Valsemana, la gran esperanza para recuperar desde León la población de urogallo cantábrico

León, hacia rutas salvajes: Valsemana, la gran esperanza para recuperar desde León la población de urogallo cantábrico (14/04/2026)
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León
En las montañas de León sobrevive uno de los símbolos más icónicos de la fauna ibérica: el urogallo cantábrico. Un ave esquiva, ligada a los bosques atlánticos, cuya población lleva más de cuatro décadas en declive. Hoy, sin embargo, un ambicioso proyecto científico abre una puerta a la esperanza.
En el último episodio de León hacia rutas salvajes, nuestro biólogo de cabecera Manu González conversa con David Cubero, jefe de servicio de Espacios Naturales, Flora y Fauna de la Junta de Castilla y León, sobre el presente y el futuro de esta especie en peligro crítico.
Un declive que viene de lejos
El urogallo no solo es una especie emblemática de la cordillera Cantábrica; también es uno de los mayores retos de conservación en España y en el sur de Europa. Desde los años 80, sus poblaciones han disminuido de forma constante.
Las causas son múltiples: el cambio climático, la transformación del hábitat, el abandono rural o la presión de depredadores. A diferencia de sus parientes del norte de Europa, que habitan en bosques de coníferas, el urogallo cantábrico vive en bosques de frondosas, lo que añade complejidad a su conservación.
Valsemana: un laboratorio para salvar una especie
En este contexto nace el centro de cría en cautividad de Valsemana, una de las principales herramientas para evitar la desaparición del urogallo.
El objetivo es claro: criar ejemplares en condiciones controladas para reforzar la población silvestre. Tras varios años de trabajo, el proyecto ha alcanzado un hito clave: contar con un grupo reproductor estable de 20 machos y 40 hembras.
Los resultados empiezan a ser prometedores. Solo en 2025 se lograron unos 70 pollos, una cifra que hace apenas unos años parecía inalcanzable.
De los huevos al bosque
El programa parte de una decisión científica delicada: recoger huevos de la naturaleza para incubarlos en el centro. Estudios previos demostraron que esta práctica, realizada de forma limitada, no compromete la población salvaje a largo plazo.
Además, el proyecto cuenta con colaboración internacional. Ejemplares de origen pirenaico, cedidos por Francia, han permitido aumentar la diversidad genética y reforzar el programa.
Liberar… y aprender
Pero criar urogallos es solo el primer paso. El gran desafío es lograr que sobrevivan en libertad.
En 2025 se realizó una primera suelta experimental de 30 ejemplares. El resultado ha sido modesto —apenas un 3% de supervivencia—, pero extremadamente valioso desde el punto de vista científico.
Cada liberación aporta información clave: cómo influyen los depredadores, qué técnicas funcionan mejor o en qué momento del año conviene soltar los ejemplares. El objetivo es alcanzar tasas de supervivencia de entre el 20% y el 40%.
Recuperar el hábitat, clave del futuro
Más allá de la cría en cautividad, los expertos coinciden en que el futuro del urogallo depende en gran medida del estado de los bosques.
El abandono de usos tradicionales ha provocado la densificación de muchas masas forestales, reduciendo la diversidad y el alimento disponible. Por ello, los trabajos actuales se centran en recuperar bosques más abiertos y variados, especialmente en abedulares, robledales y otras formaciones clave.
Un rayo de optimismo
A pesar de la dificultad del reto, hay motivos para la esperanza. Los últimos censos apuntan a una estabilización de la población en algunas zonas, tras décadas de caída continua.
Si se consolidan las mejoras en el hábitat y se optimizan las técnicas de liberación, los expertos creen posible empezar a recuperar la especie en parte de su territorio histórico.
Una lucha colectiva
Uno de los aspectos más destacados del proyecto es el apoyo social. Administraciones, científicos, agentes medioambientales, cazadores y población local trabajan de forma coordinada.
La protección de los cantaderos, la reducción de molestias y la implicación del territorio están siendo fundamentales. Hoy, el furtivismo prácticamente ha desaparecido y el urogallo se ha convertido en un símbolo compartido.
Chechu Gómez
Redactor de Radio León




