¡Estamos en campaña!
La Firma de Pedro Brouilhet

Palencia
No sé si se han enterado, pero hemos comenzado la campaña electoral. Esta noche los diversos candidatos han hecho la tradicional pegada de carteles. Después de 6 meses los ciudadanos tenemos que solucionar lo que nuestros políticos han sido incapaces de hacer.
El resultado parece incierto y después del 26 de junio los diferentes partidos se tendrán que sentar a la mesa para dialogar y pactar. No me gusta cómo se está polarizando la campaña.
Estos días tenemos a los candidatos pasándose por todos los medios de comunicación. Creo que es en la televisión dónde se está jugando el resultado electoral. A todas horas tenemos a los candidatos realizando entrevistas de diferente tipo. Les preguntan los niños, unas familias, periodistas... Todo lo tienen muy estudiado. Muchas entrevistas me parecen muy artificiales y sin ningún interés.
Me hace gracia escuchar algunas cosas estos días. Algunos de nuestros líderes quieren ser magos que con una varita mágica van a acabar con todos nuestros problemas o hacen desaparecer los casos de corrupción que han tenido o siguen teniendo. Y no nos olvidemos que la verdadera varita la tiene la señora Merkel. Estos días tendremos que ejercer la paciencia. Nos dirán muchas cosas imposibles de realizar, todo por ganar votos. Tampoco entiendo porque algunos candidatos reniegan ahora de su pasado.
En ocasiones me parece que la campaña electoral se confunde con un partido de fútbol. Y esta ocasión con el partido de vuelta de un partido de la Champion.
Cómo dice José Mª Rodríguez Olaizola: “El problema es que un debate político no es un partido, ni de ida ni de vuelta. No lo es. Y si lo vivimos así; si lo convertimos en una cuestión de graderíos y forofos, si confundimos un equipo con un club, si ponemos en unas siglas políticas nuestro corazón, si pensamos que lo que se juega en unas elecciones es ir a bañarse a una fuente a otra, estamos disparándonos en el pie”.
Lo que se juega, en la política, no es una cuestión de simpatías o antipatías personales.
Nos jugamos el tipo de educación que queremos. Nos jugamos políticas medioambientales; nos jugamos impuestos, trabajo, tolerancia, libertad religiosa, derechos sociales, sanidad, infraestructuras; nos jugamos la sostenibilidad del sistema de pensiones, y la manera de repartir bienes comunes; el equilibrio entre iniciativa privada y redistribución de la riqueza; el encaje entre Estado e identidades; la independencia judicial; la representatividad de la democracia; la respuesta (verdadera, no demagógica) a la corrupción, que empieza por la propia casa. Nos jugamos ser tratados como ciudadanos o como borregos.
A mí estos días de campaña, me gustaría escuchar cómo podemos construir un país mejor, donde todos podamos crecer de una manera equitativa. Y dejemos el deporte para los verdaderos protagonistas.




