¿Se pueden predecir los terremotos?
Pedro Alfaro, catedrático de Geodinámica Interna de la UA y coordinador científico de la Red Sísmica de la Comunitat Valenciana, desmonta uno por uno los cuatro grandes bulos sobre los terremotos

No vamos a contar mentiras: "¿Se pueden predecir los terremotos?", con Miguel A. Goberna y Pedro Alfaro, catedrático de Geodinámica Interna de la Universidad de Alicante
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El País, 11 de julio de 2025: “El manga del fin del mundo: una profecía de papel sacude Japón y reduce su turismo”
La obra “El futuro que yo vi”, de enfoque apocalíptico y que según los lectores predijo el gran terremoto nipón de 2011, anuncia un temblor en julio de 2025 y desata un temor generalizado.
¿Qué dice la Ciencia?
Cuando se produce una catástrofe natural, la población está ávida de información. Esta necesidad de inmediatez ha sido utilizada tradicionalmente por algunas personas para lanzar campañas de desinformación, que se han incrementado considerablemente con la irrupción de las redes sociales. Y los terremotos no son una excepción. A continuación, se exponen algunas de las noticias falsas más habituales.
Los terremotos se pueden predecir: FALSO


A día de hoy podemos afirmar sin temor a equivocarnos que se van a producir grandes terremotos en la falla de San Andrés, en varias fallas activas que hay en China, en la zona del Himalaya, en las zonas de subducción de Japón, Chile, Sumatra, en algunas fallas de Turquía, Grecia, Italia, Argelia, … Y también podemos decir que se producirán terremotos de hasta magnitud 7 en el sur de la península Ibérica. En las últimas décadas, los avances sobre el conocimiento científico de los terremotos han sido espectaculares. Por ejemplo, conocemos relativamente bien dónde se van a producir los grandes terremotos y cuál es la magnitud máxima en cada región del planeta. Pero esto no es predecir, ya que una buena predicción implica lugar, fecha y magnitud. Y a día de hoy, desafortunadamente, esto es imposible.
Se han logrado avances importantísimos en el cálculo del potencial sísmico de las principales fallas activas del planeta. Por ejemplo, dos años antes del terremoto de Haití, unos científicos publicaron que la falla de Enriquillo, la que produjo el terremoto devastador en el año 2010, tenía un potencial acumulado para producir un terremoto de magnitud 7.2. Dos años más tarde el terremoto de Haití, de magnitud 7.0, produjo unas 200.000 víctimas mortales. Y en el año 2016 unos científicos turcos publicaron un artículo en el que concluían que la falla del Este de Anatolia, la que produjo el terremoto de 2023, tenía una energía acumulada para producir un terremoto de magnitud 7.5. Desde que los científicos publicaron sus trabajos habían pasado dos años para el terremoto de Haití y 7 años para el terremoto de Turquía, pero podrían haber pasado 30, 50 o 100 años, ya que se trata de procesos muy complejos en los que intervienen muchos factores, y tal y como se ha comentado no es posible predecir la fecha exacta. De hecho, este tipo de estudios se han realizado y se están realizando para otras muchas fallas del planeta.
Por ejemplo, se conoce muy bien que la falla de San Andrés, que atraviesa la ciudad de San Francisco, va a producir un terremoto de magnitud alrededor de 8. ¿Es viable o razonable evacuar a la población de esta ciudad sabiendo que ese gran terremoto se puede producir mañana o dentro de 50 o 100 años?
Actualmente, la comunidad científica trabaja en diferentes líneas de investigación tratando de encontrar algún indicio precursor de un gran terremoto. Por ejemplo, se investiga en el patrón de sismicidad antes de los grandes eventos, en cómo se deforma el terreno con anterioridad a un gran sismo, o en el comportamiento anómalo de la liberación de gases como el radón. Incluso en indicios de tipo atmosférico, como anomalías de temperatura. A pesar de los grandes avances todavía no se ha logrado predecir los terremotos.
Para comprender la dificultad de este reto hay que tener en cuenta que el intervalo entre grandes terremotos en un mismo segmento de falla es de unos pocos centenares de años o incluso unos pocos miles. Eso significa que la comunidad científica, con instrumentos, sólo ha registrado un único gran terremoto en cada segmento de falla o incluso ninguno. Con esta escasez de datos se está trabajando. Esto contrasta significativamente con la predicción meteorológica, que disponer de un registro de datos científicos de más de 175 años.
En cualquier caso, la combinación de datos de diferentes segmentos de falla, y la irrupción de la inteligencia artificial, es la esperanza para que la comunidad científica, tarde o temprano, sea capaz de alcanzar el éxito de la predicción sísmica.
Cada vez hay más terremotos: FALSO

DUDAREV MIKHAIL

DUDAREV MIKHAIL
Es una percepción falsa que está relacionada con el espectacular incremento de la población que ha sufrido el planeta en el último siglo. Por ejemplo, hace 100 años la población del planeta era de 2000 millones mientras que ahora es de 8300 millones. En definitiva, hay muchas más personas expuestas al peligro sísmico (también a otros peligros geológicos y atmosféricos). A este hecho hay que sumar la globalización, el incremento de los medios de comunicación e internet, que hacen que cualquier fenómeno natural que ocurra en el planeta se difunda en minutos.
Vinculado a esta falsa afirmación también se encuentran noticias que relacionan el incremento de terremotos con el nuevo escenario de Cambio Climático. Aunque estos cambios en el Clima pueden intensificar fenómenos atmosféricos extremos, nada tienen que ver con los terremotos que son originados por el movimiento de las placas tectónicas.
Los gobiernos o algunas personas malintencionadas producen terremotos: FALSO


Después de cada terremoto catastrófico se difunden algunos mensajes “conspiranoicos” de que algún gobierno o algún grupo de personas lo ha provocado intencionadamente. En este sentido hay que aclarar que la Tectónica de Placas comenzó en nuestro planeta hace 3000 millones de años y que desde hace unos 600 millones de años tenemos una situación tectónica muy similar a la actual, caracterizada por la ocurrencia continuada de algo más de 1 millón de terremotos cada año, de los cuales unos pocos son destructivos. La comunidad científica ha identificado grandes paleoterremotos en los últimos 2 millones de años, antes de que existiesen los seres humanos. ¿Qué tecnología produjo esos antiguos terremotos? Y otra cuestión importante a considerar es qué necesitamos los seres humanos para generar artificialmente un gran terremoto. Por ejemplo, el sismo de Japón, de magnitud 9, se produjo por el movimiento brusco (durante 2 o 3 minutos) de una zona de falla de 500 x 200 km, con un desplazamiento máximo en su zona epicentral de unos 20 metros, entre 30 y 50 km de profundidad. ¿Qué tecnología puede producir algo así?
Otra cosa muy diferente son los terremotos de magnitud pequeña producidos por la inyección de fluidos. Por ejemplo, después del llenado de un gran embalse o de un episodio de grandes lluvias, se producen en la zona pequeños terremotos. A este fenómeno se le conoce como hidrosismicidad. Un fenómeno parecido se produce cuando el ser humano inyecta artificialmente hidrocarburos para su almacenamiento en reservas estratégicas, o para la extracción de estos hicrocarburos con técnicas como el “fracking”. Estas actuaciones también producen una sismicidad inducida, pero se caracterizada por terremotos de pequeña magnitud. Aun así, hay que ser precavidos con la utilización de estas técnicas porque si se practican en zonas de fallas que están “cargadas” tectónicamente pueden acelerar o adelantar la generación de algún terremoto de mayor magnitud.
La ocurrencia de terremotos de pequeña magnitud es buena porque libera energía: FALSO


El funcionamiento de cualquier falla del Planeta se caracteriza por la ocurrencia de terremotos de diferente magnitud. En los periodos entre grandes terremotos se producen miles y miles de pequeños terremotos. Pero la energía que liberan es demasiado pequeña si la comparamos con la de un gran terremoto. La comunidad científica mide la magnitud con una escala logarítmica de base 30. Esto significa que cada grado de magnitud multiplica la energía del sismo por un factor de 30. Por ejemplo, un terremoto de magnitud 6 es 30 veces más energético que uno de magnitud 5, uno de 7 es 30 veces más energético que uno de 6. Por tanto, un terremoto de magnitud 7 es 900 veces más energético que uno de 5. El terremoto de Japón de 2011 de magnitud 9 liberó casi un millón de veces la energía del terremoto de Lorca del mismo año, que tuvo una magnitud 5.1. El de Lorca se produjo por la rotura de una zona de falla de 3 x 2 km mientras que el de Japón se produjo por la rotura de una zona de falla de 500 x 200 km.
Otra comparativa que podemos usar es que necesitaríamos 729 millones de terremotos de magnitud 3 para liberar la energía de un terremoto de magnitud 9. O si nos referimos al terremoto máximo que se puede producir en la península Ibérica, de magnitud 7, necesitaríamos 810.000 terremotos de magnitud 3, 27.000 de magnitud 4 o 900 de magnitud 5 (similares al evento de Lorca de 2011).
A todas estas desinformaciones hay que unir últimamente la difusión de numerosos vídeos falsos después de un gran terremoto, creados por inteligencia artificial, con olas de tsunamis gigantes o grietas “imposibles”, confundiendo a la población sobre lo que es una falla tectónica.
*Texto: Pedro Alfaro
Referencias
Alfaro, P., Bedmar, O., Borrego, A., Martín-Rojas, I., Medina, I., Santamaría-Pérez, E. Tectónica de placas, fallas, terremotos y riesgo sísmico: una estrategia integradora. Alambique, 114, 33-41, 2023. ISSN 1132-9157
Dryhurst, S., Mulder, F., Dallo, I., Kerr, J.R., McBride, S.K., Fallou, L. y Becker, J.S. (2022). Fighting misinformation in seismology: Expert opinion on earthquake facts vs. fiction. Frontiers in Earth Sciences. 10:937055. doi: 10.3389/feart.2022.937055
González, M.; Alfaro, P.; Brusi, D. Los terremotos mediáticos como recurso educativo. Enseñanza de las Ciencias de la Tierra. 19, pp. 330 - 342. 2012. ISSN 1132-9157
Pedro Alfaro García


Catedrático de Geodinámica Interna de la Universidad de Alicante (UA). Coordinador científico de la Red Sísmica de la Comunitat Valenciana y director de la Cátedra de Sismología y Geología de Terremotos de la UA.
‘No vamos a contar mentiras’
Todos los martes, a las 13:45 horas, Miguel A. Goberna, profesor emérito de Matemáticas de la Universidad de Alicante, les propone un bulo —científico o no— que todos, o casi todos, hemos escuchado o leído en alguna ocasión en un medio de comunicación, en una red social o en un libro.
Son los profesores e investigadores de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Alicante y expertos de reconocido prestigio en esta y en otras áreas quienes refutarán esas falsedades. Y es que, como diría Goethe (pero nunca dijo): “¡Ciencia! ¡Más ciencia!”.





