El Balonmano Servigroup Benidorm escenifica su hundimiento ante Alcobendas
Los locales empatan tras desaprovechar una renta de cinco goles en los minutos finales


Benidorm
Hans Christian Andersen escribió en 1837 ‘El traje nuevo del emperador’, un cuento que, con apariencia de fábula infantil, encierra una de las verdades más incómodas que existen: la facilidad con la que el poder se rodea de silencio, de miedo y de mentiras compartidas. En su historia, un emperador orgulloso y una corte temerosa prefieren fingir antes que admitir lo evidente, mientras unos pícaros se enriquecen a costa de esa cobardía colectiva. Y al final, sólo la voz limpia de un niño, libre de intereses y de prejuicios, se atreve a decir lo que todos ven y nadie quiere pronunciar: el rey va desnudo.
En el Balonmano Servigroup Benidorm, esa sensación lleva tiempo flotando en el ambiente. No es algo que haya nacido de repente, ni siquiera el día en que, aquel 22 de diciembre de 2025, Marko Krivokapic sorprendió a todos anunciando su salida. No. Es una inquietud más profunda, más incómoda, que se ha ido instalando poco a poco en el Palau d’Esports hasta convertirse en una certeza imposible de ignorar. Porque duele mirar a este equipo y no reconocerlo. Porque cuesta entender cómo una plantilla diseñada para mirar a todos por encima del hombro ha terminado mirándose a sí misma sin respuestas.
El empate del pasado sábado ante Alcobendas (31-31) no fue un accidente. Fue, quizá, el reflejo más cruel de una temporada que se escapa entre los dedos. Otra vez la misma historia. Otra vez la ilusión que aparece durante minutos, incluso durante fases enteras del partido, para desvanecerse cuando más falta hace agarrarla. Otra vez una ventaja que parecía suficiente, cinco goles a falta de cinco minutos (31-26), convertida en un vacío insoportable. Un parcial de 0-5 que no sólo borra la renta, sino que deja al descubierto algo mucho más profundo: la fragilidad de un proyecto que se creía sólido.
Y ahí es donde el paralelismo con el cuento deja de ser una metáfora literaria para convertirse en una realidad incómoda. Porque ya no se puede sostener el discurso de que todo va bien, de que hay argumentos ocultos que explican lo inexplicable, de que sólo unos pocos no son capaces de ver la supuesta grandeza de este proyecto. No. La evidencia es demasiado grande. Demasiado dolorosa. El proyecto 2025-2026 ha fracasado. Sin matices. Sin excusas.
Se construyó una plantilla para ascender, para competir con autoridad, para devolver al club al lugar que siente como suyo. Y, sin embargo, ni siquiera ha sido capaz de pelear por ese play-off que mantenía viva la esperanza. La caída no ha sido sólo deportiva; ha sido emocional. Ha erosionado la confianza, ha desgastado a la afición y ha dejado una sensación de vacío difícil de llenar.
Lo más inquietante, quizá, no es lo que ha pasado, sino lo que parece que no va a pasar. Porque, pese a la crudeza de los hechos, todo apunta a una continuidad que desconcierta. Como si el barco, claramente a la deriva, hubiera decidido seguir navegando sin cambiar de rumbo, sin cuestionar a quienes lo dirigen, sin asumir que el problema existe. Y esa es, probablemente, la parte más dolorosa de toda esta historia.
Aún queda tiempo. Quedan meses por delante antes de que arranque la temporada 2026-2027. Tiempo suficiente para mirar de frente la realidad, para asumir responsabilidades, para tomar decisiones valientes. Para hacer lo que en el cuento nadie quiso hacer hasta que fue demasiado tarde: reconocer que el rey está desnudo.
Porque sólo a partir de esa verdad, por incómoda que resulte, se puede empezar a reconstruir algo que vuelva a ilusionar. Algo que devuelva el orgullo a una afición que merece mucho más que silencios, excusas y finales repetidos. Algo que, esta vez sí, tenga el coraje de vestirse de verdad.

Nico Van Looy
Director de SER Deportivos Benidorm




