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El tío abuelo del que nadie habló: memoria para el olivense Joaquim Llin Roig, uno de los ‘42 de Septfonds’

Al terminar la Guerra Civil, 42 exiliados republicanos murieron en un campo francés, entre ellos el olivense Llin Roig, tío abuelo de Gemma Fullana, que ha contado su historia en La Ventana Gandia

El tío abuelo del que nadie habló: memoria para el olivense Joaquim Llin Roig, uno de los ‘42 de Septfonds’

Oliva

Al acabar la Guerra Civil, en 1939, 42 soldados españoles del exilio republicano murieron en Francia, en el campo de concentración de Judas. Son los conocidos como los '42 de Septfonds' a los que La 2 TVE, con la estrecha colaboración del historiador de Oliva Joan Ramón Morell, les dedicó un documental. Por cierto, que se ha proyectado esta tarde en la Biblioteca de l'Envic de Oliva, y se puede recuperar en la web de RTVE play.

El ayuntamiento de Septfonds descubrió, por casualidad, en el altillo de un edificio, unas pertenencias personales. Entre ellas, el documento de identidad de un tal Joaquim Llin Roig, que se encontraba entre cartas de amor y un pintalabios. Fue Morell quien contactó con Gemma Fullana Llin para preguntarle por Joaquim, con quien compartía apellido. Tiempo después descubrió que era su tío abuelo, muerto en la guerra y de quien nadie le había hablado antes.

"Son cosas que no se hablaban, se llevaban con secretismo, pesar y a veces incluso con vergüenza. Después de 40 años de franquismo, si tenías un republicano en la familia, es probable que no se quisiera que supiese", explica Fullana.

"Lo que sabemos es por lo que nos ha contado Joan Morell y lo que hemos podido ver en los documentos que se conservan". "A raíz de eso, mis tías se animaron a hablar de él: era muy buen vendedor, era una persona culta, que leía y que sabía escribir muy bien. Tenía muchas cosas que decir, y seguramente, nos hubiese encantado conocerlo".

"Fue una lástima que muriese tan joven", lamenta Fullana. "Cuando termina la guerra, algunos pueden volver a casa, pero a otros, como el caso de mi tío abuelo, los llevaron a un campo de concentración en Francia. No sabían qué hacer con ellos; estaban en los Pirineos viviendo en casas sin paredes. La mayoría murieron de frío, con neumonías y pulmonías".

Recordar que exisitó

A raíz de toda esta historia, Fullana reafirma su agradecimiento al historiador Morell, porque "hizo un gran trabajo para recopilar toda la documentación, y además se encargó de todos los trámites para que el Gobierno de España lo declarase víctima de la guerra, porque su nombre no constaba en ningún sitio".

Fullana insiste en que no se trata solamente de memoria democrática: "Hablamos también de memoria familiar". "Los descendientes que quedamos vivos hemos podido saber quién era, qué le sucedió e incluso el lugar donde está enterrado".

Aunque, eso sí, Fullana explica que tienen aún una cosa pendiente: "en la lápida su apellido está mal escrito, y vamos a intentar que se reescriba bien, para hacerle el mejor homenaje: recordar que existió, que fue una persona y que pueda descansar en paz".