El Horno El Bollo de Agullent renace con un emotivo relevo generacional tras más de 50 años de historia
Los nietos de sus fundadores toman el testigo para mantener abierto el último horno tradicional del municipio y preservar un oficio con profundas raíces familiares

Entrevista a Ana y Javi. Relevo generacional del Horno el Bollo de Agullent
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En Agullent, el acto cotidiano de comprar pan sigue siendo mucho más que una simple rutina. Es memoria, es familia y también es futuro. Detrás del mostrador del Horno El Bollo se esconde una historia de esfuerzo silencioso, manos cubiertas de harina y un relevo generacional cargado de emoción que ha permitido mantener vivo el último horno tradicional del municipio.
El horno abrió sus puertas en 1974, cuando Antonio y Anita decidieron apostar por un oficio artesanal, basado en la paciencia y el trabajo constante. Más de medio siglo después, son sus nietos, Rosa, Ana y Javi, quienes han decidido tomar el testigo familiar para evitar que el horno bajara definitivamente la persiana y para que Agullent no perdiera uno de sus símbolos más arraigados.
Un relevo generacional marcado por la emoción y el compromiso
La decisión de continuar con el horno no fue sencilla. Ana reconoce que el paso se dio tras muchas conversaciones y dudas, conscientes del sacrificio que implica el oficio. “Sabemos muy bien lo que supone este trabajo, son muchas horas y mucho esfuerzo, pero pensamos que si no lo cogíamos nos acabaríamos arrepintiendo”, explica. El momento en el que la familia entendió que el horno no cerraría fue especialmente emotivo, ya que sus tíos estaban a punto de anunciar la jubilación cuando surgió la posibilidad de darle continuidad al negocio.
Para Javi, el cambio ha sido radical tanto a nivel laboral como familiar, pero también profundamente motivador. “Ha sido un paso muy complicado y nos ha cambiado la vida, pero cada día descubres cosas nuevas y eso te anima a seguir”, señala, agradeciendo además la respuesta del vecindario, que desde el primer momento ha mostrado un apoyo constante. Según explica, el Horno El Bollo no es solo un negocio, sino “una institución en el pueblo”, y su cierre habría supuesto un golpe duro a nivel colectivo.
Tradición familiar y aprendizaje desde cero
El vínculo emocional con el horno es especialmente intenso para Ana, que se ha criado literalmente entre sus paredes. Recuerda cómo ayudaba a su abuela a preparar magdalenas o dulces tradicionales, y cómo ahora son sus hijas quienes han vivido ese ambiente gracias a sus tíos. “Pensar que mis hijas pequeñas no se acordarían del horno me tocaba mucho por dentro”, confiesa, explicando que esa fue una de las razones que la empujaron a seguir adelante.
Aunque el oficio siempre ha estado presente en su vida, ni ella ni su marido se dedicaban profesionalmente a la panadería antes de asumir el relevo. Él había estudiado Geografía e Historia y trabajaba en hostelería, mientras que ella ejercía como administrativa. Ambos han tenido que aprender desde cero a hacer pan, dulces y a gestionar el día a día de un horno tradicional, combinando el respeto por lo aprendido de generaciones anteriores con la ilusión de construir su propio camino.
Innovación, apoyo del pueblo y mirada al futuro
Con la vista puesta en el futuro, la nueva generación ha comenzado a introducir cambios para mejorar el funcionamiento del horno sin perder su esencia. Han invertido en nueva maquinaria, conscientes de que ahora sí se trata de su proyecto de vida, y han empezado a introducir nuevos productos, manteniendo al mismo tiempo las recetas de siempre. “La idea es hacer lo que se hacía y un poquito más”, resume Javi.
La respuesta del pueblo ha sido clave en este proceso. Desde que se anunció la continuidad del horno, coincidiendo con la festividad de Sant Antoni, las muestras de apoyo no han dejado de llegar. La familia percibe un agradecimiento generalizado por el hecho de que Agullent conserve su único horno, especialmente en un contexto en el que muchos pueblos de la comarca han perdido servicios básicos. Además, la apuesta por las redes sociales ha permitido dar a conocer productos tradicionales que antes pasaban más desapercibidos, atrayendo incluso a clientes de fuera del municipio.
Para la familia, el Horno El Bollo es la suma de todas las personas que han pasado por él desde sus inicios. “Cada uno ha puesto su granito de arena, desde mis abuelos hasta mis tíos, y el horno es un poco de todos ellos”, concluyen. Una historia de tradición, esfuerzo y continuidad que sigue escribiéndose cada madrugada, cuando el horno vuelve a encenderse para que el pan llegue recién hecho a las mesas de Agullent.




