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Johny 'Hellraizer': “Detrás de cada persona en la calle hay una historia. Con una comida y un poco de apoyo puedes cambiar una vida”

City Street Community Project, una red de voluntarios en Benidorm y la Marina Baixa, ofrece comida, abrigo y apoyo a personas sin hogar y vulnerables

La historia de Johny, el ex adicto que reparte comida y ayuda a los indigentes de Benidorm

La historia de Johny, el ex adicto que reparte comida y ayuda a los indigentes de Benidorm

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Benidorm

“Me dicen que no puedo cambiar el mundo, pero es mentira. Sí puedes cambiar lo que tienes cerca y todos merecemos una segunda oportunidad”. Es la filosofía de vida de Johny “Hellraizer”, un residente en Benidorm de origen británico, músico de heavy metal y fundador de la organización City Street Community Project que, junto a un grupo de voluntarios, se dedica a repartir comida, sacos de dormir, tiendas de campaña o a prestar ayuda en distintos tramites a personas sin hogar de la ciudad de Benidorm y de otros municipios de la Marina Baixa.

Jonhy no se considera un visionario ni un idealista, sino una persona normal que en su momento también tocó fondo y que cree en la bondad de las personas y las segundas oportunidades. “No es un sueño de hippy, no soy un hippy ni nada de eso. Estoy hablando de cosas reales que he visto. Los milagros existen porque yo soy uno de ellos. Hace 20 años estaba casi muerto, sin esperanza, y hoy tengo una vida”, explica, y no es el único que piensa así.

City Street Community Project cuenta ahora con casi una treintena de voluntarios que trabajan a pie de calle para ayudar a personas sin hogar o en situación vulnerable, cubriendo desde necesidades básicas hasta apoyo emocional y acompañamiento en procesos de reinserción.

“Somos un grupo de gente normal que quiere inyectar un poco de esperanza en la sociedad”, ha explicado su fundador, Johny Hellraizer, en Hoy por Hoy Benidorm. Junto a él, voluntarios como Gaynor Thomason recorren las calles repartiendo comida, mantas o tiendas de campaña a quienes más lo necesitan.

La iniciativa nació durante la pandemia, cuando Johny, sin trabajo y con más tiempo disponible, comenzó a repartir sándwiches a personas sin recursos. Aquella pequeña acción fue creciendo hasta convertirse en una red solidaria que hoy atiende a decenas de personas cada día en distintos puntos de la Marina Baixa.

Más allá de la ayuda material, el proyecto busca dignificar a las personas. “Estamos aquí para ofrecer sonrisas, para dar amor, para procurar cuidados”, señala Hellraizer, quien insiste en que detrás de cada caso hay historias complejas: pérdida de empleo, problemas familiares o situaciones que escapan al control de quienes las sufren.

La implicación de Johny tiene una raíz profundamente personal. Él mismo atravesó una etapa marcada por las adicciones en la que llegó a tocar fondo. Gracias al apoyo de su familia y a nuevas oportunidades, logró salir adelante. Ahora dedica su vida a ofrecer ese mismo impulso a otras personas.

Sobre todo Jonhy quiere luchar también contra el estigma que supone estar en la calle. “Me dicen que ayudo a gente de la calle pero, ¿Qué es ser gente de la calle?, porque en la ruta de comidas que hago tengo profesoras, abogados y personas de todo tipo con historias distintas y nadie quiso acabar así. Todos luchan por salir adelante”, afirma.

Uno de los casos más significativos que ha vivido la organización es el de un hombre con discapacidad que dormía en las calles de Benidorm, con problemas de alcoholismo y sin recursos ni documentación. Johny decidió acogerlo en su propia casa y ayudarlo paso a paso: primero logrando que dejara el alcohol, después facilitando su acceso a recursos sociales y, más adelante, impulsando una recaudación solidaria que permitió costearle una operación de cadera. Tras meses de acompañamiento, aquella persona logró rehacer su vida: “Hoy lleva años sin consumir, tiene trabajo, vivienda, pareja y una vida estable”, un ejemplo real de que esa “segunda oportunidad” es posible.

La organización también ha logrado tejer una red de colaboración con empresas y restaurantes locales. Actualmente, nueve establecimientos se turnan para cocinar menús que los voluntarios reparten periódicamente, garantizando al menos una comida caliente a quienes no tienen acceso a ella. “Una comida con sus cubiertos, servilletas y hasta un postre para que puedan comer dignamente”, enfatizan tanto Jonhy como Gaynor.

Además, la labor de City Street Community Project ha sido recientemente reconocida con el Premio Especial de los Premis Valors, que entrega cada año el Grupo Scout de Finestrat, un galardón que pone en valor su compromiso social y su impacto en la comunidad.

City Street Community Project continúa creciendo y busca más apoyo ciudadano. Necesitan voluntarios, recursos y, especialmente, un local donde almacenar material y ofrecer servicios básicos como duchas o lavandería. “Hay gente que solo necesita una oportunidad para volver a empezar”, concluye Hellraizer, convencido de que cada pequeño gesto puede marcar la diferencia.

 

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