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De la radio a ChatGPT: un siglo llamando adicción a conductas cotidianas

Un investigador de la UV advierte de la banalización de adicciones reales

Entrevista a Víctor Ciudad-Fernández, investigador del Instituto Polibienestar de la Universitat de València (UV) en La Ventana Comunitat Valenciana (17-04-2026)

Entrevista a Víctor Ciudad-Fernández, investigador del Instituto Polibienestar de la Universitat de València (UV) en La Ventana Comunitat Valenciana (17-04-2026)

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Valencia

El investigador del Instituto Polibienestar de la Universitat de València, Víctor Ciudad-Fernández, alerta del uso indiscriminado del término “adicción” para describir conductas cotidianas como correr, usar redes sociales o interactuar con herramientas como ChatGPT. En La Ventana Comunitat Valenciana, Ciudad-Fernández explica que este fenómeno no es nuevo y que responde a un patrón histórico que se repite desde hace un siglo, vinculado al pánico moral ante nuevas tecnologías y hábitos sociales.

Según expone, la proliferación de diagnósticos de adicciones comportamentales no solo genera confusión, sino que acaba perjudicando a quienes sufren adicciones reales, con consecuencias graves a nivel personal, familiar y económico. “En los últimos veinte años ha habido una explosión completa: ya todo es adicción y, entonces, nada llega a serlo”, resume.

Un patrón que se repite

Ciudad-Fernández sitúa el origen del fenómeno en los años treinta del siglo pasado, cuando aparecieron los primeros textos científicos que hablaban de “adicción a la radio”. “En 1931 ya se decía que la gente que escuchaba mucho la radio era adicta”, recuerda. Dos décadas después, el foco se desplazó a la televisión y, más tarde, a Internet, los videojuegos y las redes sociales.

Ese mismo patrón, explica, se ha aplicado a conductas muy diversas. “No estoy bromeando, todas tienen su artículo científico: adicción a matar, adicción al bronceado…”, señala. En su opinión, esta expansión responde a la aplicación automática de criterios diseñados inicialmente para las adicciones a sustancias. “Se observó que la adicción al juego se parecía mucho, a nivel fenomenológico, a las adicciones químicas, y eso abrió la puerta a etiquetar muchas más conductas”, apunta.

El problema llega cuando cualquier actividad que ocupa tiempo o sirve para regular emociones se interpreta como patológica. “Si una persona está triste y sale a correr para sentirse mejor, dedica tiempo a pensar en ello y a entrenar, desde el prisma de la adicción se puede etiquetar falsamente como algo problemático, cuando no lo es”, advierte.

Conflicto y pérdida de control, las claves

Para el investigador, la frontera entre un uso intenso y un problema real no está en el número de horas, sino en las consecuencias. “Nos tendríamos que centrar en el conflicto”, explica. Pone como ejemplo a adolescentes cuyo uso de redes sociales interfiere en sus relaciones personales, en la vida familiar o en el desarrollo de habilidades sociales, y que además han intentado dejarlo sin éxito. “Ahí es donde podríamos hablar de un uso problemático”, afirma.

Ciudad-Fernández critica que el debate público se centre casi exclusivamente en el tiempo de uso. “No es un buen predictor de un problema real”, subraya. A su juicio, esta simplificación contribuye a banalizar las adicciones más graves. Desde su experiencia investigadora, asegura que en los dispositivos asistenciales no aparecen casos de personas tratadas por una supuesta adicción a redes sociales o a herramientas de inteligencia artificial.

“La adicción comportamental que tiene un peso real en este país, por las consecuencias que genera —deudas, conflictos familiares, problemas asociados al consumo de sustancias—, es la adicción al juego”, sostiene. Aunque reconoce que existen usos problemáticos de videojuegos o de pornografía, insiste en que el consenso científico es mucho menor.

Sobre la posible adicción a ChatGPT, Ciudad-Fernández es prudente. “Faltan datos y la evidencia es muy limitada”, afirma. En su opinión, se trata más bien de una nueva forma de dependencia funcional, similar a la que ya existe con otras tecnologías. “Otra cosa son relaciones disfuncionales con la tecnología, que son problemáticas y preocupantes, pero que quizá no deberían enmarcarse como adicciones”, concluye.

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Jose Forés Romero

Jose Forés Romero

Redactor en Radio Valencia desde 2024, editor de 'La Ventana Comunitat Valenciana'. Ha trabado en distintos...

 

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