¿Hablamos mal los murcianos?
"Nosotros somos como somos porque nuestra historia nos ha hecho así, incluido el lenguaje, nuestra particular habla, repleta de dulzura y de fórmulas musicales"

Pepe Belmonte, catedrático de Literatura de la Universidad de Murcia. / Cadena SER

Murcia
¿Quién de todos ustedes no ha escuchado alguna vez aquello de que los murcianos hablamos mal, muy mal? La gente de esta tierra está convencida de que la nuestra es un habla rara, que no es andaluza, ni valenciana, ni castellana, sino una mezcla de todo eso, que no nos conduce a ninguna parte y que nos hace sentirnos desamparados, casi huérfanos, inferiores a todos los demás…, al menos en este asunto del parloteo.
Y nada más lejos de la realidad. A ver. ¿Quiénes se supone que hablan mejor que los murcianos? ¿Los andaluces, que confunden las eses con las zetas y el vosotros con el ustedes? ¿Los castellanos viejos, de Valladolid, León y Zamora, que nos bombardean con sus indiscriminados laísmos? ¿Los manchegos, que aspiran las eses hasta convertirlas en jotas? ¿Los madrileños, para los que la “de” final de las palabras se convierte en zeta (MADRIZZZZ) por arte de birlibirloque? ¿O los vascos que a la hora de conjugar los verbos están más confusos que un camaleón en una tienda de Desigual?
Nosotros somos como somos porque nuestra historia nos ha hecho así, incluido el lenguaje, nuestra particular habla, repleta de dulzura y de fórmulas musicales. Una manera de hablar que delata que en esta tierra, como en ninguna otra de toda España, convivieron, en amor y compaña, las tres grandes culturas: la cristiana, la judía y la árabe. Y que, unos años después, fuimos repoblados por aragoneses y catalanes, de donde nos vienen las terminaciones en “ico”, y esa afición desmedida a aporrear el tambor.
Seguimos con ese viejo y ancestral síndrome de la matrona romana, que amamanta a los hijos ajenos y retira de sus pechos a los propios. Lo cual nos honra, porque habla de nuestra generosidad sin límites.
Pero conviene, ya avanzado el siglo XXI, tirar de orgullo y pensar que vivimos como en ninguna otra parte. Y que aquí hablamos, le duela a quien le duela, como los mismísimos dioses del Olimpo. Con poco esfuerzo, comiéndonos fonemas, sílabas y palabras completas, somos capaces de comunicar un montón de sentimientos.
Pepe Belmonte.




