El Monte de Valdelatas: Un encinar lleno de vida en la frontera de la ciudad
Una muestra de cómo los espacios naturales periurbanos pueden alcanzar una sorprendente biodiversidad gracias a una compleja estructura vegetal en constante cambio

Espacio de Naturaleza sobre espacios naturales periurbanos
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Alcobendas
Los espacios naturales situados junto a las grandes ciudades funcionan de manera muy distinta a los ecosistemas alejados de la actividad humana. En estas zonas, la presión constante de visitantes, infraestructuras o cambios en el territorio hace que la naturaleza viva en un equilibrio dinámico, donde las especies aparecen, desaparecen y se reorganizan con rapidez.
Un ejemplo claro se encuentra en el encinar periurbano del Monte de Valdelatas
Este monte puede servir como modelo para comprender lo que ocurre en otros espacios muy frecuentados de la región, como el Monte de El Pardo o la Casa de Campo.
En Valdelatas domina el encinar mediterráneo, con la encina Quercus rotundifolia como especie principal en buena parte del territorio. Sin embargo, la historia del monte ha dejado huellas visibles: antiguas repoblaciones forestales introdujeron especies como el Pinus pinea, el Pinus pinaster o el Pinus halepensis, generando un paisaje mixto que multiplica los nichos ecológicos disponibles.
El resultado es un auténtico mosaico de hábitats donde conviven plantas de orígenes muy diversos: flora de antiguos cultivos, especies ruderales asociadas a caminos, vegetación nitrófila ligada a la actividad humana y plantas higrófilas que prosperan en arroyos o zonas húmedas. Todas ellas interactúan con el encinar natural, creando una estructura vegetal sorprendentemente compleja.
Los datos confirman esta riqueza
En Valdelatas se han registrado alrededor de 630 taxones de plantas, una cifra muy elevada para un espacio de apenas 300 hectáreas dentro de los encinares madrileños. Comparado con el inventario botánico realizado en 1989 por Mar Génova Fuster, que identificó 507 especies, se observa incluso un aumento de la biodiversidad.
Sin embargo, este crecimiento no significa que todas las especies permanezcan. Al contrario: muchas desaparecen mientras otras nuevas ocupan su lugar. La vegetación evoluciona rápidamente según los ciclos climáticos, la humedad del suelo o la actividad humana. Es un proceso continuo de rotación ecológica, donde el número total de especies puede mantenerse o incluso aumentar, aunque la composición cambie.
Pero esta riqueza también tiene riesgos
La presencia humana favorece la llegada de especies invasoras como Ailanthus altissima o Robinia pseudoacacia, que pueden alterar el equilibrio natural del bosque. A ello se suman intervenciones como limpiezas forestales, cambios en los cursos de agua o el intenso uso recreativo del monte.
El desafío de estos encinares periurbanos es encontrar el equilibrio: mantener su gran biodiversidad sin perder la esencia del bosque mediterráneo que les da origen. Porque, a las puertas de la ciudad, estos espacios naturales siguen siendo refugios de vida… y también laboratorios vivos donde observar cómo la naturaleza se adapta a un mundo cada vez más humanizado.

Nacho López Llandres
Desde 2005 presento el tramo local de Hoy por Hoy en la zona norte de Madrid, además de contar noticias...




