Sociedad

El colectivo trans, ninguneado y olvidado en la sanidad pública madrileña: "Para una primera consulta se espera 14 meses"

El Hospital Ramón y Cajal achaca las largas demoras al impacto de la pandemia. Los pacientes denuncian que también se están obstaculizando las derivaciones a otros hospitales menos saturados, algo que ya debería hacerse según la normativa regional

Dos banderas trans ondean en la Puerta del Sol de Madrid, en el Orgullo de 2020. / NurPhoto

Madrid

"Citado para el 15 de marzo de 2023 en Endocrinología del Hospital Ramón y Cajal". El móvil de Darko (Madrid, 34 años) sonó la mañana del pasado 21 de junio al recibir este mensaje. Tras leerlo, no podía creerlo. Habían pasado tres meses desde que consiguió una primera cita de Endocrinología General tras decidir que quería empezar un tratamiento hormonal para feminizar algunas partes de su cuerpo. Ya había aguantado seis meses para esa consulta previa que le ha servido para poco: sigue sin medicación y, ahora, tendrá que soportar un año más para la siguiente, de la que no sabe si saldrá con esa ansiada receta. Su caso es uno de tantos en la Comunidad de Madrid, donde "para una primera consulta se espera de media unos 14 meses", según datos del Colectivo LGTBI de Madrid (COGAM).

Esa demora para el inicio de los procesos de hormonación se ha incrementado en los últimos años, sostienen desde COGAM. Algo que sucede de igual manera con las operaciones, ya sean de feminización, masculinización o, aún más tardías, las de reasignación genital. La asociación cifra la espera desde que se inicia el proceso hasta que se realiza la cirugía en una media de 4 años, pudiendo ser incluso mayor, de 6 a 8 años en algunos casos, según datos aportados por los propios pacientes.

Alesya (Madrid, 24 años) es otra de las afectadas. Ella llevo un año en tratamiento hormonal de feminización, que, en su caso, comenzó al medio año de solicitarlo. Esa aparente agilidad en el proceso no ha sucedido en otros ámbitos. "El espacio entre atenciones psicológicas es entorno a seis meses. Yo estoy esperando por una cita en agosto desde el pasado enero", detalla. Tampoco se han cumplido los calendarios para otras consultas: "Revisiones que eran trimestrales, se han realizado a los seis meses, y las que eran cada seis meses al año. Teniendo en cuenta que estoy con tratamiento y que esa cita es para ver el estado de mi cuerpo, podría haberme puesto en riesgo".

La Comunidad de Madrid es opaca en la publicación de los datos de lista de espera. Todos estos procesos se centralizan prácticamente en su totalidad en la Unidad de Identidad de Género del Hospital Ramón y Cajal, que la expresidenta Esperanza Aguirre inauguró en 2007. La UIG está compuesta por endocrinos, psicólogos y enfermeros con el objetivo de ofrecer un servicio "multidisciplinar", aseguran desde el centro. Estas mismas fuentes reconocen que hay demoras para dar una primera cita que ellos cifran en "12 meses". Un retraso que justifican alegando que es así "debido al impacto de la pandemia". La UIG ha atendido "más de 650 primeras consultas en los últimos tres años (2019-2021), 284 de ellas durante 2021, un 40% más que en 2020", apostillan. No detallan, eso si, cuál es la actual lista de espera.

Cinco nuevas Unidades de Identidad de Género

"La unidad está saturadísima. El problema es que la sanidad madrileña se está desmantelando. [...] Tienen que descentralizar la UIG", denuncia Darko. Elle —se define como género no binario— ha intentado en varios ocasiones que le deriven a otro hospital con menos demoras para realizar esa primera consulta, que ahora tiene en marzo de 2023. "Nos están obligado ir a un sitio que no queremos. Mi objetivo va a ser que me traten en el Clínico donde están dando citas para ya", añade. Los pacientes y asociaciones LGTBI aseguran que en los centros de salud se debería derivar al hospital que solicite el demandante. Es así, explica Sonia González, coordinadora de Familias Transformando de COGAM, porque se acaban de crear cinco Unidades de Identidad de Género más en la región.

El Hospital de Móstoles, el Fundación Jiménez Díaz, el Gregorio Marañón, la Paz y el Clínico pueden recibir desde el pasado 20 de mayo a pacientes trans que lo soliciten, ya sea por preferencia o por proximidad geográfica con su domicilio. "Van a ser unidades específicas para la atención a personas trans por lo que no van a tener que atender otras especialidades. Esperamos que los tiempos se reduzcan", afirma González. Añade, eso sí, que esto sucederá si la normativa se cumple debidamente. Algo, que de momento, no está pasando: "Muchos médicos de cabecera y pediatras no conocen la existencia de ese nuevo protocolo y siguen mandando al Ramón y Cajal".

Esta ampliación de las unidades de atención, puntualiza González, se ha realizado recientemente, pero era una reivindicación que COGAM llevaba años haciendo. "El protocolo debería haber entrado en vigor en 2017, porque es dependiente de la Ley Trans de 2016. Lo han puesto en marcha 6 años después, tras reunirnos 20 veces e insistir, porque si no, no había manera de aprobarlo", critica. El Hospital Ramón y Cajal ha preferido guardar silencio sobre esta cuestión. No valora las denuncias de los pacientes a los que se les ha negado una derivación que, en teoría, está contemplada por la normativa.

"Llaman a una persona por un nombre que ya no utiliza"

Las listas de espera y las derivaciones no es el único aspecto que hay que mejorar en estas Unidades de Identidad de Género. La falta de formación del personal y la carencia de sensibilidad para tratar a los pacientes es otra traba que angustia a las personas trans que inician este proceso. "Me han estado tratando con mi DNI hasta que he podido cambiarlo. Llaman a una persona por un nombre que ya no utiliza. Se nota también que no hay formación en diversidad, porque aunque le pidas que te traten de cierta forma, siguen haciéndolo, en mi caso, hablando en masculino", lamenta Alesya.

Darko se enfrenta a otra barrera añadida al ser no binario. "Voy a tener problemas. No conocen nuestras realidades, la gente no está preparada para saber que queremos procesos distintos y nos intentan llevar a lo normativo". Elle quiere conservar muchos rasgos de su cuerpo, considerados tradicionalmente de varón, pero, con el tratamiento hormonal busca desarrollar otros calificados como femeninos, como es el aumento mamario. "Al final es entender que cualquier persona trans tiene un tipo de corporalidad que le gustaría conseguir. No hay una transición hegemónica", concluye.

Todo este camino empedrado, aseguran, merece la pena si piensan en el resultado final. "Intento no amargarme mucho y sobrellevarlo, aunque hay días duros de no entender por qué tengo que esperar tantísimo tiempo", lamenta Darko. Para Alesya el proceso es "esperanzador", pero reconoce que a veces se hace cuesta arriba. Ella piensa seguir aguantando las listas de la sanidad pública. Principalmente porque no puede permitirse pagar los altos precios de la privada, donde algunas operaciones de feminización o masculinización superan los 15.000 euros. Aún le queda un año de hormonación y luego seguramente entre en varios procesos de espera: para someterse a un aumento mamario, para feminizar su voz con el logopeda y para una orquiectomía. Darko también va a soportar de momento estos obstáculos aunque, en su caso, no sabe si lo hará por mucho tiempo más antes de recurrir a su seguro médico. Es consciente de que todas las personas trans no tienen esa suerte.

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