Sociedad

"Con las notas que exigen entrarán cerebritos, pero muchos sin vocación": la otra realidad detrás del MIR

Las notas que se exigen para poder estudiar medicina llevan a muchos estudiantes brillantes a no pensar si realmente quieren ser médicos. La vocación pasa a ser algo secundario

"Con las notas que exigen entrarán cerebritos, pero muchos sin vocación": la realidad detrás de muchos MIR

"Con las notas que exigen entrarán cerebritos, pero muchos sin vocación": la realidad detrás de muchos MIR

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A Carmen, un ataque de ansiedad durante una guardia en el centro de salud en su primer año de residencia le hizo ver su futuro de otra manera. No era lo que ella espera. No le compensaba los años de estudio, de sacrificio, de ser la mejor para poder llegar. La vocación, la que creía que era su vocación, no fue suficiente. Lo que vio en ese centro de salud, la presión asistencial, la falta de tiempo con la sensación de no hacer bien su trabajo. "Yo lo cogí pensando que era lo que quería, pero me fui dando cuenta de que no, que no era el tipo de vida que quería".

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Los estudiantes que este año consiguieron entrar en medicina tuvieron que superar un 13,476 de nota de corte en la Universidad Complutense de Madrid, un 13,442 en Sevilla o un 13,435 en la Universitat de València. Llegan los mejores, los más brillantes, los que más se esforzaron por conseguir las mejores notas. Pero eso no significa que llegaran allí por vocación.

Muchos son vocacionales, pero no todos. La presión social, la familia, les ha empujado hasta colocarse la bata de médico en una consulta. Alicia Díaz, doctora en medicina preventiva y salud pública, profesora de futuros médicos en el Hospital General Universitario Gregorio Marañón, comprueba como muchos de ellos "llegan a ser médicos por sus notas, no porque quieran ser médicos porque ni siquiera han pensado si les gustaba". Dirigidos desde el colegio con frases que todos han escuchado en algún momento: "con esa nota cómo no vas a hacer medicina". Pero la teoría es una cosa y la práctica otra.

Empujados desde el colegio

"Una presión absurda, porque se supone que los estudiantes más tops del colegio o del instituto tienen que estudiar medicina" añade Ana Tapias, médico residente de cuarto año en la especialidad de medicina del trabajo. "Con las notas que exigen entrarán los cerebritos, pero muchos sin vocación". En su caso, ver a su padre, también médico, disfrutar con su profesión fue lo que le animó a intentarlo, aunque con un proyecto de vida bien distinto. "Yo busco calidad de vida, ya sé que el sueldo, sin guardias, apenas pasará de milerurista, pero descubrí esta especialidad a tiempo".

Saben que después de años de autoexigencia, de buscar la perfección para conseguir entrar, para terminar la carrera, para conseguir plaza en la especialidad que creen les podría gustar, y un contrato más o menos estable durante la especialización, llegarán a un sueldo de milerurista, del que solo les salva las guardias, el no dormir.

¿Cómo se mide la vocación? Pregunta que cambian inmediatamente por esta otra: ¿qué estás dispuesto a dar por la vocación? "Las generaciones anteriores tenían otra visión, todo por la medicina, pero nosotros no". La precariedad presente durante toda la conversación.

Carmen ha vuelto a intentarlo. Repitió el MIR y ha elegido la especialidad de medicina preventiva y de la salud. Primer año. "Me gusta mucho esto, pero es un trabajo, quiero que me paguen y quiero tener mis horas de descanso". La vocación no puede ser un látigo para explotar a la gente.

 
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