“Me subía a las palmeras y veía a mis amigos desde arriba”: recuerdos de infancia entre ambulancias, frontón y meriendas
Fabián Torres y Paco Irles, de la Residencia Savia La Nucía, nos cuentan su infancia en La Voz de la Experiencia

La Voz de la Experiencia: La infancia de Paco y Fabián residentes de Savia La Nucía
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La Nucía
Los protagonistas de La Voz de la Experiencia del mes de enero han sido Fabián Torres y Paco Irles, usuarios de la Residencia Savia La Nucía, acompañados por la TASOC del centro, Patricia Gil. En Hoy por Hoy Benidorm, ellos nos han contado cómo ha sido su infancia y como han cambiado las cosas.
Con enero como hilo conductor —un mes que muchos sienten largo, frío y triste tras la intensidad de la Navidad—, la conversación ha arrancado con buen humor y cumpleaños incluidos. Paco celebró recientemente el suyo, el 18 de enero, y ha recordado cómo en su infancia los cumpleaños eran sencillos y familiares, muy lejos de las grandes celebraciones actuales. “La tarta no faltaba”, coincidieron tanto Paco como Fabián, aunque los regalos eran pocos y la fiesta se vivía en casa.
Las anécdotas familiares han protagonizado buena parte del espacio. Paco, adoptado con solo cuatro años, creció rodeado de tres mujeres —madre, abuela y hermana— que rivalizaban por mimarlo. “Era el niño de la casa”, confesó entre risas, recordando aquellas meriendas y postres preparados con cariño. Fabián, por su parte, relató una infancia más austera, en Madrid, pero igualmente feliz, marcada por la convivencia y el juego en la calle.
Aprovechando que el 24 de enero se conmemora el Día del Periodista, Paco y Fabián han explicado cómo se recibía la información de lo que pasaba a su alrededor cuando eran pequeños. Mientras hoy basta con mirar el móvil, Paco se enteraba de las noticias acompañando a su padre, conductor de ambulancia de la Cruz Roja en Elche. Desde muy pequeño viajaba con él, escuchando la radio y viviendo de cerca todo tipo de situaciones. Aquella experiencia marcó tanto su vida que terminó trabajando también en ambulancias, un oficio que recuerda con orgullo y emoción.
Por su parte Fabián ha evocado interminables tardes jugando al frontón y al escondite en un barrio de Madrid, sin pantallas ni prisas. Paco, en cambio, creció entre huertos ilicitanos, donde se escondía entre palmeras e incluso se subía a ellas para vigilar a sus amigos desde lo alto. “Me las conocía como la palma de mi mano”, aseguró.
También ha habido tiempo para hablar de los días fríos de enero, del invierno de antes y del de ahora. Coincidieron en que antes se pasaba más frío por la falta de calefacción y buenos abrigos, aunque cuando eran niños apenas lo notaban: el juego lo compensaba todo. “Hacíamos lumbres y seguíamos”, recordaba Fabián, mientras Paco confesaba que en su casa la chaqueta era obligatoria desde primera hora.
La charla ha concluido con una reflexión compartida: ambos se consideran afortunados por la infancia que tuvieron, llena de afecto, vivencias y aprendizajes.




