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Lola Vélez, CEO de Quinta Lacy: “En una boda cada detalle cuenta y cada invitado forma parte de un delicado engranaje"

Manual imprescindible para disfrutar, respetar y brillar… sin robar protagonismo

Lola Vélez, CEO de Quinta Lacy, sobre la organización de una boda y el papel de los invitados

Elda

¿Existe el invitado perfecto? Para Lola Vélez, CEO de Quinta Lacy, la respuesta sale rápida y diplomática: “El 99,99% son perfectos”. Aunque entre risas admite que, si los sometiéramos a un pequeño test de comportamiento, más de uno tendría que repasar apuntes. Porque una boda no es “quedar para comer”; es un evento social cuidadosamente planificado durante meses, donde cada detalle cuenta y cada invitado forma parte de un delicado engranaje.

“La gente se comporta muy bien”, insiste Lola. Y es verdad: la mayoría entiende que, cuando recibe una invitación, adquiere también una responsabilidad. Confirmar asistencia en plazo no es opcional, es fundamental. Las parejas organizan mesas, espacios y tiempos como si resolvieran un enorme puzle emocional. “Necesitan saber cuántos asistentes van a tener y cómo distribuirlos. Hay mucho trabajo detrás”, explica.

La preparación empieza antes del gran día. Elegir la vestimenta adecuada es una cuestión de sentido común y respeto. Y si existe lista de boda, se respeta; si no, conviene organizar el regalo con antelación. “No esperes a la última semana. Facilitar las cosas a los novios es también una forma de quererlos”, recuerda Lola.

Ya en la celebración, la puntualidad es clave. Llegar diez minutos antes permite que todo fluya: entradas, música, saludos. Durante la ceremonia, móvil en silencio y fotos solo si están permitidas. “Y nada de subir imágenes a redes antes que los novios”, subraya. La inmediatez digital no puede imponerse al deseo de la pareja de compartir su día a su manera.

Antes de la boda: organización y sentido común

Confirmar asistencia dentro del plazo marcado. Comunicar alergias alimentarias con tiempo. No añadir acompañantes no previstos. Respetar la lista de boda o realizar el regalo con antelación. Cada uno de estos pasos evita tensiones innecesarias y permite que el evento fluya según lo previsto. “No traigas a quien no está invitado. Cada persona tiene su sitio asignado y cambiarlo todo a última hora no queda bien”, advierte Lola.

Durante la celebración: elegancia y respeto

Puntualidad, discreción y compostura. Nada de interrumpir el reportaje fotográfico ni de improvisar discursos eternos. Moderar el consumo de alcohol también forma parte del protocolo no escrito. Y al despedirse, hacerlo siempre con educación. “Dar la bienvenida es importante, pero despedirse también lo es. Si los novios están ocupados, al menos saluda a los padres”, aconseja.

La sorpresa también se organiza

En el universo de las bodas hay espacio para la creatividad. Lola habla con cariño de “los canallas”, esos amigos que preparan sorpresas memorables. Como aquella vez en que construyeron un avión gigante de cartón, se disfrazaron de azafatos y organizaron una entrada musical para regalar un viaje a los novios. Coordinación, almacenaje improvisado y montaje exprés incluidos.

Al final, la boda es un reflejo de la pareja. Hay entradas clásicas con brindis formal y otras más actuales, con música y baile incluidos. Lo importante no es seguir una fórmula fija, sino respetar el carácter de quienes celebran. Y recordar la frase que resume todo el manual: “Eres un invitado, no eres el protagonista. Celebra, acompaña y respeta los deseos de la pareja”.