Lunes, 26 de Septiembre de 2022

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Una víctima de acoso escolar cuenta las vejaciones que sufrió durante 7 años

"Nos han devuelto una niña con estrés postraumático y han dejado un hogar devastado". Así cuenta Mar, la historia de su hija Victoria que desde que tenía 6 años sufrió el acoso de parte de sus compañeros de clase en el Colegio Cooperativa San Saturio. Diagnosticada con trastorno por estrés postraumático y bajo tratamiento psicológico, ni el centro, ni la Consejería de Educación ni la Fiscalía pudieron ayudarla

Victoria durante la entrevista en Radio Madrid.

Victoria durante la entrevista en Radio Madrid. / Laura Gutiérrez

"Nosotros les dejamos una niña sana, éramos una familia feliz y nos han devuelto una niña con un trastorno por estres postraumático. Nos han dejado un hogar devastado". Así resume Mar estos siete años de acoso escolar. Siete años que por fin han terminado para Victoria, así se llama su hija (nombre ficticio) pero no para esta familia que todavía sigue luchando con la Administración para conseguir arrojar luz sobre años de sufrimiento.

La historia de acoso de Victoria empieza desde muy temprano. Con solo 6 años, en 1º de Primaria, es objeto de burlas y de insultos en clase. "Nos empieza a contar que se ríen de su mochila, que se ríen de su bufanda, que no la dejan compartir juegos con los demás, que la excluyen", recuerda Mar de los primeros años de su hija en el Colegio Cooperativa San Saturio. "Empieza a venir habitualmente marcada con cardenales, chichones, un muletazo en un ojo, arañazos, pero siempre nos dice que ha sido accidental". Son cuatro años en los que los padres de Victoria están perdidos. No saben la magnitud del problema que está sufriendo su hija. Hablan con la tutora pero en clase los problemas se resuelven con asambleas donde Victoria es señalada por el resto de compañeros. "Hay una carta", cuenta Mar, "que firman todos los compañeros de clase con insultos hacia mi hija: que es una pija, una chula, una creída, una mandona. Una carta que se lee en una asamblea de clase delante de mi hija".

Tienen que pasar cuatro años, hasta 5º de Primaria, para que el nuevo tutor se preocupe por lo que le pasa a Victoria. La ve triste, sola en clase y cree que el problema está en casa. En ese momento, Victoria ya no cuenta en casa lo que le pasa en el colegio. Pasan los meses hasta que explota y relata una veintena de episodios de acoso que ha venido sufriendo. "Hay burlas constantes", explica su madre, "cuando tú llegas huele a mierda, a ver si te voy a dar una hostia y se lo vas contando a tu mamaíta como siempre", son algunos de las situaciones que Victoria les cuenta. "Es cuando somos conscientes de que eso que dicen que pasa que se llama acoso escolar es lo que pasa a nuestra hija".

En ese momento cuando la familia de Victoria decide pedir ayuda a los agentes tutores de la policía municipal. Y es en ese momento, según consta en la documentación aportada por Mar, cuando el centro activa un protocolo que le lleva a negar la situación de acoso. Ni la orientadora, ni la directora, ni el tutor reconocen ante la policía las agresiones denunciadas por Victoria y su familia. Todo lo contrario, los informes del colegio hablan de una niña "con problemas en sus relaciones, que necesita determinadas cosas para sentirse bien" y de una familia inestable.

Acoso fuera de las aulas

Victoria, mientras tanto, es acosada también en reuniones fuera del centro y en redes sociales. "O me contestas o me voy a enfadar mucho y van a pasar cosas, así que me vas a contestar o sino la vamos a armar buena, vale?". Es una de las notas de voz que Victoria recibe de una supuesta agresora a través de whatsapp. En esas fechas, pasa la noche con un grupo de compañeras en un cumpleaños. Durante toda la noche, nos cuenta su madre, se han turnado para evitar que duerma. La niña recibe a su madre llorando.

En 1º de la ESO todo cambia. Victoria quiere volver a intentar encajar en el centro. Vive una etapa de placidez porque no comparte clase con el foco agresor. Sigue bajo tratamiento psicológico y según su familia cada vez los indicadores de acoso con los que llega a casa son menos. Hasta que a unos meses para que termine el curso, el centro la obliga a compartir clase de inglés con una de las supuestas acosadoras. La familia se opone. "Los psicólogos nos redactan informes insistiendo en que el tratamiento que sigue Victoria desaconseja totalmente que esté en el mismo aula", pero el centro solo encuentra una solución: que sea Victoria quien baje de nivel de inglés para evitar encontrarse en la misma clase. La Consejería de Educación explica que no se respetó esa prescripción porque no venía firmada por un médico sino por un psicólogo.

Es el punto y final. Victoria no puede más. "Nuestra hija empieza a adelgazar, a hacerse heridas, a tener jaquecas, hasta que un día se provoca el vómito, al día siguiente va a un examen y no vuelve más al centro".

La lucha de la familia con la Consejería de Educación

Han pasado 7 años. Victoria se marcha del colegio sin el respaldo del centro ni de la Consejería de Educación que en sus informes niega que exista un acoso. La Directora de Área Territorial de Madrid capital, Belén Aldea, es quien determina que no hay problema porque los padres así lo han manifestado. Es la versión oficial. En privado, la DAT comunica a los padres todo lo contrario. "Yo tengo una reunión con la pesona que lo ha elaborado en la que me dice que sí ha habido una situación intimidatoria y un conflicto en grado de acoso, pero en el informe se niega lo que me ha dicho". La familia pide el expediente pero la Administración se lo niega porque se trata de menores de edad. "Todas estas falsedades tienen base en algo, nosotros no tenemos ninguna documentación que avale esto, y si ellos la tienen queremos verla". Mar mantiene esta petición a día de hoy ante la Comunidad de Madrid.

La Fiscalía tampoco les ayuda. Archiva la denuncia penal porque se trata de menores de 14 años.

Según la versión de la Consejería de Educación que se remite solo al año 2015, el último en el que Victoria cursó estudios en el Colegio Coooperativa San Saturio, obviando los demás cursos, la Inspeción Educativa subrayó que no existían evidencias de acoso escolar por parte de sus compañera. Durante ese año, la Dirección de Área Territorial de Madrid Capital dió instrucciones al servicio de inspección para que continúe realizando un seguimiento y una supervisión sistemática de los protocolos de acoso establecidos por el colegio.

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