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Sábado, 20 de Julio de 2019

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El sepulcro de Don Miguel

Juicio Final esculpido por Marco Augusto Dueñas para Miguel Castillejo /

La biblioteca de la sede de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, en la Plaza de la Magdalena de Córdoba, oculta un impactante grupo escultórico de más de 9 metros de alto y 4 de ancho que podría haberse convertido en el sepulcro de Miguel Castillejo, uno de los hombres más poderosos de la ciudad. Proyecto frustrado, pues ese edificio acabó siendo la sede de la UNED y no sede de la Fundación Miguel Castillejo, como en un principio quiso el ahora fallecido.

“Don Miguel quería hacer de este edificio un gran centro cultural”, asegura el escultor Marco Augusto Dueñas, que fue el encargado de realizar esa obra “dedicada al Juicio Final y que luce arriba dos ángeles que sostienen el escudo de Don Miguel”. Dueñas también esculpió el busto en bronce de Castillejo que desde 1999 daba la bienvenida a quienes llegaban a la sede central de Cajasur.

En conversación telefónica, Dueñas asegura que esculpió en mármol de Carrara aquel mausoleo en la ciudad de Marina de Pietrasanta, en torno a 2001, coincidiendo con otro de sus trabajos más controvertidos: la realización de más de 50 esculturas de “cordobeses ilustres” de tres metros y medio de altura, en un proyecto financiado por el constructor Rafael Gómez, Sandokán y que éste anunció que ubicaría en un gran parque de Córdoba como supuesto apoyo al proyecto de “Córdoba 2016” de haber sido elegido alcalde en su primera concurrencia a las elecciones municipales, en mayo de 2011.

Ese Juicio Final incluye más de 60 figuras talladas, tiene cuatro metros de ancho por nueve de alto y en él podemos reconocer entre otras a San Pedro, quien ostenta las llaves del cielo. Dueñas, que no quiere desvelar ni quién encargó la obra ni quien la pagó, sí sostiene que fue el propio Miguel Castillejo quien “estuvo dirigiendo todo el trabajo”. Presentado como un retablo, el escultor no quiere confirmar que este lugar fuera concebido como sepulcro, aunque tampoco lo niega.

Sí reconoce su “dolor” porque la obra esté oculta, tras los anaqueles de la biblioteca y se pregunta “¿dónde se encuentra el altar que completaba el retablo?” y que está compuesto por dos ángeles cuyos brazos retienen a dos pelícanos, “símbolo de la inmortalidad”. El altar ya no está allí y el escultor se pregunta “qué paso con él”.

Una vez finalizada la obra, en “mármol de la cantera de Miguel Ángel”, fue trasladada hasta Córdoba en camiones. “No sé quien lo pagó”, insiste Marco Augusto Dueñas.

Apenado” por la muerte de Castillejo, Dueñas evita la polémica pero no duda en afirmar que “los políticos que lo criticaron iba recomiéndole el culo a Don Miguel, lo único que hacían era pedir y pedir”. “Más vale que no contemos lo que sabemos”, concluye.

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