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IBAs en la Sierra Norte de Madrid: la infraestructura silenciosa que sostiene la biodiversidad

El papel estratégico de las Áreas Importantes para las Aves y la Biodiversidad en el norte madrileño y la fuerza de la ciencia ciudadana en su conservación

Espacio de Naturaleza sobre las IBA´s en la zona norte de Madrid

Espacio de Naturaleza sobre las IBA´s en la zona norte de Madrid

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Colmenar Viejo

Esta semana, en la sección de Naturaleza, conversamos con Eduardo Ramírez, vicepresidente de ANAPRI, para comprender por qué las IBAs de la Sierra Norte de Madrid no son solo enclaves valiosos para las aves, sino auténtica infraestructura ecológica. En un territorio tan presionado como la Comunidad de Madrid, las IBAs del norte —entre sierras, embalses, dehesas y corredores fluviales— sostienen procesos ecológicos esenciales, conectividad entre hábitats y resiliencia frente al cambio climático.

Cuando pensamos en conservación, solemos imaginar parques nacionales o grandes reservas naturales. Sin embargo, existe una cartografía científica menos conocida pero decisiva que orienta dónde es más urgente actuar: las IBAs (Important Bird and Biodiversity Areas). Identificadas a nivel global por BirdLife International e inventariadas en España por SEO/BirdLife, estas áreas funcionan como una brújula técnica que prioriza territorios clave con criterios comparables en todo el mundo.

Una IBA no es una etiqueta simbólica ni estética

Se trata de un espacio identificado mediante criterios cuantitativos estandarizados que determinan si alberga especies globalmente amenazadas, endemismos de rango restringido, comunidades asociadas a biomas específicos o grandes concentraciones de aves en momentos clave como la migración o la invernada. Esa metodología convierte a las IBAs en una “moneda común” de la conservación internacional: permite comparar un humedal ibérico con una estepa cerealista o un bosque tropical bajo los mismos umbrales científicos.

Aunque no constituyen automáticamente una figura legal, las IBAs tienen un peso real en la planificación ambiental. Han servido de base para ampliar redes de espacios protegidos y funcionan como referencia técnica en evaluaciones de impacto. De hecho, el Tribunal de Luxemburgo ha considerado el inventario IBA como referencia válida cuando se analiza si un Estado ha designado suficientes Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPA), consolidando su reputación como “lista sombra” científica.

En el norte de la Comunidad de Madrid, varias IBAs ilustran esta relevancia estratégica

La IBA Alto Lozoya – La Pedriza integra pinares, melojares, encinares y pastizales de montaña junto a grandes masas de agua como los embalses de Santillana y Pinilla, generando un mosaico de hábitats que multiplica nichos ecológicos a lo largo del año. Más al noreste, la IBA Sierra de Ayllón combina robledales, jarales y hayedos relictos en torno al embalse de El Atazar, un enclave de alto valor sometido también a presiones derivadas de cambios de uso del suelo y determinadas infraestructuras.

En el entorno periurbano, la IBA El Pardo – Viñuelas evidencia que la biodiversidad no es un fenómeno remoto. Este encinar adehesado, vinculado al embalse de El Pardo, convive con el crecimiento residencial y las infraestructuras del área metropolitana, lo que plantea retos claros en términos de fragmentación y tendidos eléctricos. Como subraya Ramírez, estas áreas no son “islas verdes”, sino nodos dentro de una red ecológica que sostiene a especies móviles como grandes rapaces y aves carroñeras, cuya conservación depende de una malla de espacios conectados.

A estas presiones clásicas se suman amenazas más complejas

Informes recientes sobre muestreos en IBAs españolas han detectado contaminación química en una parte significativa de las áreas analizadas, recordando que un espacio valioso no siempre es sinónimo de espacio sano. En paralelo, la expansión de energías renovables plantea un desafío de planificación: no se trata de frenar la transición energética, sino de decidir dónde y cómo ubicar instalaciones para evitar solapamientos con corredores críticos para especies sensibles como el águila imperial ibérica.

En este contexto, la ciencia ciudadana se convierte en un elemento estructural, no accesorio. Programas de seguimiento impulsados por SEO/BirdLife, junto a herramientas como NaturaAlert y plataformas globales como eBird o Natusfera, permiten generar datos continuos sobre poblaciones y amenazas. En el norte madrileño, asociaciones como ANAPRI canalizan ese trabajo voluntario en censos y seguimientos locales que aportan información clave para anticipar riesgos.

Las IBAs, en definitiva, no son solo espacios señalados en un inventario. Son la infraestructura silenciosa que mantiene en funcionamiento procesos ecológicos esenciales en el norte de Madrid. Conservarlas no es una cuestión simbólica: es una inversión en conectividad, agua, bosque mediterráneo y futuro climático.

Nacho López Llandres

Nacho López Llandres

Desde 2005 presento el tramo local de Hoy por Hoy en la zona norte de Madrid, además de contar noticias...

 

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