Domingo, 28 de Noviembre de 2021

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ENTREVISTA

"Cuando al espectador le dan basura, tiene que ser capaz de ir a otra cosa"

La periodista Rosa María Calaf ha pasado por lo micrófonos de la SER antes de participar en las jornadas organizadas por la Fundación Segundo y Santiago Montes

Érase una mujer a un pelo pegada. Érase un pelo superlativo. Manido, sí, pero la cabellera roja con mechones grises sigue siendo la "marca Calaf". Cuenta que su primer jefe en la tele, cuando no había asesores de imagen ni consultores de empresa, le hizo ver la importancia de tener un rasgo distintivo. Llongueras hizo el resto. Su imagen y su voz, inconfundibles, pero, sobre todo, su talento periodístico y su capacidad de análisis convirtieron a Rosa María Calaf (Barcelona, 1945) en una presencia cotidiana y cercana en millones de hogares.

Es "la Calaf" y la anteposición del artículo indica que estamos ante alguien importante de verdad, si bien ella admite que no se dio cuenta del impacto de su trabajo entre los televidentes hasta que guardó las maletas en el armario y un montón de pasaportes con las hojas cargadas de sellos en el cajón. El ERE de TVE intentó llevarse por delante a la corresponsal, pero continuó en la televisión pública hasta 2009, cuando se prejubiló. Ahora, desde la distancia, se permite hablar con mayor libertad, si cabe, que cuando acarreaba en su equipaje micrófonos y conexiones en directo.

Visita Valladolid para participar en las jornadas organizadas por la Fundación Segundo y Santiago Montes sobre el 25 aniversario de la matanza de los jesuitas en El Salvador. Ella no estuvo allí pero la charla empieza por sus recuerdos.

¿Cómo recuerdas aquel crimen?

Todavía estaba en España, pero son impactos que se quedan ahí. Lo tremendo es la impotencia y el saber por qué suceden estas cosas. Y lo peor es que luego no ocurra nada. 

Participas en las jornadas para hablar de cooperación al desarrollo, ¿es importante que estos programas estén bien financiados y bien orientados?

La ayuda en sí misma no ha contribuido practicamente casi nunca al desarrollo, o ha sido un paliativo. Y muchas veces ha sido mayor deuda externa para los países empobrecidos. Los medios tenemos una gran responsabilidad en contarlo, y contarlo bien para que los ciudadanos lo entiendan. Tenemos la obligación de darle al ciudadano los elementos honestos y rigurosos para que luego se forme una opinión.

Tras la prejubilación, ¿cómo se ve el periodismo desde la barrera?

Esto imprime carácter y uno es periodista hasta que se muere. Es difícil verlo desde fuera pero sí te da una perspectiva que, normalmente no tienes. Y la prisa, lo efímero, por encima de la calidad, a veces no te deja ver la realidad. Me preocupa mucho que se den por hecho prácticas criticables como el periodismo de titulares que se informe sólo por lo que impacta y no por lo que importa. Estas actitudes confunden mucho a la ciudadanía. Por ejemplo en el periodismo de conflictos, a veces el espectador puede valorar más el decorado que el contenido y eso es peligroso para mantener una democracia sólida. 

¿Cuánta parte de culpa tenemos los periodistas en la degradación del oficio?

Muchas. Tenemos que hacer una autocrítica muy seria. Pero las responsabilidades van en relación directa a la responsabilidad que uno tiene. La empresa periodística que apuesta por el negocio, en el mejor de los casos, o la manipulación en favor de determinados intereses, tiene más responsabilidad que el periodista. Y las instituciones que han de fijar el marco para que se pueda ejercer la información de libre. También el ciudadano que tiene el mando a distancia y decide lo que. Cuando le dan basura tiene que ser capaz de irse a otra cosa. 

¿Cuatro décadas en TVE, la más experimentada de todo el cuerpo de corresponsales, cómo analiza la situación actual de la televisión pública?

A mí me duele mucho ver una constante en la historia nuestro país: avanzar tres pasos y retroceder dos. No consolidamos los avances. Lo único reconfortante es ver que parece que la audiencia se ha dado y deserta. La etapa anterior no fue perfecta, somos conscientes todos, incluido Fran (Llorente, anterior director de Informativos), pero esta caída en picado y la vuelta a las prácticas anteriores ha sido como un bofetón, una falta de respeto tremenda. 

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