Un carrer de “mitja galta”
Un conjunto de nombres fue borrado del nomenclátor en aras de una ciudad más culta y avanzada; su inventiva y socarronería fueron considerados inapropiados para una sociedad moderna por los políticos e ilustrados del siglo XIX

Valencia
Como ya sabemos, el actual índice callejero de la Ciudad de Valencia es fruto del devenir de nuestra historia, marcado por las ideologías imperantes y los cambios políticos de turno. La toponimia urbana del centro histórico, la más longeva, y por tanto, la más afectada por dichos cambios, sigue albergando a pesar de ello una parte significativa de aquella toponimia histórica, sobre todo aquella relacionada con oficios, gremios y órdenes religiosas. El plano del padre Tosca de 1704, referencia de primer orden para el estudio de nuestro nomenclátor, así lo atestigua.
Sin embargo, un conjunto de nombres, sin duda el más singular y original de nuestro callejero, fue borrado del nomenclátor en aras de una ciudad más culta y avanzada. Los apodos y nombres anecdóticos puestos por el pueblo y que mejor definían la idiosincrasia de los valencianos, su inventiva y socarronería, fueron considerados inapropiados para una sociedad moderna por los políticos e ilustrados del siglo XIX. Aun así, la tradición y la costumbre, que son más fuertes que las imposiciones, han mantenido vivo algunos de estos nombres en la actualidad, como el caso del carrer de Mitjagalta, en Benimàmet, auténtico vestigio de aquella toponimia popular.
CALLES VULGARES, RIDÍCULAS Y MALSONANTES
El nombre Mitjagalta fue uno de los topónimos más usados y característicos de Valencia y sus pedanías desde el siglo XVIII. De hecho, a finales del siglo XIX encontramos calles de Mitjagalta en los poblados de Orriols, Benimàmet, Benimaclet y en la propia ciudad de Valencia. Junto a los típicos nombres de Pou, Forn, Església, etc. el de Mitjagalta era de los más extendidos. La curiosidad y el valor topográfico del topónimo radica en que hacía alusión a las calles que solo tenían casas en uno de sus lados, estando el otro ocupado por el muro de un huerto sin numeración ninguna. Una calle con solo media cara. En Valencia, el nombre de Mitjagalta fue sustituido por el de Baldoví (supuestamente el famoso escritor del Virgo de Visanteta, con calle repetida en los chalets de los periodistas), en un pequeño callizo entre San Vicente y Arzobispo Mayoral. También se perdió en el resto de ubicaciones excepto en Benimàmet, donde todavía se conserva, aunque algo desvirtuado, ya que la calle tiene ambos lados construidos.
Los apodos, otro de los grupos de nombres desaparecidos durante el siglo XIX, también constituían un conjunto especial dentro de la toponimia popular valenciana. Así, nombres como Palpacuixes, la Muda, Cagalabraga o Malcuinat, entre otros, daban a nuestro callejero un toque genuino y muy en consonancia con nuestra jocosa forma de ser. Estas calles, junto a otras como la plaza de las Moscas o el Forn de les Rates, fueron consideradas vulgares, ridículas y malsonantes, y por lo tanto, eliminadas del callejero. Desde la perspectiva actual, y ahora que está tan de moda la defensa de la herencia cultural, estos nombres formarían, sin duda, parte de nuestro patrimonio inmaterial.
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