¿Cómo es un día de esquí con una señora de 85 años?
Montse Comas vuelve a ponerse unos esquís después de 30 años y disfruta en La Molina, en el Pirineo catalán: "¡Allá voy!"

La Montse Comas, amb 85 anys, torna a esquiar a La Molina i baixa la pista llarga / Anna Puigboltas

Barcelona
La temporada pasada, el conjunto de estaciones del Pirineo catalán superó los dos millones de visitantes en total. El buen estado de la nieve durante todo el invierno, gracias a los episodios meteorológicos que han dejado grosores superiores a los tres metros en la mayoría de complejos, augura que este año se superarán sobradamente estas cifras de visitantes. ¿Cuántos de ellos son mayores de 65 años?
Esta temporada, en Baqueira Beret (Vall d'Aran) un 11% de los forfaits los han comprado personas de más de 70 años. Según ha podido saber 'El Balcó' de SER Catalunya, este porcentaje baja hasta el 1,5% en el conjunto de estaciones gestionadas por la Generalitat de Catalunya. Así, el total de esquiadores mayores de 65 años en La Molina, Vallter, Vall de Núria, Espot, Port Ainé y Boí Taüll es mucho menor que en la estación aranesa.
El equipo de 'El Balcó' acompaña a una señora de 85 años durante una jornada de esquí en La Molina. Se trata de Montse Comas, una arqueóloga ya jubilada que esquió hasta los 50 años. Desde entonces, no se había puesto unos esquís. Montse está operada de la espalda y tiene muy poca visión en un ojo, pero unas ganas infinitas de hacer una última bajada que le permitiera recordar la sensación de libertad que supone deslizarse por la montaña.
"Lo tengo que probar antes de morir... ¡pero impone, ahora!", reconoce mientras se prueba las botas en la tienda de alquiler. "35 años sin esquiar y ahora me cambian los esquís, son cortos, anchos...", reflexiona mirando el material que le están entregando. La chica que la atiende le confiesa que no ha visto nunca ninguna señora de su edad alquilando esquís, y Montse se pone seria: "No haré el ridículo, no?". "Bajará espectacular", le responde. Y grita de emoción: "Bien!". Toca emprender la ruta hacia las pistas: "Desayunaré y me tomaré un carajillo".

La Montse Comas, preparada per baixar una pista a la Molina als 85 anys / Anna Puigboltas

La Montse Comas, preparada per baixar una pista a la Molina als 85 anys / Anna Puigboltas
Es la hora de la verdad: acercarse al telesilla para afrontar la bajada soñada. "Ya no me acordaba de que las botas son tan incómodas", le dice a Anna, que la acompaña en la aventura. Y va repasando si lo tiene todo antes de subir la montaña: "Gorro, gafas, sol, nieve bastante buena... y yo empezando la aventura del 2026. Con 85 y medio... y ¡allá voy!".
A Montse le duele todo, y aún no ha empezado. Una de las trabajadoras del telesilla la tranquiliza explicándole que entre semana hay más abuelos que no quieren abandonar el esquí. "Tengo pánico en la llegada del telesilla, el momento de levantarme, pero por suerte tengo uno a cada lado que me ayudarán", se dice a sí misma mientras esperan.
"Hago lo que me sale... ¡Garrafal!", dice cuando empieza a bajar la pista. Los acompañantes lo niegan para que no se desanime. Y abajo: "No tengo miedo de caer y hacerme daño...". Ya ha llegado a la mitad. Montse no recuerda cómo cerrar los esquís y la 'casita' se convierte en su mejor aliada para no caer y llegar al final de la pista.

Montse Comas baixa la Pista Llarga de la Molina / Anna Puigboltas

Montse Comas baixa la Pista Llarga de la Molina / Anna Puigboltas
Primeras declaraciones: "Estoy muy contenta de haber hecho la Pista Llarga. Mi orgullo me hacía pensar que bajaría juntando los esquís y que no me cansaría tan rápido. Ahora necesito una Coca-Cola, descansar mucho, que me duelen las piernas... y después lo intento de nuevo!". La segunda bajada no se produjo... ¡Pero misión cumplida!
Irene Montagut
Periodista. Graduada en Periodisme i Comunicació Corporativa (URL), apassionada de la gastronomia i...




