El tejo, el árbol que nunca tiene prisa y resiste en silencio
Una especie longeva y rodeada de mitos que encuentra en la Sierra del Sistema Central uno de sus refugios más discretos y mejor conservados
Espacio de naturaleza en el que hablamos del Tejo
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Colmenar Viejo
Pocos árboles despiertan tanta curiosidad y tantos malentendidos como el tejo. Conocido científicamente como Taxus baccata, este árbol singular será el protagonista del próximo espacio de Naturaleza, donde conoceremos mejor su presencia en la Sierra —la franja del Sistema Central que cubre el noroeste de la Comunidad de Madrid— y su sorprendente capacidad de adaptación, tanto en el monte como en los jardines públicos de la capital.
De la mano de Jaime Braschi, aficionado a las plantas con especial predilección por las especies más raras y resistentes, hablaremos de un árbol que huye de las prisas y de los espacios alterados. El tejo no busca altura ni protagonismo: crece muy lentamente, necesita agua corriente o subterránea y prefiere lugares frescos y poco intervenidos, como barrancos y vaguadas. No es que le gusten las montañas, es que allí encuentra lo que más valora: tranquilidad y humedad constante.
Distribución
Aunque su distribución es amplísima —desde Norteamérica hasta China, pasando por casi toda Europa—, en la Sierra madrileña suele aparecer de forma discreta, más a menudo aislado que formando grandes tejedas. Los más conocidos se encuentran en el valle del Lozoya, aunque su popularidad no siempre juega a su favor: el pisoteo y la presión humana también dejan huella en estos árboles pacientes.
Rodeado de mitos desde tiempos precristianos, el tejo arrastra una fama de árbol venenoso que conviene matizar. Sí, es tóxico, pero no más que muchas otras plantas con las que convivimos a diario. En la naturaleza, aves y mamíferos se alimentan de sus frutos sin problema, e incluso favorecen su reproducción. El verdadero peligro, paradójicamente, no está en su toxicidad, sino en la alteración de su hábitat.
Presente y futuro
Los Amigos del Tejo y de las Tejedas, colectivo que lleva más de 30 años estudiando la especie, lo definen con una frase que resume bien su carácter: “el tejo nunca tiene prisa”. Capaz de vivir siglos, crecer con poca o mucha luz y adoptar formas imprevisibles, este árbol oscuro y denso es un auténtico superviviente. Los censos realizados en la Sierra revelan miles de ejemplares de todas las edades, una señal clara de que, si se les deja en paz, los tejos seguirán prosperando.
Frente a quienes consideran que es una especie en regresión, hay quien defiende que los tejos resisten mejor que otros bosques más artificiales. Mientras el clima no cambie de forma radical y se respeten los rincones donde encuentran agua y refugio, este árbol antiguo seguirá ahí, creciendo despacio, casi en silencio, como lleva haciendo desde hace siglos.

Nacho López Llandres
Desde 2005 presento el tramo local de Hoy por Hoy en la zona norte de Madrid, además de contar noticias...




