El Alzheimer, una enfermedad que transforma familias: “No solo afecta al paciente, también a todo su entorno”
Hoy junto a Sergio Miguel Tomé, experto en neurociencia, conocemos la otra parte clave en el día a día de estos enfermos: los cuidadores y una atención de calidad

Aranda de Duero
Este miércoles en la SER hemos abordado una de las realidades más complejas y delicadas de nuestra sociedad: el impacto del Alzheimer. Y es que acertadamente el foco tiende a ponerse en aquellos que padecen la enfermedad, pero también se antoja clave no olvidar la otra cara de la moneda que es muy importante en su día a día: el papel de sus cuidadores y familias, muchas veces invisibilizados. Para profundizar en esta realidad, nos ha acompañado Sergio Miguel Tomé, experto en neurociencia y, además, hijo de una persona diagnosticada con Alzheimer. Su doble perspectiva, profesional y personal, nos ha permitido conocer una visión cercana y rigurosa de una enfermedad que, como señaló, “cambia por completo la dinámica familiar”.
Uno de los aspectos más relevantes a la par que difíciles, cuenta, es el diagnóstico. Según explica, los primeros síntomas suelen confundirse con el cansancio o la edad, lo que retrasa la detección. “No es lo mismo olvidar dónde has dejado las llaves que olvidar por completo algo que acabas de hacer”, ejemplifica, destacando que en el Alzheimer los fallos de memoria son más profundos y persistentes.
Además, Sergio Miguel subraya que la enfermedad puede desarrollarse durante años antes de hacerse evidente. “La fase inicial puede durar entre 10 y 15 años”, explica. Un periodo en el que el cerebro va sufriendo un deterioro progresivo sin que siempre sea perceptible para el entorno.
Una vista desde la neurología
Desde el punto de vista neurológico, Tomé detalla que una de las primeras zonas afectadas es el hipocampo, clave en la memoria. A medida que las neuronas se deterioran, aparecen síntomas más visibles como desorientación, confusión o dificultades para recordar hechos recientes. También destaca problemas asociados, como alteraciones del sueño, que agravan la situación de los pacientes. Otro de los puntos abordados es la negación de la enfermedad. En fases iniciales, algunas personas son conscientes de sus dificultades, pero con el avance del Alzheimer esa percepción se distorsiona, lo que complica la búsqueda de ayuda y el manejo de la enfermedad en el entorno familiar.
Sin cura
En cuanto a los tratamientos, Tomé es claro. “Hoy en día no hay cura”, dice tajante. Aunque también apunta la existencia de fármacos que pueden ralentizar ligeramente el avance en algunos casos. Eso sí, su efectividad es limitada y pueden conllevar efectos secundarios. Por ello, defiende un enfoque más amplio que incluya el apoyo emocional y entorno familiar como apoyo.
Faltan especialistas
Y más allá de la falta de cura, una cuestión que se acentúa en Aranda precisamente es la falta de especialistas. En la capital ribereña, comenta, no hay suficientes neurólogos, lo que obliga a muchas familias a desplazarse a otras ciudades para recibir atención. “Es muy complicado para una persona con deterioro cognitivo tener que viajar constantemente”, señala, evidenciando una carencia en los servicios sanitarios que afecta directamente a los pacientes.
Desde el plano más personal, Tomé compartió cómo su familia ha aprendido a convivir con la enfermedad de su madre, adaptándose a una nueva realidad marcada por el cambio constante. “Lo más importante es entender que la persona no es responsable de lo que le ocurre”, sentencia, insistiendo en la necesidad de ofrecer paciencia, cariño y comprensión.
La charla al completo puede reproducirse en el audio superior.




