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Dionis Vidal: del olvido a la gloria

Callejando. Jueves 23 de marzo de 2016

Callejando. Jueves 23 de marzo de 2016

08:49

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La historia está plagada de pequeños detalles que hacen que los acontecimientos discurran por unos derroteros u otros. El cartógrafo alemán Martin Waldseemüller nombró “América” al nuevo continente en su famoso planisferio, pensando que Américo Vespucio había sido su descubridor. Colón reclamó y Waldseemüller rectificó, pero ya era demasiado tarde y las miles de copias de la exitosa Universalis Cosmographia recorrieron toda Europa consolidando el nombre de América para siempre.

Antonio Palomino (Bujalance, 1655 – Madrid, 1726), pintor de cámara de Carlos II y tratadista, escribió, entre 1715-1724 la más completa obra biográfica de pintores del siglo de oro español. “El parnaso español, pintoresco y laureado” ha sido un referente biográfico para las generaciones venideras, entre ellas las de cronistas y archiveros que en su día incidieron en el nomenclátor de nuestra ciudad. Cualquier olvido o ausencia en el diccionario de Palomino, intencionada o no, te condenaba al ostracismo, aunque a posteriori se demostrase la valía de ilustres ausentes, como le pasó a Colón.

Donis, Dionis o Dionisio Vidal (Valencia, ca. 1670 – Tortosa, después de 1719), el pintor valenciano que ha saltado a la palestra estos últimos días por la reciente restauración de su obra maestra en las bóvedas y muros de la iglesia de San Nicolás de Valencia, es un claro ejemplo de lo injusto que a veces puede resultar un nomenclátor de calles y lo olvidadiza de una sociedad como la valenciana, para con sus hijos más ilustres.

Vidal pintó, bajo la tutela de su mentor Antonio Palomino, las bóvedas de San Nicolás hacia el año 1700. Y allí mismo, en lo alto, al lado del rosetón gótico, se autorretrató al lado de su maestro. Su aspecto asustadizo y cariacontecido contrasta con el de un altivo y solemne Palomino. 24 años después, el maestro no incluyó a su discípulo valenciano en el parnaso pictórico y eso le costó el olvido social e institucional y con ello su ausencia del callejero.

Y es que, los frescos de la iglesia de San Nicolás de Valencia se han convertido en el último fenómeno cultural de masas de la ciudad. Son el último grito. Llevan más de 200 años entre nosotros, pero jamás se habían visto esas colas para contemplar la recién restaurada iglesia. Se nos llena la boca diciendo que es la “Capilla Sixtina Valenciana”, entonces, me pregunto ¿Dionisio Vidal sería el Miguel Ángel valenciano? Porque si es así, su ausencia en el callejero ya es del todo injustificable.

No hay que olvidar que los pintores son uno de los colectivos mejor representados en nuestro nomenclátor, por eso llama la atención, cuanto menos, que una ciudad que tiene cientos de calles dedicadas a cosas intrascendentes (a la fragata y a la canoa, por ejemplo) no haya reparado en un pintor del calibre de Vidal.

Pero, ¿Qué llevó a Palomino a no incluirlo en el Parnaso pictórico español? A priori, podría parecer que Vidal no fue reconocido por su maestro debido a su bajo nivel artístico. Pero, según cuenta el erudito Orellana, esto no sería así, sino más bien al contrario. Según este, Palomino rehusó de incluirlo en su obra para no debilitar a su discipulo con el halago, en palabras del propio Orellana: «…viviendo como aún vivía Vidal, no había llegado aún el día de sus alabanzas, aunque ya las mereciera, porque el obsequio de este incienso está por lo común reservado para los difuntos». Sea como fuere, Vidal lo pagó caro.

 
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