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Landerer no es un oficio

Las profesiones de aluder, cadirer o aladrer, aunque ya desaparecidas, siguen estando representadas en las calles de la ciudad como un pequeño homenaje a aquella urbe gremial que rebosaba actividad comercial por todos sus barrios

Landerer no es un oficio

 A pesar de la gran criba de topónimos históricos que se realizó durante la segunda mitad del siglo XIX en Valencia, muchos de aquellos apelativos, casi el 50%, siguen rotulando las calles y plazas de Ciutat Vella. Dentro de este particular nomenclátor primario destaca por encima de otros un conjunto de calles cuyos rótulos hacen referencia a los oficios de la Valencia preindustrial. Las profesiones de aluder, cadirer o aladrer, entre otras, aunque ya desaparecidas, siguen estando representadas en las calles de la ciudad como un pequeño homenaje a aquella urbe gremial que rebosaba actividad comercial por todos sus barrios.

Dentro de este singular grupo de topónimos a veces se nos cuela por mimetismo el nombre de la calle Landerer, pensando que se trata de un oficio medieval, cuando realmente es el apellido del insigne astrónomo José Landerer. Este hecho ya lo advirtieron los responsables de estadística del Ayuntamiento de Valencia en 1914, cuando aconsejaron rotular la calle como Astrónomo Landerer para evitar confusiones, pero la propuesta cayó en saco roto. Ahora con el sucinto rótulo es difícil intuir si se trata de un desconocido personaje o de una profesión antigua, como tantas otras que jalonan la ciudad. Así de caprichoso es nuestro nomenclátor.

El astrónomo autodidacta

Lo bien cierto es que José Joaquín Landerer Climent (Valencia, 1841 – Tortosa, 1922) es uno de esos ilustres personajes valencianos cuya obra y reconocimientos contrastan con la ignorancia más absoluta que de su persona tiene la gran mayoría de ciudadanos. Y, por qué no decirlo, su calle tampoco ayuda a resolver el entuerto.

De padre suizo y madre valenciana, Landerer no estudió ninguna carrera universitaria, pero se graduó de bachiller en ciencias, doctrina en la que empezó a destacar desde muy joven. Autodidacta y con unos dotes para las matemáticas y el cálculo fuera de lo normal, pronto publicó decenas de trabajos científicos en revistas francesas especializadas.

La posición acomodada de la familia de su mujer, naturales de Tortosa, le hizo poder dedicarse en cuerpo y alma al estudio e investigación en las distintas ramas de la ciencia que abarcó. Realizó investigaciones en geología y paleontología, hizo excelentes estudios cartográficos y publicó en 1884 el primer tratado de España en mineralogía microscópica.

Sin embargo, fue en astronomía donde cosechó sus mayores logros. Fue un apasionado de la observación de planetas y la predicción de eclipses, participó activamente en los ocurridos en 1900, 1905 y 1912. Los resultados de sus observaciones y la precisión de sus resultados le granjearon numerosos elogios y distinciones, tanto en España como en Francia.

El 30 de noviembre de 1914, el Ayuntamiento de Valencia, a petición de la sociedad Lo Rat Penat, decidió dedicarle una calle a José Joaquín Landerer en homenaje a tan preclaro prohombre valenciano. La calle en cuestión fue la rotulada con el nombre de Valldigna, por estar este topónimo repetido en el portal cercano y por haber vivido Landerer cerca de allí. La propuesta recogía el nombre de Calle del Astrónomo Landerer, pero como ya sabemos, solo llegó Calle Landerer al nomenclátor callejero.

Landerer murió en Tortosa en 1922, donde legó todos sus bienes al Observatorio del Ebro que activamente había ayudado a fundar. En Valencia, donde su muerte causó una gran conmoción, poco hay que nos recuerde su gran obra. Tan solo una calle, deficientemente rotulada, que lo confunde con un viejo oficio.

Puedes leer el artículo completo en: http://valentinatopofilia.wordpress.com/

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