Un marzo excepcional en la Vall d’Albaida agrava la crisis del campo
El mes cerró con temperaturas por debajo de la media y precipitaciones extraordinarias, mientras las heladas tardías causan pérdidas millonarias en la agricultura

Entrevista a Paco Benavent sobre las heladas tardías y los daños en el campo
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La Vall d'Albaida
El pasado mes de marzo dejó en la Vall d’Albaida un comportamiento meteorológico claramente fuera de lo normal, con temperaturas más bajas de lo esperado y precipitaciones muy abundantes.
El meteorólogo de Radio Ontinyent, Lluís Francés, explicó que, según los datos de la Agencia Estatal de Meteorología, “marzo fue un mes frío y muy húmedo en nuestra zona, en línea con lo ocurrido en otras áreas cercanas”.
Los datos de marzo
Las cifras reflejan con claridad esta anomalía. En Fontanars dels Alforins, la temperatura media se situó en 9,1 grados, cuando lo habitual ronda los 10,8. En Ontinyent, el patrón se repitió: 11,4 grados frente a los 12,6 de referencia. Tal como resumió Francés, “las temperaturas estuvieron por debajo de lo normal durante buena parte del mes”.
En cuanto a las lluvias, el comportamiento fue incluso más llamativo. Aunque hubo diferencias entre zonas, el conjunto de la comarca registró valores muy superiores a la media. En Ontinyent se acumularon 127,6 litros por metro cuadrado, más del doble de lo habitual para marzo. En palabras del meteorólogo, “ha llovido muy por encima de lo que corresponde a esta época del año”, confirmando un episodio excepcional.
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Balance climático de marzo en la Vall d’Albaida con Lluís Francés
Heladas tardías que golpean al campo
A este contexto meteorológico se sumó un episodio especialmente dañino para la agricultura: las heladas registradas entre el 28 y el 30 de marzo. Estas bajas temperaturas llegaron en un momento crítico del ciclo de los cultivos, cuando muchos se encontraban en plena floración o iniciando la formación del fruto.
Las consecuencias han sido importantes. Según las primeras estimaciones, alrededor de 1.200 hectáreas se han visto afectadas, con pérdidas cercanas a los cuatro millones de euros. Los cultivos más perjudicados han sido el caqui, los frutales de verano y el almendro, especialmente sensibles en esta fase de desarrollo.
El problema, como señalan desde el sector, no es solo la intensidad del frío, sino el momento en que se produce. No se trata de una helada invernal, sino de un episodio fuera de calendario que afecta directamente a los tejidos más jóvenes de la planta. Estos daños, además, no siempre son visibles de inmediato, ya que pueden traducirse en una mala formación del fruto o en su caída prematura semanas después.
El sector agrario en alerta
El secretario de organización de La Unió de Llauradors i Ramaders, Paco Benavent, describió con preocupación la situación que atraviesa el campo tras este episodio. Según explicó, “las heladas han causado pérdidas importantes, pero lo más preocupante es que cada vez ocurren más a menudo y en momentos que no corresponden”.
Benavent insistió en que el verdadero problema no es el frío en sí, sino su aparición fuera de temporada. “Cuando el frío llega en invierno, el árbol está en reposo y no sufre; incluso puede ser beneficioso. Pero si aparece cuando el cultivo está brotando o empezando a formar fruto, el daño es mucho mayor”, señaló. En ese sentido, explicó que muchos frutos aparentemente sanos acabarán cayendo: “pueden aguantar unos días, pero por dentro están dañados y terminan en el suelo”.
El dirigente agrario también advirtió de la dificultad para evaluar los daños a corto plazo. “Ahora se ve una parte, pero el alcance real se conocerá cuando llegue la recolección”, apuntó, dejando claro que las pérdidas podrían ser mayores de lo estimado inicialmente.
Además, relacionó directamente estos episodios con el cambio climático. “Estamos viendo cómo el clima se desordena: hace frío cuando no toca, llueve fuera de época o hay calor en invierno. Eso rompe el ritmo natural de los cultivos”, explicó. Esta falta de estabilidad, añadió, complica tanto la planificación agrícola como la rentabilidad de las explotaciones.
Sobre el sistema de seguros agrarios, Benavent reconoció su importancia, aunque también sus limitaciones. Vino a señalar que es una herramienta fundamental, pero que necesita mejoras y mayor agilidad, especialmente en la valoración de daños y en el pago de indemnizaciones. También recordó que, sin ayudas públicas, muchos agricultores no podrían asumir su coste.
Por último, lanzó un mensaje claro sobre el futuro del sector. “Cada vez hay más riesgos, más gastos y menos margen”, resumió, advirtiendo de que esta situación puede derivar en el abandono de explotaciones y en la falta de relevo generacional. En definitiva, una realidad que, como él mismo expresó, hace que “vivir del campo sea cada vez más complicado”.




