Nuestros parques y jardines, refugios de biodiversidad a la vuelta de la esquina
La avifauna urbana revela el enorme valor ecológico de los espacios verdes y alerta sobre la necesidad urgente de protegerlos
Espacio de naturaleza sobre el valor ornitológico de nuestros parques y jardines
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Colmenar Viejo
La naturaleza no siempre exige distancia ni silencio absoluto. A menudo se manifiesta en el entorno más cotidiano: el parque del barrio, el jardín comunitario o incluso la vista desde una ventana. Las aves, discretas pero constantes, nos recuerdan que la vida silvestre persiste en el corazón de nuestras ciudades, ocupando cada rincón donde haya árboles, agua o un mínimo refugio.
Muchas especies encuentran en edificios y tejados lugares adecuados para anidar, mientras que parques y jardines funcionan como verdaderos oasis urbanos. Incluso con escasa masa forestal, estos espacios ofrecen alimento, cobijo y zonas de reproducción para una sorprendente diversidad de aves. La observación de esta avifauna urbana no solo acerca la naturaleza a la ciudadanía, sino que revela la riqueza biológica que puede albergar el paisaje cotidiano.
La experiencia de observar
La presencia de aves varía a lo largo del año, transformando la experiencia de quienes observan con atención. En invierno aparecen visitantes estacionales; en primavera y otoño, especies migratorias en tránsito; y en verano, cantos que marcan el ritmo de los días cálidos. Esta dinámica convierte la observación de aves en una actividad viva, cambiante y accesible, capaz de revelar más de un centenar de especies distintas en un solo año dentro de espacios verdes urbanos.
Sin embargo, estos refugios naturales conviven con amenazas constantes. Proyectos urbanísticos y nuevas infraestructuras reducen o fragmentan hábitats esenciales para la fauna. En el entorno de Colmenar Viejo, por ejemplo, parcelas utilizadas como zona de reproducción e invernada por diversas especies están destinadas a desaparecer ante la construcción de nuevas instalaciones deportivas. De forma similar, el corredor ambiental del Arroyo del Espino afronta un futuro incierto debido al desarrollo comercial previsto en sus inmediaciones.
Experiencias de renaturalización
No todos los casos, sin embargo, apuntan en la misma dirección. Experiencias de renaturalización como la recuperación del Río Manzanares demuestran que es posible reconciliar desarrollo urbano y conservación ecológica cuando existe voluntad de proteger el entorno.
Los parques urbanos y los espacios naturales periurbanos no son simples zonas de recreo: constituyen ecosistemas vivos que sostienen biodiversidad, regulan el ambiente y enriquecen la experiencia cotidiana de quienes habitan la ciudad. Reconocer su valor y preservarlos es, en última instancia, una forma de proteger la calidad de vida colectiva. Porque un entorno sin aves no solo es más silencioso: es también un mundo más pobre.

Nacho López Llandres
Desde 2005 presento el tramo local de Hoy por Hoy en la zona norte de Madrid, además de contar noticias...




