Condenado en firme un mosso d'esquadra por acosar a su exmujer, que trabajaba en su misma comisaría, en Barcelona
El policía sigue en activo, sin medidas disciplinarias, pese a tener pendiente otro juicio por usar bases policiales para espiar al entorno de la víctima

Juicio en la Audiencia de Barcelona contra un mosso d'esquadra, distorsionado a petición del tribunal, acusado de utilizar bases policiales para espiar al entorno de su exmujer / Andrea Villoria

Barcelona
La Audiencia de Barcelona condenó a un mosso d'esquadra por acosar a su exmujer, una administrativa que trabajaba en la misma comisaría que él. Pese a que la condena contra el policía ya es firme, el agente sigue en activo en los Mossos d'Esquadra y no se ha aplicado ninguna medida disciplinaria contra él, según asegura su defensa a la Cadena SER. Ni siquiera se le ha vetado el acceso a bases policiales, aunque tiene un juicio pendiente por usar la tecnología policial para espiar y recabar datos del entorno de la víctima, en concreto de un compañero de clases de salsa. La vista debía celebrarse este jueves y ha sido aplazado a octubre.
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Víctima y condenado mantuvieron una relación sentimental durante dos años. El primero como novios y el segundo ya casados. En aquel momento, entre 2017 y 2019, ambos trabajaban en la misma comisaría de los Mossos d'Esquadra en Barcelona. Él como mosso d'esquadra y ella como administrativa. Según la sentencia, consultada por la SER, durante los últimos meses de matrimonio, el acusado "llegó a romper la relación hasta en tres ocasiones". Harta de sus "idas y venidas", la mujer decidió poner fin a la relación de forma definitiva y borrar todos los mensajes del acusado, que no aceptaba el divorcio. Una semana después, sus mensajes de disculpas se convirtieron en un acoso físico y virtual que la obligó incluso a cambiar de domicilio.
"No aceptando dicha ruptura, con el fin de coartar la libertad" —dice la sentencia—el policía le envió "una gran número de mensajes, por diversos medios". En solo el mes de septiembre, el acusado llegó a enviarle un total de 100 correos electrónicos, "que fueron eliminados por la víctima, debido al daño y al temor que le provocaban". El condenado también la llamó "en numerosas ocasiones, con el fin de retomar la relación, llegando a contactar con amigos y compañeros de trabajo para controlarla".
Le mandó flores al trabajó, llamó a su centralita para saber si se encontraba allí, fue a comisaría estando de baja para coincidir con ella e incluso pidió a "un compañero de trabajo que le hiciera una foto a su expareja para comprobar que realmente estaba en su puesto de trabajo", describe la sentencia. No se limitó a seguirla en el trabajo. Como conocía "sus rutinas personales diarias, con el fin de controlarla y hostigarla" y "de buscar su cercanía física" se presentó en casa de la víctima y en las inmediaciones de la escuela de baile donde iba desde hacía cinco años.
El policía ha sido acusado de revelación de secretos
Ese acoso, reconocido por el acusado ante el tribunal, hizo que la mujer tuviera que cambiar la cerradura de su casa primero, después irse a "vivir al domicilio de su madre, ante la angustia que le ocasionaba el solo hecho de pensar en salir y encontrarse con el acusado", y finalmente también tuvo que dejar de asistir a las clases de salsa, por miedo a verle. Por ello, la sentencia reconoce el daño moral a la víctima, que tuvo que recibir tratamiento psicológico, y por el que el acusado acordó indemnizarla con 2.800 euros.
Antes de la celebración del juicio, acusación particular, Fiscalía y defensa del acusado —en manos del despacho Requena & Mazzoni Advocats— llegaron a un acuerdo. El procesado reconoció los hechos y la acusación rebajó la petición de penas, de modo que en lugar de prisión o multa, fue condenado solo a 120 días de trabajos en beneficio de la comunidad, además de una orden de alejamiento de la víctima durante un año.
El policía ha sido acusado también de revelación de secretos en ocho causas distintas por haber usado presuntamente las bases policiales para conseguir información de la víctima y de su entorno. La inmensa mayoría de estos procedimientos han sido archivados o han acabado en absolución en respuesta a la argumentación de la abogada de la defensa, Sara Fernández, que alega que esas supuestas intrusiones informáticas ya fueron juzgadas en el juicio inicial, que acabó en condena por acoso.
El último juicio que este mosso tiene todavía pendiente es el que debía celebrarse este jueves en la Audiencia de Barcelona y por el que la fiscalía reclama dos años de prisión al acusado por espiar a un compañero de salsa de su exmujer a través de las bases policiales de la comisaría de les Corts en Barcelona. En el trámite de cuestiones previas, Fernández ha vuelto a argumentar que el juicio debe anularse al entender que se trata de unos hechos ya juzgados en la causa inicial —y en España le ley prohíbe juzgar dos veces a una persona por los mismos hechos—. Tras retirarse a deliberar, el tribunal ha resuelto suspendiendo el juicio para estudiar la documentación y retomar la vista a finales de octubre, salvo que acaben dando la razón a la abogada defensora.

Andrea Villoria
Responsable de Tribunales y Sucesos de la SER en Cataluña




