Ontinyent reconoce a Marcos Morau con su máxima distinción
El coreógrafo y director artístico recibe la Medalla de Oro de la Ciudad en un acto solemne celebrado en la Sala Gomis y arropado por autoridades, familiares y representantes de la sociedad local

Marcos Morau posa junto a toda la corporación municipal tras recibir la Medalla de Oro de la Ciudad de Ontinyent

Ontinyent
La ciudad de Ontinyent entregaba este viernes 26 de diciembre la Medalla de Oro de la Ciudad al coreógrafo y director artístico ontinyentí Marcos Morau Ureña, conocido artísticamente como Marcos Morau, en un acto solemne que llenaba de público la Sala Gomis.
Autoridades municipales, familiares, amistades, compañeros y compañeras, así como representantes de entidades y asociaciones locales, quisieron acompañar al creador en una ceremonia muy emotiva. En el acto, Morau puso de manifiesto el profundo vínculo con su ciudad natal, que le entregaba la Medalla de Oro de manos del alcalde Jorge Rodríguez, entre los aplausos de un emocionado público que lo ovacionó en pie.
Cabe recordar que la distinción supone el máximo reconocimiento honorífico que concede el Ayuntamiento de Ontinyent y llega en un año especialmente relevante para la trayectoria del artista, que recientemente también ha recibido la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes.
Un acto solemne con una amplia representación social
La ceremonia, conducida por el concejal de Cultura e instructor del expediente para la concesión de la medalla, Àlex Borrell, comenzó con una actuación de la bailarina Julia Cambra, que dio paso a la proyección de un vídeo de cerca de treinta minutos de duración, en el que se repasó el recorrido profesional de Marcos Morau, su proyección internacional y su relación con Ontinyent.
También intervinieron dos de sus sobrinos en nombre de la familia para expresar el orgullo por los éxitos alcanzados, así como el afecto y el apoyo incondicional hacia Marcos, a pesar de las dificultades que conlleva una carrera artística de alcance internacional.
Palabras de agradecimiento y vínculo con Ontinyent
En su intervención, Marcos Morau agradeció al alcalde y a la corporación municipal la concesión de la Medalla de Oro, que dedicó a su familia y a todas las personas que han formado parte de su camino vital y profesional, manifestando que “esta medalla que me ofrece mi pueblo, aunque lleva mi nombre, no es solo mía; es de mi familia, de la gente que me ha cuidado sin manual, de aquellos que estabais antes de que hubiera nada que celebrar”.
Morau se refirió a Ontinyent como “un mapa emocional, una manera de mirar y una escala de valores”, y remarcó que, a pesar de los viajes y las experiencias por todo el mundo, “hay cosas que se quedan dentro para siempre”.
Defensa de la cultura, la educación y la empatía
En este sentido, aseguró que los reconocimientos recibidos “no me animan a descansar, sino a continuar trabajando con más rigor y responsabilidad”, añadiendo que “esta medalla no me hace mejor artista, pero sí me recuerda de dónde vengo y a dónde quiero ir”.
El coreógrafo aprovechó su intervención para hacer una defensa de la cultura, la educación y la empatía, especialmente en un contexto social complejo, remarcando que “si la cultura ha de servir para algo, es para abrir la mirada y no cerrarla”.
El reconocimiento institucional y el orgullo de la ciudad
Por su parte, el alcalde de Ontinyent, Jorge Rodríguez, destacó que “hoy no entregamos solo una medalla, hacemos una afirmación colectiva sobre la importancia de la cultura y del reconocimiento de aquellas personas que han sabido mantener intacta su dignidad”, afirmó.
Rodríguez destacó la excelencia de la trayectoria de Marcos Morau, pero también “la coherencia y ética de un gran artista”, con “una obra viva, en pleno crecimiento, con una proyección poderosa hacia el futuro”.
El alcalde remarcó que el arte de Morau forma parte “de un espacio de resistencia y de belleza”, y recordó que crear implica también responsabilidad y posicionamiento. En este sentido, puso en valor la capacidad del artista para mantener su voz y sus valores “tanto si tiene delante un teatro lleno como si habla sin focos”, destacando que “la firmeza no está reñida con la sensibilidad”.
Rodríguez concluyó señalando que “una ciudad que sabe reconocer a sus creadores es una ciudad que se respeta a sí misma”, y puso de relieve que “allá donde va, el nombre de Ontinyent viaja con él”, manifestaba, dirigiéndose finalmente al homenajeado para decirle que “Ontinyent y su gente estamos profundamente orgullosos de ti”.




