras es el 30 de junio de 2026 y, a menos de tres meses de ese horizonte, los trabajos no solo no están avanzados como sería necesario, sino que continúan produciéndose situaciones que los vecinos consideran incomprensibles. “¿Cómo se puede a fecha 9 de abril, a menos de tres meses de la finalización del plazo de ejecución de una obra, estar valorando y dando opción en primer lugar de que entren dos comunidades más a la convocatoria?”, se pregunta el portavoz, que no oculta su incredulidad. “Si para las 16 comunidades que estamos dentro es imposible cumplir en plazo, para estas últimas es más que un milagro”.
La crítica vecinal se centra en una falta de planificación que, aseguran, se arrastra desde el inicio del proyecto y que se ha agravado con el paso del tiempo. A día de hoy, denuncian, siguen tomándose decisiones básicas que deberían haber quedado cerradas hace meses. “¿Cómo se puede hoy estar dando opciones de cambiar o no ventanas, estar eligiendo tipo de instalaciones, modificando proyecto y un largo etcétera?”, plantea Cermeño. A ello se suma la existencia de cuestiones fundamentales sin resolver: “¿Cómo se puede todavía tener sin gestionar las ayudas de vulnerabilidad que quedan pendientes, no haber comenzado a traer las canalizaciones de red de calor hasta los portales, no haber sido capaces de dar celeridad a la toma de decisiones de los vecinos?”.
Un equipo de gobierno que “desprecia a los humildes”
En este escenario, los residentes señalan directamente al Ayuntamiento de Aranda como máximo responsable, recordando su papel como promotor de la actuación. “El promotor de esta actuación es el Ayuntamiento y está gobernado por Sentir Aranda que se encarga de la mala gestión, además es el principal responsable de que estemos en este punto”, sostiene el portavoz, que reclama un cambio inmediato de enfoque: “Dejen de perder el tiempo y enredar más el proyecto y céntrense en terminar lo que han empezado, que bastante tienen”.
Pero las críticas no se limitan al plano técnico. El malestar vecinal se ha visto incrementado por el trato recibido en las reuniones mantenidas con responsables municipales, especialmente desde la Concejalía de Urbanismo. “La prepotencia de la concejala y la falta de empatía es infinita”, denuncia Cermeño, que relata episodios que han generado una profunda indignación en el barrio. “¿Cómo nos puede decir en una reunión que los vecinos del centro se pagan sus ascensores, no como nosotros? Eso es de ser clasista y no empatizar para nada con los vecinos de un barrio humilde”. A ello añade reproches que consideran inaceptables: “Se nos está diciendo que para lo que pagamos no nos quejemos, que vamos a perder la subvención y se nos van a quedar a medias los edificios”.
En paralelo, los vecinos rechazan frontalmente que se les responsabilice de la situación, algo que, aseguran, ya ha trascendido al ámbito mediático. “Tenemos que leer en un periódico que por culpa de los vecinos se corre el riesgo de perder la subvención porque la red de calor no puede actuar”, lamenta Cermeño, que rebate esa afirmación: “En la mayoría de los casos, si no en todos, las comunidades han decidido que las tuberías vayan por las fachadas como aparece en el proyecto”. En su opinión, el problema no radica en la postura vecinal, sino en la falta de ejecución previa: “Para que esto se pueda realizar, previamente la empresa constructora tiene que instalar los paneles de cubrición de esas terrazas y las ventanas”.
Rehabilitación con muchas deficiencias
El documento elaborado por los vecinos detalla además numerosas deficiencias en la ejecución de las obras, que atribuyen tanto a la empresa constructora como a la falta de control por parte de la dirección facultativa. “La empresa constructora no tiene capacidad para poder llevar a cabo esta actuación, es una empresa pequeña y depende de las subcontratas; es un quiero y no puedo”, afirma Cermeño. Entre los problemas detectados, menciona actuaciones repetidas sin éxito, acabados deficientes y errores estructurales: “Se ponen unas puertas de los cuartos de calderas por segunda vez y siguen estando mal colocadas; el acabado del SATE del edificio cuando da el sol da pena verlo; las estructuras de los fosos de ascensores están mal ejecutadas y tienen que picarlos porque se han pasado de altura”.
Especialmente grave consideran que se estén realizando prácticas constructivas inadecuadas. “Incluso cortan las armaduras que componen las estructuras y no pasa nada”, denuncia el portavoz, que también critica que parte de los trabajos queden en manos de los propios vecinos: “Nos están poniendo las ventanas y dicen que se nos quedan sin rematar, es decir, con la espuma vista, que nosotros tenemos que dar el yeso. ¿En qué cabeza cabe hacer una rehabilitación a medias?”.
Las críticas se extienden a la dirección facultativa, a la que acusan de permitir estas situaciones. “No le ponen pegas a nada, aquí todo vale”, asegura Cermeño, quien se muestra especialmente duro con las explicaciones recibidas: “El arquitecto dice que no pasa nada por picar una estructura de hormigón y cortar su armadura de hierro interna, que el constructor dijo que prefería hacerlo así y luego cortarlo, viva las buenas normas de construcción”. A su juicio, la falta de control es evidente: “Dicen que vienen a la obra dos veces por semana, pero si están viniendo y están permitiendo esto, es aún peor”.
En materia de seguridad, el panorama descrito tampoco es mejor. Los vecinos denuncian condiciones inadecuadas tanto para trabajadores como para residentes. “Los accesos a los portales son con escaleras de corcho, teniendo en los edificios personas de 80 y 90 años y personas con movilidad reducida”, explica Cermeño, que añade otras deficiencias: “No tienen los EPIs necesarios, hubo una inspección de trabajo y desaparecieron los obreros desde ese día”.
La Red de calor ha sido comprensiva y eficaz
Frente a este cúmulo de críticas, los vecinos han querido destacar de forma expresa el papel de la empresa encargada de la red de calor, Rebi, cuya actuación contraponen a la del Ayuntamiento. “Agradecerles su acercamiento a los vecinos y su comprensión”, señala el portavoz, subrayando su actitud constructiva. “Nos dieron todas las explicaciones técnicas y aclaraciones precisas de todas las dudas que teníamos, aceptaron todas y cada una de nuestras peticiones, incluso la disminución del tiempo de duración de los contratos”. Gracias a ello, explica, se lograron avances reales en la reunión: “Conseguimos prácticamente definir el tipo de contrato que quería cada comunidad”. La valoración es clara: “Gente competente y profesional, se nota que están acostumbrados a realizar este tipo de obras”.
Ante la posibilidad de perder la financiación europea, los vecinos quieren dejar clara su posición y protegerse ante posibles responsabilidades. “Mi obligación como portavoz es demostrar y justificar que nosotros no tenemos ninguna responsabilidad ante la pérdida de la subvención”, afirma Cermeño. “Los vecinos no somos culpables de nada, ustedes desde el Ayuntamiento son los principales responsables de la nefasta gestión que están haciendo del ARU”.
Con ese objetivo, han decidido dar un paso más y recurrir a asesoramiento externo. “Hemos contratado un gabinete jurídico y técnicos especializados, arquitecto y técnico de seguridad y salud, ajenos al Ayuntamiento, que en paralelo comuniquen y levanten acta de lo que se está haciendo”, explica. La intención es clara: “El objetivo es depurar responsabilidades cuando terminen las obras”.
Además, anuncian medidas formales inmediatas: “La semana que viene serán notificadas todas las partes mediante burofax, la primera la dirección facultativa, exigiéndoles que cumplan su contrato”. En paralelo, sus propios técnicos elaborarán informes independientes: “Se van a emitir informes de las incidencias o mala ejecución de los trabajos y los vamos a reservar; si los consideramos graves se los haremos llegar, si no, al final de la obra”.
Pese a todo, los vecinos insisten en que no obstaculizarán el desarrollo del proyecto. “No vamos a interferir en las obras y vamos a dejar trabajar a su libre albedrío”, afirma Cermeño. Sin embargo, advierte de que la paciencia se ha agotado: “Que hagan lo que quieran, pero que se den prisa, que el tiempo corre”. Y concluye con un mensaje contundente que resume el sentir del barrio: “A mí y a los vecinos que me siguen no nos toman más el pelo”.