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Aguirre ya no baila

Los madrileños castigan las políticas y la campaña populista de la candidata del PP que no ha logrado el tirón esperado por su partido. Madrid se enfrenta a un nuevo escenario de pactos y acuerdos, con un importante ascenso de la izquierda en ambas instituciones

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Madrid ya no baila al son de Aguirre. A pesar de haber empapelado taxis, marquesinas y hasta la portada de la Guía del Ocio con su casa, la candidata del PP al Ayuntamiento no ha logrado el resultado esperado. Aguirre reapareció en campaña con sus viejas armas que no han funcionado en este nuevo escenario de acuerdos y sin mayorías.

Anoche Esperanza Aguirre vivió su victoria más amarga. Aunque sabe lo es estar en la oposición municipal, está por ver ahora si permanece al otro lado del poder durante cuatro años o cede los bártulos a su número 2 y se retira definitivamente de la vida política, a la que quizá se arrepienta haber regresado. El votante madrileño le ha penalizado por haber estado al frente del gobierno regional en el que floreció la Gürtel y su campaña agresiva, populista y de propuestas efectistas pero contadas, ha hecho el resto. Aguirre se enfrenta al golpe de la pérdida de poder interno y en este pulso ha ganado Cristina Cifuentes, la candidata favorita de Mariano Rajoy con una campaña más templada en la que ha tenido que luchar contra los provida y las zancadillas del equipo de campaña de la propia Esperanza.

Del rodillo al acuerdo

Si en el Ayuntamiento de Madrid el acuerdo entre la plataforma ciudadana de Manuela Carmona y los socialistas parece factible (a priori), en la Comunidad a partir de este lunes debe tejerse el entendimiento entre el Partido Popular y la formación de Albert Rivera, con el que Cifuentes ha presumido en privado de mantener muy buenas relaciones.

Para Ciudadanos es más fácil pactar con Cifuentes de lo que lo hubiese sido hacerlo con Aguirre. Cifuentes no está salpicada ni por su gestión pasada ni por la corrupción y representa una línea mucho más moderada, que le ha permitido durante su larga carrera política, establecer buenas relaciones con todas las formaciones y colectivos sociales. Aunque fue duramente criticada por la actuación de la Policía durante las manifestaciones que han tenido lugar en la capital, Cifuentes ha trabajado codo con codo con los movimientos LGTB y se ha posicionado contra la reforma del aborto que propuso su partido. Eso le ha costado más de un disgusto. El colectivo provida Hazte Oír le montó una campaña pidiendo que no se le votara y que ella misma tachó aquí en la SER de "miserable".

Habrá que esperar. Lo que está claro es que se abre un nuevo tiempo. Se acabó el 'rodillo' popular que en el Palacio de Cibeles y la Asamblea ha tumbado a golpe de mayoría cada uno de los debates. La discusión y el trabajo parlamentario tendrán que retomarse de nuevo en Vallecas, primero para formalizar un gobierno y después para abrir un nuevo tiempo, alejado de errores por los que el Partido Popular (y también el resto de fuerzas clásicas) han pagado una importante factura en las urnas.

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Cadena SER

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