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Gourlay, ponte las pilas

El CEO del Valencia CF tiene un reto ante su tercera ventana de fichajes, con 23 jugadores con contrato, ocho futbolistas que finalizan su vinculación, con un entrenador amortizado para Mestalla y sin director deportivo

Gourlay, Solís, Kiat Lim y Corberán, a finales del mes de mayo en Singapur

Valencia

Ron Gourlay anunció en su primera comparecencia de prensa que necesitaría cuatro ventanas de mercado para cambiar la fisonomía y el corazón de la plantilla del Valencia CF para luchar por objetivos muchos más ambiciosos que la permanencia en Primera división.

Tras consumir la segunda ventana con una inversión superior a once millones de euros y en el arranque de la tercera, las presuntas aspiraciones europeas se ha transformado en angustia y desesperación para 45.000 abonados que han visto como su equipo ha ocupado la zona de descenso en diferentes tramos de la competición y que a falta de cinco jornadas para que termine LaLiga todavía no tiene garantizada la permanencia.

El valencianismo no puede, ni debe normalizar una temporada con catorce derrotas, no reconoce la identidad de su equipo, sin un patrón de juego y sin un once ideal después de 33 jornadas.

La gestión del grupo por parte de Carlos Corberán ha sido nefasta, sus inseguridades se han visto reflejadas en el comportamiento irregular de la plantilla, tanto en el plano individual como en el colectivo.

Cuesta encontrar a algún futbolista que haya ofrecido su mejor versión y paradójicamente, dos defenestrados en diciembre como Ramazani y Dimitrievski le han sostenido en el cargo.

Mestalla aguarda pacientemente la salvación matemática para pedir el despido o la dimisión de Corberán, aunque no se ejecutará lo primero, ni se producirá lo segundo.

Gourlay asumirá el riesgo de iniciar una nueva temporada sin resolver el grave problema que tiene en el banquillo y de forma colateral en los despachos, porque el técnico de Cheste seguirá actuando como 'manager deportivo' ante la ausencia de alguien que desempeñe un cargo para el que el CEO debería estar capacitado o en su defecto desde el pasado 1 de febrero tendría que haber contratado a un profesional con un extenso conocimiento del mercado nacional e internacional, con una agenda de contactos en diferentes continentes y con un amplio bagaje en operaciones. Ni lo uno, ni lo otro.

Ron Gourlay tiene faena para aburrir si pretende lograr en cuatro meses una mutación imposible en el modelo de cohabitación de Corberán con la estructura de scoutings que se ha montado y al mismo tiempo, transformar una plantilla desquiciada con su entrenador en un equipo competitivo y con el propósito de presentar su candidatura europea en la temporada previa al traslado al Nou Mestalla.

23 jugadores con contrato

El Valencia arrancará el verano con una cifra inferior a los 95 millones de euros de Fair Play Financiero tras haber consumido un porcentaje en los fichajes de Unai Núñez y Renzo Saravia por las lesiones de Diakhaby y Foulquier.

El club ya se vio en la necesidad de activar recursos financieros a futuro del Nou Mestalla para mejorar su cifra de inversión y gastar más de 11 millones de euros en enero con las incorporaciones de Sadiq en propiedad, Núñez, Guido y con posterioridad la llegada de Saravia.

La plantilla de la temporada 2026-27 tiene con contrato a un portero (Cristian Rivero), un lateral derecho (Foulquier), dos laterales zurdos (Gayà y Jesús Vázquez) y cinco centrales (Copete, Tárrega, Diakhaby, Cenk y De Haas).

En la zona ancha, dos pivotes (Pepelu y Dieng), cuatro centrocampistas (Guerra, Santamaría, Ugrinic y Almeida) y cuatro extremos (Diego López, Danjuma, Rioja y Sergi Canós)

En ataque, un mediapunta (Dani Raba) y tres delanteros (Sadiq, Hugo Duro y Alberto Marí)

Con 23 licencias profesionales ocupadas y la finalización de 8 contratos (Dimitrievski, Thierry, Saravia, Unai Núñez, Cömert, Guido Rodríguez, Ramazani y Lucas Beltrán) el Valencia tendrá que fichar para doblar posiciones, a dos porteros, a un lateral derecho, a un extremo por la lesión de Canós y a un jugador de ataque.

Ron Gourlay, ya habrá aprendido la lección tras el pulso con Jokin Aperribay por Sadiq y sabrá que el principal problema al que se enfrentan los clubes españoles no está en adquirir o renovar jugadores. El principal escollo, con las normas que rigen el control económico de la LFP, lo tienes con los futbolistas que te sobran, los que Corberán le dirá que no quiere en plantilla y que limitará la inscripción de los nuevos fichajes.

En el mercado de invierno ni Ron Gourlay, ni Corberán fueron capaces de colocar a Ramazani, con la enorme fortuna de que el mismo jugador al que quisieron cortar en enero, les ha salvado la temporada en mayo y por el que ahora le han pedido precio al Leeds United.

Su compra se aproximaría a los 10 millones de euros y a los que habría que sumarle un contrato algo superior a los 2 millones brutos por cada una de las tres o cuatro temporadas que firmaría. Es una operación inviable en un contexto económico como el actual y una segunda cesión no entra en los planes del club inglés que solo contempla su traspaso.

El consejero delegado del Valencia tampoco fue capaz de encontrar acomodo para Dani Raba, primer fichaje autorizado por Gourlay y Corberán en su viaje a Singapur y que ha jugado 8 minutos en la segunda vuelta del campeonato. Si un jugador no se quiere marchar solo hay dos caminos, la rescisión de contrato previo pago de una indemnización o sacarle el máximo rendimiento. Ni lo uno, ni lo otro.

Lo mismo ocurrió con Baptiste Santamaria, que ha jugado 2 minutos desde que se cerró el mercado de invierno y al que también le queda otro año de contrato con un salario de 2 millones de euros brutos.

A esta dificultad, se añade un caso imposible de gestionar porque Sergi Canós sufrió en abril una rotura del ligamento cruzado en su cesión al Valladolid. El extremo de Nules percibirá 1,7 millones de euros que tiene fijado como salario en su último año de contrato y que computará en el Fair Play Financiero sin que desgraciadamente pueda jugar hasta enero.

Cinco fichajes + Guido

El primer fichaje será Stole Dimitrievski, previo pago de medio millón de euros que irán al bolsillo del portero para hacer efectiva una cláusula de extensión unilateral por dos temporadas.

Ante la ausencia de un director deportivo, será el manager general ‘in pectore’ Carlos Corberán, el que decidirá si necesita una segunda inversión en otro guardameta que compita por la titularidad con el macedonio y con Cristian Rivero, inédito durante toda la temporada.

En el lateral derecho, Thierry finaliza su vinculación, a Dimitri Foulquier le resta un año de contrato y Corberán tendrá que valorar si para dar un notable salto de calidad en esa posición se debería firmar a un jugador con más nivel que Renzo Saravia o se le propone una renovación en función de cómo complete los cinco partidos que tiene por delante.

En el lateral zurdo, el CEO tendrá que afrontar una de las patatas calientes del verano. José Luis Gayà entra en su último año, es el capitán, con un salario superior a los 6 millones de euros y si el club no quiere destinar tanto dinero a un jugador con un rendimiento decadente deberá descararse y proponerle una salida o una extensión contractual ligada a una rebaja significativa en sus emolumentos. No hacer nada es lo fácil, lo cómodo y lo que no le generará un problema adicional a los muchos que deberá resolver.

El caso de Gayà y el futuro de Mouctar Diakhaby serán capitales para optimizar los 11 millones de euros que consumen del Fair Play. Ni el capitán, ni el central son jugadores determinantes en la plantilla actual, pero condicionan la capacidad de inversión que se podría destinar a nuevos fichajes.

Ron Gourlay debería conocer la voluntad de ambos jugadores antes de que se marchen de vacaciones para fijar un escenario económico real y con el que el Valencia afrontará el resto del mercado, con independencia de los traspasos que a lo largo del verano se pudieran producir o de las opciones de compra que se pudieran ejecutar como en el caso del Colonia con Cenk.

El Valencia tiene que acometer cinco fichajes para doblar posiciones y a los que se añade un sexto con las negociaciones que mantiene abiertas para renovar a Guido Rodríguez. El club le ha trasladado una propuesta importante al centrocampista argentino y que sus agentes catalogan como insuficiente en la comparativa con el resto de ofertas que manejan.

Este caso describe la falta de un plan deportivo, la ausencia de criterio y el desconocimiento de cómo se mueve el mercado. El Valencia ya ha ocupado esa demarcación con el fichaje de Aliou Dieng, un futbolista que a sus 28 años no ha jugado en Europa, procede de la liga de Egipto y viene para competir por el puesto con Guido y Pepelu.

Si Guido Rodríguez acepta la oferta del Valencia y firma un nuevo contrato por un mínimo de dos temporadas, Pepelu no asumirá el rol de suplente de lujo o el de un comodín para jugar de central como ha sucedido por las lesiones de Diakhaby, Copete o Nuñez.

A Gourlay y a Corberán se les viene otro incendio. Si Pepelu no va a ser un jugador importante presentará ofertas para salir del Valencia y el entrenador se opondrá porque considera que el centrocampista de Denia es necesario sobre el césped y en el vestuario. Si de verdad es un jugador importante, Pepelu querrá que se lo demuestren antes de entrar en su último año de contrato.

Entonces, ¿Qué hacemos con Dieng? ¿Se autorizará desde Singapur el pago de una indemnización de 2 millones para que Santamaría rescinda su contrato y el pivote de Mali ocupe el lugar del francés? ¿Si Guido no renueva Corberán considerará que con Pepelu y Dieng se ha dado un salto de calidad para competir por Europa? Gourlay se ha metido en un zarzal lleno de espinas por firmar de forma precipitada a Aliou Dieng y sin tener definido el futuro sobre una demarcación vital.

Si el objetivo real de la próxima temporada se fija en la vuelta a competiciones europeas el Valencia necesitará jugadores de un nivel superior al perfil que está contratando y tendrá que darle salida a André Almeida, a Dani Raba, a Alberto Marí y hacer una reflexión sobre el rendimiento que con Corberán en el banquillo pueden alcanzar futbolistas desconcertados y desconectados como Danjuma o Diego López.

Una estructura deportiva indescifrable

El Valencia de Meriton es un circo de tres pistas, con un entrenador que llama a secretarios técnicos para que le lleven la agenda, una estructura de scoutings liderada por Lisandro Isei que ficha a Justin De Haas y a Aliou Dieng, de los que se desmarca Corberán diciendo que con estos dos jugadores no ha hablado y que no ha mantenido ningún tipo de contacto.

Corberán, escenificó su metodología de trabajo a la hora de incorporar a un jugador y explicó con detalle las charlas que mantiene con todos los futbolistas con los que el Valencia negocia, para explicarles lo que espera de ellos, cuál será su rol y el nivel de exigencia al que se someterán.

Sin embargo, en estos dos casos el procedimiento utilizado para su contratación ha sido distinto, no ha sido necesario utilizar el comodín de la llamada del técnico y ni tan si quiera Corberán ha considerado oportuno hablar con Justin De Haas, que aprovechó el último parón de Liga para buscar lugar de residencia en Valencia y conocer la ciudad en la que se instalará a partir del próximo mes de julio. Griezmann viajó a Estados Unidos para ser presentado por el Orlando City y ningún colchonero se sintió ofendido, Griezmann sigue jugando para llevar al Atlético de Madrid a la final de la Champions y De Haas es un pilar básico para el Famalicao que pelea por meterse en Conference League.

Es muy extraño que Carlos Corberán y Lisandro Isei no provocasen un encuentro con De Haas en Valencia o al menos una llamada telefónica durante su estancia, si supuestamente reina una maravillosa armonía entre departamentos que forman parte de una misma estructura y a la que le sigue faltando un director deportivo que tenga la visión de un proyecto global y con poder para ejecutar decisiones al margen de la persona que ocupe de forma puntual el banquillo de Mestalla.

La cantera es un holograma

En el Valencia de Corberán no hay espacio para la cantera. No es una frase hecha, es la constatación de que no hay flujo de jugadores que debuten y permanezcan en el primer equipo.

No es un mérito atribuible a Corberán que Javi Guerra, Cesar Tárrega o Diego López formen parte de la primera plantilla, porque es fruto del trabajo de los propios jugadores y de la apuesta que Rubén Baraja hizo en un momento determinado ante la falta de inversión por parte de Peter Lim.

Lo de entrenar y estar en dinámica del primer equipo queda muy bien para los reportajes sobre la Academia pero la realidad es muy distinta con el técnico de Cheste. Nos preparamos para una próxima comparecencia Gourlay en la que nos volverá a regalar los oídos con promesas sobre el inagotable talento que hay en Paterna.

La realidad va por otro camino. Mario Domínguez, es el delantero que ha marcado 16 goles con el Mestalla y finalizara su contrato en un mes, si el Valencia no ejecuta una cláusula unilateral que le convertiría en jugador profesional de la primera plantilla por las 3 próximas campañas.

El club sabe que si ejerce la opción, Mario hará la pretemporada con la primera plantilla pero Corberán terminará exigiendo el fichaje de un delantero importante que reemplace la figura de Lucas Beltrán y Ron Gourlay tendrá que buscarle un equipo al que se marche cedido pero con un salario que no todos los equipos de Segunda estarían dispuestos a asumir.

Además, Alberto Marí finaliza contrato en junio de 2027 y su préstamo al Mirandés no ha resultado positivo porque tan solo ha marcado un gol y se encuentra desde el mes de marzo en periodo de recuperación de una importante lesión muscular que precisó de cirugía. Ya no volverá a competir hasta la pretemporada y todo hace indicar que el club tendrá que abordar la resolución de su contrato.

Otro caso abierto en el Mestalla, es el de Víctor Fernández Jr, jugador cedido por el Levante pero con una opción de compra fijada en 100.000 euros. El talentoso mediapunta recaló en el filial valencianista ante la nula participación que tuvo con Julián Calero y esta temporada ha marcado 11 goles y ha dado 3 asistencias.

El importe de la operación es muy bajo y el nuevo contrato del jugador es más que asumible para un chico de tan solo 18 años. Es un caso muy distinto al de Mario Domínguez, porque el riesgo económico es mínimo, pero el jugador necesita saber qué plan tiene preparado el Valencia para él, porque ya perdió un año en el Levante y no quiere que su carrera se pueda frenar por una mala decisión del que será su nuevo club para las cuatro próximas temporadas.

La última renovación ha sido la de David Otorbi, que fue titular ante el Maracena en la primera eliminatoria de Copa, jugó los últimos minutos en El Molinón frente al Sporting de Gijón y ya no ha vuelto a gozar de una oportunidad con el primer equipo tras una temporada en la que solo ha marcado un gol con el Mestalla. El joven extremo después de prolongar su vinculación hasta junio de 2028 espera conocer los planes que el Valencia tiene preparados para su futuro.

Todo este volumen de trabajo hay que realizar en el Valencia de Meriton sin que haya arrancado el mercado, con un entrenador amortizado para Mestalla, con una plantilla que está loca por iniciar las vacaciones para desconectar de su entrenador y al que se volverá a encontrar en julio, sin un director deportivo que afronte las grandes operaciones que se presentarán este verano y con un CEO incapaz de organizar una estructura que le permita llegar sin sobresaltos a una feliz jubilación cuando se ponga en marcha el ‘New Mestala’ y con el ferviente deseo de ver al Valencia en Europa. Ron, ponte las pilas.

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José Manuel Alemán

Redactor de Deportes en Radio Valencia