¿Qué motivos geopolíticos hay detrás de la futura base lunar permanente de los EE.UU.?
La ley estipula que ningún país puede reclamar la propiedad del terreno de ningún planeta, satélite o asteroide
¿Qué motivos geopolíticos hay detrás de la futura base lunar permanente de los EE.UU.?
Barcelona
La NASA ha anunciado sus planes de construir una base lunar permanentemente habitada para el año 2028. Este nuevo proyecto iniciará con la misión Artemis IV, retrasada un año respecto de lo previsto con motivo de esta nueva decisión de la agencia espacial norteamericana, y la inversión prevista para la construcción de dicha base será de 20.000 millones de dólares. No obstante, existen motivos más allá del mero progreso humano que, tal y como explica Joan Anton Català, científico experto en astronomia, es un paso más en la carrera espacial entre los EE.UU. y China.
La estrategia, que recibe el nombre de Ignition, ha sido anunciada a través de un video promocional de un minuto bajo el lema: "Si quieres llegar rápido, ve solo; si quieres llegar lejos, ve acompañado". Ahora bien, Català es claro: "Este movimiento es pura geopolítica". Para el experto, este proyecto parece la forma en la que los Estados Unidos quiere "ponerse las pilas". El país norteamericano y la administración Trump están sintiendo la amenaza de China, a la cual consideran la rival en una segunda carrera espacial como la que ya tuvieron con la URSS.
China cuenta con un programa espacial muy potente y prevé que sus astronautas lleguen a la luna en el año 2030. Este anuncio ha puesto mucha presión sobre el programa de retorno humano norteamericano al satélite, el cual ha presentado problemas en sus últimas pruebas. Según el experto, este anuncio del gigante oriental no ha sentado bien a Donald Trump, el cual ha pedido a la NASA acelerar en sus proyectos espaciales y así cumplir la promesa de su presidente de llegar a la Luna antes que sus competidores chinos.
El experto define esta nueva estrategia espacial estadounidense como "rompedora", aunque considera que se pretende realizar en "un plazo demasiado corto y difícilmente alcanzable". El proyecto busca construir una base lunar permanentemente habitada, alimentada energéticamente por un reactor nuclear. Ahora bien, Català afirma que este plan espacial no solo implica la vuelta del ser humano a la Luna en el 2028, sino que también supondrá varias misiones robóticas no tripuladas entre 2027 y 2030, para depositar en la superficie lunar todos los materiales de construcción de la base y el reactor que le dará energía.
Cuando se habla de este reactor de fisión nuclear, Català aclara que no será una gran chimenea como las que se pueden encontrar en la Tierra, sino que más bien tendrá el tamaño de un contenedor de basura común, como el que se encuentra en cualquier calle. El experto califica esta tecnología de "muy segura", destacando que funciona con un uranio muy poco enriquecido y que solo se encenderá cuando esté instalado en la Luna. Además, este tipo de dispositivos producen una cantidad muy pequeña de residuos, los cuales, según Català, para el año en el que comience a ser necesario deshacerse de ellos, ya habrá tecnología desarrollada para eliminarlos de forma segura y eficiente.
Sobre los humanos que poblarán esta base lunar, todavía no hay detalles confirmados sobre su perfil o qué labor desempeñarán en esta, aunque se pueden intuir. Català comenta que seguramente las primeras tripulaciones que habiten la base serán un pequeño grupo de astronautas profesionales, seleccionados y entrenados específicamente para este tipo de misiones. Más adelante, es muy probable que se vayan añadiendo nuevos módulos a la estación y ampliando la flota, ahora con perfiles más científicos, que no hayan recibido un entrenamiento espacial tan intenso, para realizar pruebas y experimentos.
Si bien desde el punto de vista científico esta competencia entre potencias es positiva, puesto que acelera el progreso, el experto alerta sobre cómo se va a gestionar esta expansión a nivel geopolítico. En el ámbito espacial, la única ley internacional reguladora es la aprobada en 1967 por la ONU, la cual estipula que ningún país puede reclamar la propiedad del terreno de ningún planeta, satélite o asteroide. Ahora bien, sabiendo que detrás del Ignition hay un Donald Trump que ya ha pasado por encima de varias leyes internacionales, a Català le preocupa la posibilidad de que vuelva a hacerlo ahora fuera del planeta Tierra.