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El secreto de las plantas acidófilas: cómo cuidarlas y hacer que luzcan en todo su esplendor

Algunos trucos caseros para lograr hortensias azules, azaleas llenas de flores o arces espectaculares

Espacio de Botánica sobre las plantas acidófilas

Espacio de Botánica sobre las plantas acidófilas

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Miraflores de la Sierra

En el espacio de Botánica de esta semana con Óscar Domínguez, hablamos de las llamadas plantas acidófilas, que son aquellas que crecen mejor en suelos ácidos, es decir, en terrenos con un pH bajo. El pH es una escala que mide la acidez o alcalinidad del suelo, cuanto más bajo es el número, más ácido es el terreno. Este detalle, que puede parecer técnico, es clave para que muchas plantas se desarrollen correctamente, ya que condiciona la forma en la que absorben los nutrientes.

Cuando el suelo es demasiado alcalino, las plantas acidófilas suelen mostrar síntomas claros: hojas amarillentas, crecimiento débil o escasa floración. Por eso, especies tan conocidas como las hortensias, azaleas, rododendros, gardenias, brezos, arándanos o algunos arces necesitan un sustrato específico o un suelo naturalmente ácido.

Modificar el pH del suelo de forma casera es posible con algunos trucos sencillos

Por ejemplo, añadir turba rubia, compost de hojas, corteza de pino o incluso posos de café puede ayudar a acidificar ligeramente la tierra. También se puede recurrir al riego con agua ligeramente acidificada con unas gotas de vinagre o limón, siempre con moderación.

Uno de los casos más curiosos es el de las hortensias. Su color depende precisamente del pH del suelo: en suelos ácidos las flores tienden a ser azules, mientras que en suelos más alcalinos se vuelven rosadas. Un truco habitual para recuperar el azul es añadir sulfato de aluminio o incluso enterrar pequeños objetos de hierro cerca de la planta.

Las azaleas y los rododendros, muy apreciados por sus espectaculares flores, también necesitan suelos ácidos y bien drenados. Les conviene evitar el agua muy calcárea y mantener siempre una cierta humedad en el sustrato.

En el caso de los brezos, estas plantas de pequeño tamaño destacan por su resistencia y por su capacidad para cubrir jardines con flores durante buena parte del año, siempre que el suelo mantenga ese carácter ácido que tanto les favorece.

Las gardenias, por su parte, son famosas por su aroma y por su elegancia, aunque también por su delicadeza. Para que florezcan bien necesitan buena luz, humedad ambiental y un suelo ácido rico en materia orgánica.

Entre las plantas acidófilas también destacan los arándanos, que además de ser muy decorativos producen frutos muy valorados en la cocina y la alimentación saludable. Y en el mundo de los árboles ornamentales, algunos arces ofrecen espectaculares cambios de color en sus hojas, especialmente en otoño, siempre que crezcan en el tipo de suelo adecuado.

En definitiva, conocer el pH del suelo y adaptarlo a las necesidades de cada planta puede marcar la diferencia entre un jardín apagado y uno lleno de vida, color y floración. Una pequeña lección de botánica que demuestra que, a veces, el secreto está bajo nuestros pies.

Nacho López Llandres

Nacho López Llandres

Desde 2005 presento el tramo local de Hoy por Hoy en la zona norte de Madrid, además de contar noticias...

 

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