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El primer día de Manuel fuera de prisión: "Le pedí a mi chica que me abandonara"

Radio Madrid pasa con un interno las primeras horas de su primer permiso fuera de prisión. Una vez cumplida una cuarta parte de la condena, los reclusos tienen derecho a como máximo siete días. La finalidad es prepararlos a su reinserción en sociedad

Salir de permiso

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Victoria Kent fue directora general de Prisiones del Gobierno Provisional en 1931. Su intención además de humanizar las cárceles, era que éstas permitieran la reinserción y la rehabilitación de los presos. Esto es lo que casi un siglo después siguen intentando. Pero gran parte de su intención tiene que tener reflejo en aquellos que ingresan en la cárcel. Ese momento es el peor. El de que un furgón te lleve, junto con otras personas que desconoces, a prisión. Es caer en un pozo negro. Es uno de los peores momentos que puede experimentar un ser humano.

Otro de los peores es recibir esa llamada : "¡Hola, me han detenido!". Naiara la recibió el 15 de junio de 2022. Era Manuel, su novio con el que llevaba conviviendo seis años. La telefoneó desde la Comisaría de Vallecas, después de haber prestado declaración. "¿Y es muy grave?" preguntó Naiara; "mucho" escuchó desde el otro lado de la línea. El tráfico de drogas es de los que jurídicamente se considera que causa graves daños a la sociedad, por eso se pena con mucho tiempo de cárcel. Seis años le cayeron a Manuel. Han transcurrido veintidós meses desde aquel fatídico día. Manuel ya no es aquel Manuel. La cárcel le ha cambiado, o por lo menos, él ha visto la oportunidad que se le ofrecía. Desde el fondo del pozo, uno no puede más que subir o ahogarse. Manuel no es de los que se ahoga, no por lo menos ahora, cuando él y su novia han comenzado un proceso para quedarse embarazados. La cárcel no ha sido un obstáculo.

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"¡Ay, qué nervios!"

Ambos han consentido a que Radio Madrid les acompañe durante las primeras horas de permiso de él y colarse en la intimidad de ambos. Más de cincuenta kilómetros separan Madrid del centro penitenciario al que nos dirigimos. El coche casi no necesita conductor y la M-40 se la conoce de memoria. Desde lejos ya avistamos la torre de vigilancia, cosa que nos dice que apenas estamos a cinco minutos de nuestro destino. Al llegar al aparcamiento, uno se pregunta cómo se sentirán aquellos que todos los fines de semana van a la cárcel sin haber delinquido. Todos esos familiares, esas madres, esas compañeras, esas hermanas, la mayoría mujeres, que acompañan las condenas, sufren también su especial condena. Pero hoy no es día de condena. Hoy es día de felicidad y nervios. Las cinco de la tarde es la hora a la que se supone que saldrán los presos de permiso, pero son las cinco y aún no hay movimiento en la puerta. Un funcionario, detrás un cristal blindado nos informa que puede haber retrasos, que es lo normal, pero que no desesperemos. Sin embargo, llega el momento. Naiara ve a Manuel acercarse al portón de seguridad con un grupo de otros cinco reclusos. "¡Ay, qué nervios!" exclama. El recluso ya no lo es. Ya salen. Tras las rejas, ahora es un ciudadano libre. Por lo menos hasta el lunes. Hoy es jueves.

La imagen es la siguiente: Naiara se ha puesto más guapa que habitualmente. Se ha calzado sus zapatitos de charol negro con sus calcetines blancos y se ha engalanado con su minifalda roja . Parece una muñeca. Corre como una bala hacia él y los dos perros de ambos se sueltan sin querer. Se abrazan. Se besan. Lloran. Y los canes ladran contentos enseñando las fauces mientras corretean alrededor de Manuel. "Estoy muy contento. No sé qué siento. Vivir en la cárcel es una montaña rusa, pero puedes estar tranquilo si no buscas líos. Yo me he encontrado a mi mismo. Ahora aún me falta un año y dos meses para el tercer grado, y otros tres años para acabar mi condena. Ya he demostrado dentro que he cambiado y que no quiero volver ni volver a delinquir. He aprendido. A partir de ahora es lo fácil". Naiara le mira sonriente y asiente. Pero añade: "Aún queda confirmar que no me he equivocado y que hice bien en esperar. Sólo el tiempo dirá"

Ahora toca ir a firmar un documento al cuartelillo de la Guardia Civil que demuestra que no es un prófugo. Y luego ver a mamá. Esa madre que todo lo perdona y que le espera con ansiedad. ¡Mucha suerte a los tres!

Myriam Soto

Myriam Soto

Redactora de Radio Madrid

 
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