Las guerras
Juan Miguel Alonso
León
Me van a perdonar que hoy la onda fije su mirada entre las tripas y el ombligo. Ayer llevamos a la infantería de Bachillerato al Albéitar a ver Las guerras de nuestros antepasados. La genial obra de Delibes se encarnó con una magia conmovedora en la carne y los huesos de Juan Manuel Pérez y Javier Bermejo, que dieron vida a Pacífico Pérez , preso acusado de homicidio, y al doctor Burgueño que le trata en el hospital penitenciario de Navafría.
Por si no la conocen , la obra es una reflexión excepcional sobre la violencia y los orígenes de la misma, sobre ese ADN que parecemos llevar incorporado desde la noche de los tiempos, como una maldición eterna: la agresión, el insulto, el asesinato, el genocidio, la guerra.
Teníamos miedo de que los alumnos desconectaran de una obra profunda, llena de inteligencia y de matices, y quizás alejada de sus intereses digitales. Pero nada más lejano a lo sucedido, el espectador se enganchó al texto y a la voz, en un silencio conmovedor desde las primeras escenas.
Quizás porque olvidamos por un instante que nada hay más contemporáneo que esta violencia gratuita, permanente, casi animal que nos rodea cada día, esa brutalidad inhumana que encarna la guerra, cualquier guerra, también esta que ahora ocupa los papeles y las pantallas de los telediarios , alentada por un asesino inmoral, y justificada solo en el poder de la fuerza y la búsqueda del beneficio personal. Esa transacción tan despreciable, de vidas humanas por dólares, sigue siendo de una actualidad insuperable. Igual que la normalidad genética con la que parecemos aceptarla, como Pacífico Pérez, como todos y cada uno de nosotros.