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, 24 de de 2020

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‘El guardián de la puerta’

Al final, después de muchos encuentros, contactos, discusiones, se firmó el acuerdo de la vergüenza. Esa firma traicionera, rubricada en una Europa cada vez más cerrada en sí misma, por la que se da el beneplácito al retorno desde las islas griegas a Turquía a los migrantes, y entre ellos a los refugiados, que lleguen a ese territorio de la Europa comunitaria. Al final, los países de la Europa “civilizada” pusieron cerco y puertas a la esperanza de miles de personas que un día decidieron hacerse a la mar, arriesgando vida propia y la de su familia, para intentar alcanzar una “paz” que, en la mayoría de los casos se vio truncada por una guerra que solo interesa a quienes por la fuerza pretenden imponer su poder político o su fanatismo.

Quienes mandan en Europa han decidido que a cambio de expulsar a estas personas, inmigrantes económicos, que entren ilegalmente en su territorio, se hará un examen individualizado de cada petición. Las devoluciones a Turquía de los refugiados con derecho a asilo, especialmente los sirios que desde el pasado domingo crucen el mar Egeo, a pesar de las intenciones de la Unión Europea, requerirán sin embargo "varios días", según se indica desde Europa, que señala que estos demandantes de asilo tienen derecho a presentar recursos, pero recursos ¿dónde? y ¿cómo?.

Grecia, que es la que deberá echar de su patio a estas personas, ya ha reconocido verse desbordada. Carece de medios y personas, aunque ya hay compromiso de otros países europeos, entre ellos España, de aportar mano de obra.

Europa ha pactado con el gobierno turco de Erdogan y habla de un sistema de acogida de sirios más ambicioso que el actual pero que, sin embargo, y hay muchas llamadas de atención al respecto, se trata de un controvertido acuerdo que viola, entre otros tratados, el de la Convención de Ginebra para los Refugiados, el Convenio Europeo de Derechos Humanos, los propios tratados de la Unión Europea, e incluso las Constituciones de los Estados miembros.

De hecho estas deportaciones, ya sean a nivel individualizado o colectivamente, a cambio de miles de millones de euros para Turquía, se realizarán con destino a un país que no se puede considerar seguro y al que se abre la puerta para reactivar el proceso de adhesión.

Un país que acogerá a cientos de miles de desplazados procedentes de conflictos en Siria, Iraq o Afganistán y sobre cuya naturaleza democrática se debería reflexionar. Es un país, que ha sido condenado muchísimas veces por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y ahora se convierte en el 'guardián de la puerta' de esa gigantesca muralla exterior de Europa que ahora se levanta después de que la Unión Europea hubiera animado a miles de personas a arriesgar sus vidas tras el compromiso europeo, hace unos meses, de acoger en sus casas a los refugiados.

Y encima de todo, tenemos a un Gobierno, el español, que en boca del titular de Exteriores, aseguró que no se aceptarían devoluciones masivas y luego firmó en Bruselas el acuerdo UE-Turquía. Un acuerdo que, con la excusa de que hay un Gobierno en funciones, se niega a explicar en el Congreso de los Diputados.

Veremos ahora hacia qué conductos las mafias de la inmigración que huye de la discriminación, el hambre o las guerras, ofrecerán nuevas vías poniendo, de nuevo en peligro la vida de miles de personas.

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Cadena SER

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