Ecuador sin postal: “Nuestra piel muerta”, la novela que incomoda y deja huella
Un viaje al lado más oscuro del mundo rural ecuatoriano con la obra de Natalia García Freire, una historia breve, intensa y perturbadora sobre la herencia de la violencia familiar

Viaje al mundo en 90 libros sobre Ecuador, con “Nuestra piel muerta” de Natalia García Freire
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Alcobendas
La ruta literaria de ‘Vuelta al mundo en 90 libros’ hace escala en Ecuador, pero lejos de selvas exuberantes y realismo mágico luminoso. En esta ocasión, el viaje se adentra en el campo, en el silencio espeso de la hacienda familiar y en la violencia que se transmite de generación en generación. El libro elegido por Davel Puente para representar al país es ‘Nuestra piel muerta’, de Natalia García Freire.
Publicada en 2019, la novela situó a su autora como una de las voces más potentes y singulares de la nueva narrativa ecuatoriana. Se trata de un texto inquietante, extraño y profundamente físico. Una historia que no busca agradar, pero que atrapa desde la incomodidad.
Una voz que rompe con el folclore
Natalia García Freire construye su literatura desde un lugar muy particular, donde conviven la poesía, la brutalidad y el simbolismo sin perder tensión narrativa. Su obra está marcada por el mundo rural, la herencia familiar, el peso del patriarcado y una relación casi enfermiza entre las personas y la tierra.
Lejos de idealizar el campo, la autora lo presenta como un espacio de violencia heredada, abuso de poder y culpas que se transmiten como si fueran una enfermedad. En este sentido, conecta con una corriente latinoamericana contemporánea que apuesta por novelas breves, densas e intensas, donde el horror no es fantástico sino doméstico.
En Ecuador, ‘Nuestra piel muerta’ supuso un giro importante, ya que rompió con una imagen más folclórica o turística del país para ofrecer una mirada cruda, incómoda y profundamente actual.
Un regreso al origen del daño
La novela está narrada por una mujer que regresa a la hacienda familiar tras la muerte de su madre. Pero no se trata de un retorno nostálgico, sino de una inmersión en un territorio contaminado por el pasado. Allí vive su hermano, con quien mantiene una relación ambigua, tensa y cargada de silencios.
La figura del padre —autoritario, violento, casi mítica— domina el relato incluso después de su muerte. Su sombra impregna la casa, la tierra y los cuerpos. La hacienda no es solo escenario: es un personaje más. La naturaleza, los animales y los recuerdos forman una materia única, donde la violencia parece formar parte del paisaje.
La narración avanza como una excavación. Fragmentos de infancia, escenas dispersas y sensaciones físicas intensas van revelando, poco a poco, el núcleo del horror. No hay linealidad ni explicaciones fáciles: el lector comprende lo ocurrido casi a su pesar, como si desenterrara algo que preferiría no ver.
Tres momentos clave
Entre los pasajes más memorables se encuentra el regreso inicial a la hacienda, una apertura poderosa donde la casa parece observar y la tierra parece recordar. Desde el primer momento, el tono es inquietante.
También resulta fundamental la compleja relación entre los hermanos, construida desde el afecto, la dependencia y el resentimiento. Es uno de los aspectos más incómodos y mejor logrados del libro.
Finalmente, llega el momento en que el origen del daño familiar se hace visible. No hay redención ni alivio, pero sí una comprensión brutal de la violencia que lo ha impregnado todo.
Una lectura que dialoga con el presente
Leída hoy, ‘Nuestra piel muerta’ conecta con debates muy actuales como la violencia estructural, el abuso de poder dentro del ámbito familiar, la memoria traumática y la relación entre territorio y cuerpo. Es una novela que dialoga con otras voces latinoamericanas que exploran lo siniestro desde lo íntimo.
Representa un Ecuador rural, cerrado y opresivo, muy alejado de la imagen turística habitual. Breve y absorbente, se lee casi de un tirón, aunque deja un poso duradero.
Una obra profundamente local, culturalmente específica y literariamente arriesgada. No es una lectura para todos los públicos, pero sí para quienes buscan descubrir un país desde dentro, sin filtros ni idealizaciones.
Una novela que incomoda, pero precisamente por eso amplía y transforma la mirada sobre Ecuador. Una de esas historias que no se olvidan fácilmente.

Nacho López Llandres
Desde 2005 presento el tramo local de Hoy por Hoy en la zona norte de Madrid, además de contar noticias...




