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Quico Catalán dilapidó 52,7 millones de euros del patrimonio neto del Levante UD en sus últimos cuatro años como presidente ejecutivo

El club presentará en la Junta General del 26 de marzo pérdidas por valor de 6 millones de euros, encadena tres ejercicios en negativo y tendrá que vender jugadores por un mínimo de cinco millones si no logra el ascenso a Primera

Quico Catalán, presidente del Levante UDwww.levanteud.com

Valencia

Quico Catalán no merece ni más premios, ni más reconocimientos porque ha dejado el Levante como un solar, completamente arrasado y que todavía no ha reventado en mil pedazos por el préstamo de 23 millones de euros de José Danvila, por la carencia de dos años que el CEO ha logrado en la mediación para obtener una nueva refinanciación y por los 14 millones de euros de beneficio neto en traspasos de jugadores que se consiguieron el pasado verano.

Una entidad decana y centenaria, de la que sus abonados se enorgullecían de ser muy grandes aunque supieran que su dimensión social era pequeña en una ciudad como Valencia, cambiar el curso de una historia forjada en el maldito yunque de la adversidad y fundamentalmente el lugar de penumbra desde donde el propio Catalán rescató al club en 2010, haberlo conducido a unas pérdidas progresivas de 52,7 millones de euros de su patrimonio neto en tan solo cuatro ejercicios y con toda la riqueza que ha pasado por sus manos, solo puede ser obra de un enorme irresponsable y con el agravante condenatorio de ser su presidente ejecutivo.

Quico Catalán era el único empleado en toda la estructura del club que percibía un salario de alta dirección. Unos emolumentos que el Consejo y la Fundación le mejoraron de 347 mil euros anuales a 570 mil, por haber generado beneficios durante casi una década y coronados con un patrimonio neto de 41,8 millones de euros al cierre del ejercicio 2019/20. Esa fortaleza económica de un club que logró asentar en Primera división sería su gran legado y dotaría de una próspera estabilidad financiera a futuras generaciones de levantinistas.

Sin embargo, en sus últimos cuatro años de legislatura y según refleja el informe de auditoría que se ha presentado de cara a la Junta General programada para el 26 de marzo de 2024, el fondo de maniobra que dejó, el día de su dimisión en diferido, era negativo (-23,4 millones de euros), así como el patrimonio neto (-10,9 millones de euros).

Son los datos y las imágenes de una negligente gestión y con la que se debería granjear una acción de responsabilidad societaria, si el Levante no fuese un club social en el que nunca pasa nada y porque varios de los miembros de su propio Consejo son ahora los que quieren evitar que la entidad se despeñe.

El Levante pasó en cuatro años de tener unos fondos propios de 52,5 millones en la temporada 2019-20 a sentir la vergüenza de tenerlos en negativo -10,6 millones en la temporada 2022-23 y no poder cerrar ni el Concurso de Acreedores al no atender el vencimiento con el Ayuntamiento de Valencia.

José Manuel Alemán Landete

Como consecuencia de los 6 millones de euros de pérdidas generadas en la temporada 2022-23 y de las perdidas acumuladas en los ejercicios anteriores por valor de 45,2 millones, el patrimonio neto se sitúa por debajo de las dos terceras partes del capital social, que sigue fijado en 7,5 millones de euros hasta que se realice la futura ampliación. La auditoria que se ha realizado a finales de 2023 habla de una incertidumbre material de la empresa.

En términos coloquiales, el Levante está para bajar la persiana. El club no ha entrado en causa de disolución por la consideración contable que la Liga de Fútbol Profesional hace del préstamo participativo suscrito con CVC Capital Partners y porque entre bambalinas un vicepresidente de Tebas no podía convertirse en un error 404 para el sistema de control económico de los clubes.

Esta pirueta financiera hará de pantalla protectora mientras internamente tratan de solucionar los problemas a corto plazo con los préstamos de José Danvila, una futura ampliación de capital, la refinanciación con Rothschild y otro mercado de verano en el que habrá que vender jugadores para que se pueda atender al principio de empresa en funcionamiento y no haya que echar el cierre.

Resulta una obviedad, pero no por ello menos importante, que un posible ascenso del Levante a Primera división supondría la solución a la mayoría de los problemas económicos y financieros que tendría que resolver a lo largo de los próximos cinco años.

Quico, líder en ingresos y en despilfarro

La última legislatura de Quico Catalán arrancó con el mayor ingreso de la historia en traspasos tras las ventas de Jefferson Lerma y de Emmanuel Boateng y que se unieron al incremento de los derechos de televisión tras una negociación conjunta de los 42 clubes de la LFP. Solo entre estos dos conceptos el Levante ingresó en la temporada 2018-2019, la friolera de 92 millones de euros contra los 89,6 millones de unos gastos relevantes que ya eran poco sostenibles en tiempos de bonanza económica.

La temporada 2019-20 en la que se paralizó el futbol por la pandemia, también consiguió cerrar el ejercicio con ventas por valor de 20,2 millones de euros y que unidos a los 51,3 de televisión, le permitieron ingresar 71,5 millones por estos dos conceptos, aunque ya tenía que tirar de otras partidas para cubrir los 79,8 de gastos que seguía siendo una cifra muy elevada para la dimensión del Levante.

José Manuel Alemán Landete

Sin embargo, Quico Catalán ya le había perdido el respeto al dinero, fichando futbolistas intrascendentes con salarios elevados, despilfarró en renovaciones como la de José Campaña o en sueldos inasumibles como el de Rubén Vezo por cinco temporadas, sobredimensionó la estructura del club en muchos departamentos sin reparar en gastos que terminarían engordando la nómina de empleados y condicionando el equilibrio presupuestario de las temporadas 2020-21 y 2021-22 "a una serie de traspasos ficción de sus grandes estrellas", quedándose atrapado en una tormenta perfecta, con una pandemia, la paralización del mercado, el frenazo en seco de ingresos contra un volumen desorbitado de gastos y con un descenso de categoría que terminó por estrangular al Levante.

En la temporada 2020-21, los gastos eran irrefrenables y se dispararon a los 86,8 millones de euros contra unos ingresos limitados a solo 65 millones, algo que se repitió en la 2021-22 con unos gastos de 82,1 contra unos ingresos de 65 millones.

Ni el peor de los escenarios frenó su ímpetu de reinvertir en la temporada 2022-23, los casi 20 millones que la LFP le proporcionó como ayuda al descenso y que consumió en su totalidad para tener la plantilla más potente de la categoría de plata, no adelgazó ni un gramo la estructura del club y siendo consciente, por indicación del auditor en 2022, que en caso de no lograr el regreso a Primera podría llevar al Levante a una situación financiera de extrema gravedad, tan extrema que el propio Quico Catalán y varios de los actuales consejeros tuvieron que poner dinero de su patrimonio personal para esquivar un posible descenso administrativo.

José Manuel Alemán Landete

Ahora el Levante es un club completamente rehipotecado y que sobrevive gracias a los préstamos de José Danvila y a la fe que Bridge Securisation S.C.A. (Rothschild), como principal acreedor, ha depositado en el actual Consejero Delegado para recuperar su inversión con sus respectivos intereses o en caso contrario la banca privada luxemburguesa será la que marcará el futuro de la entidad granota.

El papel de La Fundación del Levante será intrascendente en el futuro, aunque tras el acuerdo con Danvila conserve un 37,5 % del capital social, porque será fundida a negro en el momento que haya que ir a una nueva ampliación, los acreedores eleven el nivel de presión sobre la devolución de los préstamos y no haya más alternativa que la venta global a un nuevo inversor.

José Manuel Alemán

Redactor de Deportes en Radio Valencia

 
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