El Cristo de los Doctrinos: así fue la restauración que salvó una devoción histórica de Alcalá de Henares en 1997
Hace 29 años, la histórica talla del Cristo de los Doctrinos fue sometida a una compleja restauración. La intervención, llevada a cabo por el Instituto de Conservación y Restauración de Bienes Culturales, devolvió estabilidad estructural y coherencia estética a la imagen atribuida al jesuita Domingo Beltrán.

Ministerio de Cultura

Alcalá de Henares
En 1997, la venerada imagen del Cristo de los Doctrinos, una de las grandes devociones cristíferas de Alcalá de Henares, fue sometida a un complejo proceso de restauración que marcó un antes y un después en su conservación. La intervención fue realizada por el Instituto de Conservación y Restauración de Bienes Culturales, siguiendo criterios técnicos propios de la restauración de bienes culturales y teniendo en cuenta el profundo valor sentimental y religioso de la obra.
La talla, atribuida al jesuita Domingo Beltrán y fechada entre 1587 y 1590, es una escultura de bulto redondo realizada en madera americana —descrita en el informe como “satin”—, ligeramente mayor que el tamaño natural. Se conserva sin policromía, salvo el paño de pureza dorado, y está fijada a una cruz con clavos de hierro recubiertos de plata.
Una escultura marcada por el paso del tiempo
El diagnóstico previo reveló un estado de conservación delicado. La madera presentaba grietas generalizadas debido a los cambios ambientales —sequedad y humedad— y a tensiones internas del soporte. El tórax y el abdomen estaban cuarteados y mostraban restos de antiguas restauraciones mal ejecutadas, con rellenos de cera y pastas inestables.
Las extremidades concentraban los daños más graves. Ambas piernas habían sufrido fracturas y estaban sujetas con clavos sin corrección estructural eficaz. Las manos mostraban dedos repuestos y fisuras, mientras que la cabeza presentaba grietas visibles, pérdidas en mechones de cabello y una corona de espinas muy incompleta. También se detectaron ataques de insectos xilófagos, deformaciones en los apliques metálicos y suciedad acumulada por humo de cirios y barnices envejecidos.
El plan de tratamiento se diseñó bajo principios de mínima intervención, reversibilidad y respeto histórico. Los restauradores priorizaron la estabilidad estructural y la recuperación formal sin alterar la naturaleza devocional de la imagen.

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La intervención comenzó desmontando la imagen de la cruz para trabajar con seguridad. Tras la desinsectación, se consolidaron las galerías internas con resinas específicas y se rellenaron pérdidas con compuestos compatibles.
Uno de los trabajos más delicados fue la corrección estructural de las piernas: se eliminaron clavos antiguos, se limpiaron adhesivos degradados y se recolocaron las piezas con espigas de madera, devolviendo la alineación correcta. El mismo procedimiento se aplicó a las manos.
En paralelo, los elementos de plata —clavos, remates e INRI— fueron limpiados, enderezados, soldados cuando fue necesario y protegidos con barnices reversibles. El paño de pureza recibió una reintegración de preparación y oro fino en las zonas en riesgo de desprendimiento.

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Finalmente, los injertos se armonizaron cromáticamente con anilinas al agua y se aplicó una capa protectora de barniz mixto brillo-mate, cerrando el proceso.
La restauración de 1997 devolvió estabilidad estructural, legibilidad estética y dignidad material a una imagen profundamente arraigada en la religiosidad popular complutense. Más allá de la dimensión técnica, la intervención aseguró que el Cristo pudiera seguir siendo venerado sin comprometer su integridad física.

Saúl Quijada
Licenciado en Periodismo. Presentador de Hora 14 y editor de Hoy por Hoy Henares donde aborda, cada...




