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Ciencia y tecnología
No vamos a contar mentiras

La luz nocturna (no solo) afecta al sueño

Insomnio, depresión, enfermedad cardiovascular y metabólica, incluso cáncer: Pedro Lax, catedrático de Fisiología de la Universidad de Alicante pone el foco en la repercusión de la exposición a la luz durante la noche en la salud

No vamos a contar mentiras: la luz nocturna (no solo) afecta al sueño, con Miguel A. Goberna y Pedro Lax, catedrático de Fisiología de la Universidad de Alicante

Desde que las bombillas de Tomás Edison iluminaran por primera vez una calle de Nueva York en 1879, el mundo se ha inundado de luz eléctrica.

Portada de 'Light for the World', cómic publicado por The Consolidated Edison Corporation / NJ Library

La luz artificial ha beneficiado a la sociedad, ofreciendo más tiempo para trabajar y también para la vida social y recreativa. Pero la iluminación artificial puede tener efectos adversos duraderos en la salud de los seres humanos, la flora y la fauna. La exposición prolongada a la luz artificial impide que muchos árboles se ajusten a las variaciones estacionales, y la contaminación lumínica puede alterar los comportamientos y los ciclos de reproducción animal.

En humanos, la relación entre luz artificial y trastornos del sueño es bastante conocida. La presencia de luz en horario nocturno puede generar diversos trastornos del sueño, como el trastorno del sueño por trabajo en turnos, que afecta a las personas que rotan turnos de trabajo o trabajan de noche, y el síndrome de retraso de fase, en el cual las personas tienden a dormirse muy tarde en la noche y tienen dificultades para despertarse a tiempo. Pero los efectos de la iluminación nocturna sobre nuestra salud son mucho más extensos y afectan a otros muchos procesos como la regulación celular, la producción de hormonas, la depresión, la enfermedad cardiovascular o el cáncer.

Vista de las ventanas de un edificio de apartamentos por la noche desde el puente de Brooklyn con las luces del puente reflejadas en el exterior del edificio. / Getty Images

Numerosos anuncios publicitarios promueven la iluminación nocturna, argumentando que “impulsa la economía local al ofrecer espacios iluminados que atraen visitantes y residentes a restaurantes, bares, teatros y otros negocios que operan durante la noche; mejora el entorno urbano, resaltando la arquitectura, los monumentos y las áreas verdes; y reduce el riesgo de accidentes, pues mejora la visibilidad de peatones y conductores”. También a nivel doméstico encontramos publicidad al respecto, proponiendo que “la iluminación nocturna es crucial porque no solo proporciona luz, sino que también influye en nuestro estado de ánimo, fomentando la calma y la relajación”. Especialmente durante la época navideña podemos leer reclamos como: “Ven a disfrutar de la versión más navideña de la ciudad tras su encendido de luces”.

Sinopsis de la refutación

La iluminación eléctrica produjo una revolución en la industria, permitiendo el trabajo en turnos diurnos y nocturnos. También ha permitido extender el tempo dedicado a actividades sociales y de ocio. Pero la exposición a la luz artificial altera el funcionamiento de los ritmos circadianos.

Ritmos circadianos / Getty Images

Durante millones de años, la vida en la Tierra ha girado alrededor de las condiciones ambientales producidas por la luz. Esto ha permitido a los seres vivos desarrollar un sistema endógeno de regulación temporal que sincroniza procesos fisiológicos y de comportamiento bajo la influencia de los ciclos de iluminación. Estas oscilaciones diarias (o circadianas) afectan a numerosos procesos como las ondas cerebrales, la regulación celular, la producción de hormonas y otras actividades biológicas.

En mamíferos, el reloj circadiano principal se localiza en los núcleos supraquiasmáticos del hipotálamo. Esta estructura, conectada directamente con la retina, recibe información lumínica a través de células fotosensibles distintas de los fotorreceptores conos y bastones. A través de esta vía, la luz ambiente ejerce un papel regulador de los ritmos circadianos.

Síntesis de la melatonina / Getty Images

La disrupción de los ritmos circadianos por exposición a la luz durante la noche tiene profundas repercusiones fisiológicas, y se ha relacionado con varios trastornos médicos, incluyendo insomnio, depresión, enfermedad cardiovascular y metabólica y cáncer. Así, se sabe que la exposición constante a la luz artificial en las unidades de terapia neonatal puede dañar el desarrollo del ritmo circadiano de los bebés prematuros. También se ha demostrado que el exceso crónico de exposición a la luz nocturna produce un incremento de trastornos metabólicos y en la incidencia de obesidad. Además, los trabajadores que hacen turnos nocturnos presentan mayores riesgos de sufrir síndrome metabólico. Por otro lado, los estudios demuestran que la exposición a la luz durante la noche puede acelerar el crecimiento de tumores. Así, se ha demostrado una relación entre la exposición a la luz artificial por las noches y un elevado riesgo de cáncer de mama y de colon. Además, cada vez más evidencias demuestran correlación entre la disrupción circadiana y el agravamiento de las enfermedades de tipo neurodegenerativo.

Entre los factores implicados en estos mecanismos está la producción de la hormona melatonina. La glándula pineal libera melatonina por la noche, y los niveles de melatonina descienden súbita y drásticamente en presencia de luz. La melatonina es reguladora de una gran cantidad de actividades biológicas. Numerosos estudios sugieren que la disminución de los niveles de producción nocturna de melatonina incrementa el riesgo de desarrollar cáncer y afecta a otros procesos, incluidos los de carácter metabólico.

*Texto: Pedro Lax Zapata

Referencias

Madrid, J.A. y Rol de Lama, Á. (2011). Cronobiología Básica y Clínica. Editeca Red.

Madrid, J.A. (2022). Cronobiología: Una guía para descubrir tu reloj biológico. Plataforma Editorial.

Madrid, J.A. (2025). El sueño del Sapiens: Cómo dormir y soñar nos hizo humanos. Plataforma Editorial.

Pedro Lax

Pedro Lax Zapata, catedrático de Fisiología en la Universidad de Alicante / Silvia Cárceles Pozo

Doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad de Murcia, Pedro Lax Zapata es catedrático de Fisiología en la Universidad de Alicante (UA).

Experto en Cronobiología y Neurobiología de la Retina, ha formado parte del Grupo de Cronobiología de la Universidad de Murcia, donde ha colaborado con el Dr. Juan Antonio Madrid en el estudio del sistema circadiano de diferentes modelos animales. Posteriormente, ha formado parte del Grupo de Fisiología de Membranas de la UA, dirigido por el Dr. Andrés Morales, y del Laboratorio de Biofísica de la Universidad de Roma La Sapienza, dirigido por el profesor Fabrizio Eusebi.

En la actualidad es responsable del Laboratorio de Electrofisiología y Electroretinografía de la UA y participa en diferentes líneas de investigación implicadas en el estudio del sistema visual y el desarrollo de nuevas terapias para el tratamiento de enfermedades degenerativas de la retina. Estos estudios han puesto en evidencia la correlación existente entre la degeneración retiniana y la alteración de ritmos circadianos, así como el efecto neuroprotector de diferentes agentes terapéuticos.

‘No vamos a contar mentiras’

Todos los martes, a las 13:45 horas, Miguel A. Goberna, profesor emérito de Matemáticas de la Universidad de Alicante, les propone un bulo —científico o no— que todos, o casi todos, hemos escuchado o leído en alguna ocasión en un medio de comunicación, en una red social o en un libro.

Son los profesores e investigadores de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Alicante y expertos de reconocido prestigio en esta y en otras areas quienes refutarán esas falsedades. Y es que, como diría Goethe (pero nunca dijo): “¡Ciencia! ¡Más ciencia!”.