Innovación entre Guadalest y Callosa: las hojas que ya no le sobran al níspero
La bióloga e investigadora Inés Carballo trabaja junto a la cooperativa Ruchey para aprovechar más beneficios de este cultivo

Entrevista a la investigadora y emprendedora en Guadalest Inés Carballo
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Vall de Guadalest
Inés Carballo ha conseguido en los últimos años una serie de premios con un denominador común: poner en valor la innovación y desarrollarla en el mundo rural. Esta bióloga marina de apellido gallego e infancia en Madrid ha creado en un olivar de Guadalest una micro granja donde cultiva esta cianobacteria con grandes beneficios, un 'super alimento'.
En plena montaña de Alicante, ella sola y desde hace cinco años, Carballo comercializa la espirulina. No se reciben grandes subvenciones, es cuestión de trabajo y un pequeño crédito ICO, cuenta al tiempo que anima a los jóvenes investigadores a explorar nuevas vías.
Así es como, de hecho, ella ha llegado hasta Callosa d'En Sarrià y la cooperativa Ruchey, donde están trabajando en un proyecto piloto para aprovechar y dar salda a las hojas que le sobran al níspero, cargadas de polifenoles que ejercen un efecto antioxidante decisivo para su puesta en valor.
Aunque todavía está en una fase muy embrionaria, la confianza en el producto y en la innovación da a buen seguro sus frutos en esta nueva y entusiasta alianza que mira a la agricultura y al mundo rural con ganas de innovar y seguir investigando.




