Que alguien piense en los niños
A Coruña
Era el día que se celebraba la "fiesta de la cantera". No me paré a contar los niños que allí había congregados para sacarse el retrato de familia pero debían de rondar los trescientos. Llegaba el segundo clasificado a Riazor, un Melilla Baloncesto con muchas caras conocidas, hasta cuatro exjugadores del club coruñés. El Leyma Básquet Coruña quería celebrar ante su público la primera victoria de la segunda vuelta de competición confirmando su gran estado de forma. Nada hacía presagiar la tormenta que se desataría en los últimos segundos.
El Básquet Coruña salió muy centrado y con la lección bien preparada. Ante un Melilla que pretendía jugar al ritmo de Hernández-Sonseca, los locales respondían con fuerte presión al balón, sobre todo cuando este llegaba al poste bajo, muchas ayudas, y su mejor arma, la velocidad. El ritmo desplegado por los pupilos de Tito Díaz desarboló a un equipo norteafricano incapaz de realizar el balance defensivo. Las ventajas eran grandes, siempre superiores a los diez puntos, rondando incluso la veintena.
Pero en un abrir y cerrar de ojos Melilla arregló la situación. En poco más de dos minutos anotaron cuatro triples y nos endosaron un parcial de 0-14 que les permitió llegar con vida al descanso. Resulta curioso que el baloncesto que mejor le funcionó al equipo de Alejandro Alcoba fue el de llegar y tirar, rápido, sin sistemas, sin pensárselo dos veces. Curioso pero en parte lógico, ya que el "Decano" tiene una grave carencia en la dirección de juego. Josep Franch parece haberse quedado en eterna promesa y Pelayo Larraona no da el nivel para esta liga (de hecho, no participó), por lo que tiene que ser Suka-Umu (que ya sabemos cómo se las gasta, para bien y para mal), el que tome el mando de las operaciones, con el riesgo que esto supone.
A partir de ahí, el partido estuvo igualado, con ligeras ventajas para uno y otro equipo. Finalmente apareció el de siempre, Ángel Hernández para liderar el juego de los nuestros y llevarnos a la victoria.
Pero esta entrada no pretende ser una crónica del partido. Faltaban doce segundos cuando sucedió el esperpento. Beqa Burjanadze se disponía a poner la guinda a la victoria local finalizando un contraataque. Pablo Almazán lo esperaba dentro de su zona con el garrote preparado. Y "¡pum!" llegó el golpe, a todas luces desproporcionado. No seré yo el que justifique la reacción del georgiano. Puedo comprender que se revolviese y encarase con su agresor pero no puedo justificarlo. Menos aún puedo justificar, y esto sí que no soy capaz de comprenderlo, lo que vino después, la reacción de varios jugadores del equipo de la ciudad autónoma. No todos ellos actuaron como matones (Zengotitabengoa siempre elegante, también Javi González...). Suka-Umu y Héctor Manzano estuvieron en el ajo pero los actores principales fueron los hermanos Almazán. El amor fraterno de Eloy salió a relucir de la manera más violenta, macarra e indeseable. Primero fue a por Beqa, más tarde se enfrentó con todo aquel que se cruzó en su camino, incluido el fotógrafo oficial del club (y colaborador de esta casa) que intentaba poner algo de "sentidiño". El mayor de los Almazán demostró sus dotes de baladrón y perdonavidas, los puños cerrados, un insulto en los labios. Larry Abia intentaba apaciguar los ánimos, Eloy se encaró con él y Pablo, a traición, lo enfiló y lo empotró contra la cristalera que separa las pistas de atletismo que separan el parqué de Riazor de los graderíos. Justo allí se encontraban, como de costumbre, quizá en mayor número del que es habitual, un buen número de niños pequeños que pretendían disfrutar con sus familias de un espectáculo deportivo, un espectáculo deportivo que no era boxeo ni lucha libre, que era baloncesto, al menos hasta ese momento. Alguno acabó llorando.
Una execrable trifulca deslució un partido que había sido vistoso. Los árbitros, que estuvieron al nivel de la contienda, resolvieron la polémica con una falta antideportiva para Pablo Almazán, una técnica para Burjanadze y la expulsión de los jugadores de ambos banquillos. Esperemos a ver qué dice el acta pero entiendo que más de un boxeador, digo, jugador, debería de acabar en la "nevera" una temporadita. ¿Habrá sanciones?
En fin, una asquerosa pelea deslució la "fiesta de la cantera", esperemos que los niños olviden pronto esos rostros cargados de ira y se queden con lo bueno (que es mucho) de este deporte: el afán de superación, la competitividad, el compañerismo...




