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Domingo, 17 de Noviembre de 2019

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La otra Ciudad Encantada

La Serranía de Cuenca esconde parajes espectaculares como el Tormagal de Masegosa, un paisaje kárstico que forma otra ciudad encantada menos conocida

Tormagal de Masegosa, un paisaje kárstico que forma otra ciudad encantada en Cuenca /

En las tierras altas de la Serranía de Cuenca, donde el paisaje se descuelga al barranco por el que discurre el tramo alto del Tajo, apurando las últimas tierras de la provincia de Cuenca antes de que, al otro lado del río, empiece ya Guadalajara, en el término municipal de Masegosa, en el paraje de Muela Pinilla, aparece un paisaje encantado entre los pinos conocido como el Tormagal. La palabra proviene de tormo, un topónimo muy conquense asociado a las formaciones geológicas kársticas, sobre todo en parajes como la Ciudad Encantada. Por tormagal se conoce a una sucesión de tormos y ese nombre denomina a todo el paraje que se abre en Muela Pinilla, en Masegosa.

A este municipio se accede por la carretera autonómica 2201, bien llegando desde Beteta, bien desde Tragacete. Si lo hacemos por la primera opción avanzaremos unos 5 kilómetros más allá del casco urbano de Masegosa hasta el desvío hacia Peralejos de las Truchas por la carretera CM-2106. Si llegamos por la otra opción, encontraremos el desvío a la derecha antes de llegar al pueblo. Seguimos esta carretera que se asoma al valle del Tajo y en unos dos kilómetros tomaremos una pista forestal a la derecha para llegar ya al paraje de Muela Pinilla, en cuyo seno está el Tormagal. Podemos dejar el coche a poco de adentrarnos en el camino de tierra y recorrer después el sendero señalizado que nos llevará a la ciudad encantada de Masegosa. El paraje de Muela Pinilla está incluido en el Parque Natural del Alto Tajo y en 2003 fue declarado Monumento Natural por su interés geomorfológico.

“Este tipo de formaciones no son comunes a pesar de que en la Serranía de Cuenca predomina la litología caliza y las dolomías que son los sustratos en los que se crean estas formaciones geológicas”, explica el ingeniero de Montes, Enrique Montero. “Aun así son pocas las localizaciones en las que la evolución del karst llega a formar ciudades encantadas”. En Cuenca hay tres: la Ciudad Encantada de Valdecabras, los Callejones de las Majadas y este Tormagal de Masegosa.

El paraje se extiende por unas cien hectáreas y destaca la sucesión de callejones de hasta diez metros de profundidad y anchura variable, desde muy estrechos hasta 15 metros de ancho. En el Tormagal proliferan, más incluso que en la Ciudad Encantada, los arcos naturales formados en la roca de los que encontramos aquí buenos ejemplos. La sucesión de esos callejones junto a los tormos conforman el paraje creando, además, figuras pétreas espectaculares.

Desconocido para muchos, el Tormagal es poco frecuentado aunque cuenta con señalización. En algunos casos la vegetación se apodera del sendero lo que nos permite adentrarnos, casi como pioneros, en esta naturaleza agreste.

Abrigado entre las paredes de roca, en un ambiente casi sobrecogedor, de repente nos encontramos con estampas como la calavera, una de las creaciones pétreas más reconocibles del Tormagal. En este caso no será necesario echar mano de la imaginación. Y atento, porque en medio de este pinar, de repente, nuestros compañeros de visita pueden ser los ciervos. El recorrido se puede hacer en una hora y media o dos horas y nos llevará también al punto más alto del paraje regalándonos unas vistas panorámicas destacables.

El recorrido es llano y sugerente para conocer con niños. Esta comarca cuenta además con otros espacios naturales de especial interés como la hoz de Beteta, la laguna de El Tobar, la Cueva del Hierro o las Torcas de Lagunaseca que se pueden visitar en una misma jornada.

 

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